jueves, 22 de junio de 2023
EL JARDÍN Y LAS JUNGLAS
domingo, 11 de junio de 2023
ELOGIO DE LO EXTREMO
Ante la inminencia de las elecciones en julio, Pedro Sánchez repitió varias veces la expresión “derecha extrema y extrema derecha” como si fuera el pistoletazo de salida y leitmotiv a repetir en la campaña. Y lleva toda la razón este gran político, porque esta campaña va de extremos, no de centralidad. Quizás los asesores y expertos en comunicación le han dicho que es más efectivo lo extremo que el “mainstream” de lo moderado, que es aburrido y convencional. En la actual sociedad de la comunicación, donde la guerra cognitiva se da en los cerebros (guerra neocortical), mola más y llega antes al sistema límbico y amígdala una idea extrema y simple. Cuanto más simple, mejor. Y si despierta emoción, mejor aún. ¿Y qué suscita más emoción?, ¿lo extremo (alternativo) o lo central (convencional)? Pues lo extremo, claro, que lo convencional es más aburrido que la misa de 12 del domingo. Así que el binomio “ideas simples-emociones fuertes” se transforma en “ideas extremas-emociones extremas”.
El siguiente paso es buscar y poner sobre la mesa temas extremos. Esto varía según el punto de vista del político y su asesor de comunicación. Para Pedro Sánchez lo extremo es esa derecha extrema que pacta con la extrema derecha de Vox: sería de tontos llamarla derecha moderada. De forma recíproca, para Feijóo lo extremo sería esa “izquierda extrema” que tiene como socios a Podemos, Bildu y ERC. Con lo cual, las votaciones se van a decantar por los extremos: ¿qué es más extremo?, ¿los nostálgicos fascistillas de Vox?, ¿los radicales de Podemos que quieren demoler las “estructuras franquistas del régimen del 78”?, ¿Bildu, que quiere cancelar España?, ¿ERC, que dice “lo volveremos a hacer porque España nos oprime”? Quizás los políticos están hartos de la equidistancia de tibios, flojos y cobardes conciliadores de extremo centro. O de extremo posfranquismo.
Conste que estamos hablando de los extremos del espectro ideológico sistémico, porque si hablamos de los de fuera del sistema y antisistema, estos más que extremos serían extramuros. Aquí estarían incluidos los anticapitalistas, anarquistas rocosos, comunistas puristas, la CUP y algún votante de Bildu antisistema, porque para ellos lo extremo es el capitalismo extremo, el (neo)liberalismo extremo y la España extrema. Parafraseando a Sartre, “los extremos son los otros”, porque todos consideramos que nuestro punto de vista es el centrado, el fetén, el adecuado.
Lo extremo suele ser aquello contra lo que vota, porque España es un país donde se vota más “en contra de” que “a favor de”. Ese ir a la contra, hizo que en una campaña electoral el eslogan de un partido fuera “Donde más les duele. Vota HB”. También es un país donde se vota por miedo, que es un arma formidable. Esto lo saben los políticos y asesores de comunicación, que en sus “brainstorming, think-tanks” y mandangas de cuento y manipulación se preguntan: ¿a qué tienen los votantes más miedo?, ¿a la pobreza, al desempleo, a la desaparición de España como entidad histórica, a la agenda 2030, a la emigración, a la pérdida de la identidad cultural, a los cambios sociales o a qué? Dicho de otra forma, ¿la gente siente más miedo por las cosas del comer o por la cosa ideológica?, ¿somos pancistas o quijotescos?, ¿más teóricos ideologizados o más pragmáticos despolitizados?
Lo extremo no es necesariamente malo. Así, la literatura de lo extremo e hiperbólico nos ha dado el culteranismo de Góngora. O escritores de vida hiperbólica y extrema, como Yukio Mishima, que después de trabajar su cuerpo de forma exagerada, terminó con su vida de forma extrema y ritual. O Ernest Hemingway, cuyo alcoholismo extremo fue una muerte a cámara lenta hasta su suicidio final. O Bukowski, otro escritor alcoholizado de lenguaje extremo y agresivo que decía “si vas a intentarlo, ve hasta el final”. Y llegó al final, vaya que sí. O la historia de la música moderna, que es una historia extrema de drogas, sexo y R&R: vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver para entrar en el selecto y extremo club de los 27.
Lo extremo es parte de la vida. La historia del ser humano es una sucesión de guerras extremas y de luchas de poder extremo. Los protagonistas de la historia suelen ser personajes extremos y es difícil imaginar a Julio César, Lenin, Che Guevara, Hitler, Stalin, Reagan, Thatcher, etc. como personas moderadas y templadas. La ciencia avanza por los extremos del conocimiento al poner en tela de juicio las ideas centrales y tradicionales, muchas veces erróneas. La filosofía también avanza por los extremos al crear nuevos conceptos en el límite. Por eso en filosofía hay de todo, apología de lo moderado y de lo extremo. Aristóteles nos decía que en el punto medio está la virtud y que los extremos no son buenos, pero no sé yo si eso podría resultar aburrido para Nietzsche, autor de espíritu trágico que hablaba de ideas extremas, pulsiones, instintos, vitalismo extremo, etc. O los románticos, que elevaban los sentimientos y la emoción extrema a categoría. En Matemáticas existe el “número complejo hiperbólico”, hipérbolas y función hiperbólica. Por no hablar de la actual sociedad de consumo, en cuyos realities extremos se ven hombres hipermusculados y mujeres hipersexualizadas, lejos ambos de la normalidad y equilibrio. Claro que ante estos extremos podemos hacernos hípsteres de diseño que se van a la sierra a hacer un retiro de fin de semana en plan budismo zen prêt-à-porter o yoga para alcanzar la paz extrema. Y si no nos gusta tanta paz, podemos hacer deportes extremos para liberar adrenalina a tope: pocas cosas más extremas que jugarnos la vida.
lunes, 29 de mayo de 2023
INVASIÓN
Hace ahora cuatro años, un poco antes del inicio de la pandemia, fui agredido por un negro de mierda que me pegó un empujón que dio conmigo en el suelo con un par de costillas fracturadas. Tardaron en soldar más de treinta días y los dolores me duraron durante varios meses más. La agresión no era un acto gratuito. Supongo que bajo su punto de vista de inmigrante ilegal, la tenía bien merecida.
Y lo de la cerradura, en efecto, se convirtió poco a poco en una emergencia. No sólo no vinieron los del Patronato a repararla, sino que los okupas del barrio iban ganando terreno en la labor de arrancar la puerta por completo. A todo esto, algunos ya habían empezado a tomar posiciones dentro de la misma escalera. El rellano del segundo piso y el del tercero, justo al lado de donde vivía la momia presidencial, ya habían sido okupados por un moro y por un par de africanos respectivamente. Los africanos, además de las mantas y las latas vacías de cerveza, algunos cartones, etc., habían colocado un bidón de plástico enorme que habrían sacado de Lucifer sabe dónde, y lo estaban utilizando como taza de váter, la orina ya llegaba casi a los bordes. El yayoflauta en jefe, eso sí, no paraba de llamar a la Guardia Urbana y a los Mossos de Quadra. Pero la mayoría de las veces no le hacían ni puto caso, y cuando algunas veces se dignaban a venir, echaban a los moros y los negratas, nos pegaban la bronca a nosotros por no tener la puerta en condiciones, y los okupas volvían a tomar sus posiciones al cabo de un par de horas. Para ser tan cutres, lo hacían con una regularidad de regimiento prusiano.
Tras dos meses de deterioro constante de la situación, se presentó por fin el agente de la compañía de seguros aconchabada con el Patronato a fin de evaluar los daños. “Jo, pues sí que está jodida la puerta, sí”, dijo la eminencia nada más verla ante los tres o cuatro vecinos que fuimos a recibirle. “No vale la pena repararla; habrá que poner una nueva.” “¿Y para cuándo será eso?”, preguntó con un cierto tono de desesperación el yayoflauta en jefe. “Uuuf, pues no sabría decirle”, contestó el Einstein de las cerraduras, tornillos y puertas. “Yo lo que haré será pasarle el parte al Patronato, y ellos verán cuándo mandan a los operarios a reparar el desastre”. Y el tío se marchó dejándonos a nosotros con dos palmos de narices junto al “desastre”. El boss yayoflauta tenía más aspecto de muñeco de guiñol con los hilos cortados que nunca. Apenas tenerse en pie podía. Mientras, los demás vecinos le mirábamos acusadores. “¿Todavía piensa seguir los cauces reglamentarios, vejete?”, le pregunté yo tan borde y punzante como pude. En otros tiempos, la camarilla del yayoflauta me habría fulminao ipso facto por dirigirme al zángano rey con tamaña irreverencia. Ahora no percibía más que complicidad en el ambiente. Para salir de aquella situación tan embarazosa, el pobre diablo dijo, mientras se retorcía las manos ante nosotros: “Mañana iré de urgencia a las oficinas del Patronato”. “Pues no se olvide de pedirles otra vez que nos pinten la escalera”, le soltó implacable la brujarpía del segundo segunda.
Pero el pobre infeliz sólo consiguió que le dieran cita previa a dos meses vista.
Como es natural, los okupas no sólo estaban cada día más envalentonados, sino que su número tendía a aumentar de manera casi exponencial. A esas alturas, de la puerta apenas quedaban añicos y nos habíamos convertido, sin comerlo ni beberlo, en el auténtico refugio para okupas y desclasados de todo tipo del barrio. Menudo favor le estábamos haciendo a la alcaldesa. Ya todos los rellanos estaban okupados y era algo frecuente que los okupas llamasen a nuestras puertas para pedirnos de todo: fruta, lo que nos sobrara de comida e incluso mantas. Aunque la verdad era que de mantas iban sobrados, tanto que casi seguro que pasaban menos frío que nosotros, aunque sólo fuera por lo hacinados que estaban. Se daban calorcito los unos a los otros y, mientras, se burlaban de nosotros por lo bajinis. Además, habían organizado un modesto servicio de call-girls, vulgo putillas, y como sabían que uno de los pisos había quedado vacío mientras el Patronato le buscaba un nuevo inquilino oficial, habían convertido esa vivienda en un pequeño burdel. Pero, a veces, una de las chicas -por lo general blanca, rubia y bastante guapita-, se confundía de puerta y llamaba a uno de nuestros pisos casi en pelota picada. A mí me ocurrió eso una mañana que iba con prisas y de bastante mal humor y casi arrojo a la chavala escaleras abajo. Y es que duele confesarlo pero, como tengo casi tantos años como el zángano yayoflauta en jefe, ya es muy raro que me exciten los esparcimientos eróticos y me he vuelto muy selectivo e interesado.
Mientras, el yayoflauta iba desesperado de un teléfono para otro y de un enlace de internet al siguiente. Cuando por fin llegó el día de la cita con una de las prebostas del Patronato, la brujarpía y yo insistimos en acompañarlo en la entrevista. Más o menos sucedió lo siguiente: expusimos la catastrófica situación en que nos encontrábamos, el yayoflauta preguntó con voz meliflua cuándo la administración se dignaría a instalarnos la puerta nueva; llenamos como media docena de instancias más y la preboste -o prebosta, que no quiero que Irene se enfade- en cuestión terminó por respondernos que el asunto estaba en manos del servicio de mantenimiento y que probablemente en un par de meses todo estaría solucionado. “¿UN PAR DE MESEEEEES?????”, chilló la brujarpía de tal manera que nos miraron de todas las mesas vecinas y el segurata se acercó raudo a ver qué pasaba con la mano aposentada en la porra. “¿Y no podríamos avanzar en la colocación de la puerta nueva por nuestra cuenta?”, preguntó el yayoflauta con voz atiplada, tratando de dominar su propio pánico. “¡Huuuy, eso es muy complicado”, nos dijo la prebosta, “fíjense, primero tendrían que pedir un permiso de obras”, mientras nosotros no dábamos abasto a ver tantas pegatinas como tenía en el escritorio: “Si tu vols, pots”, decía una, “Madrid ens roba”, decía la otra, “Per Catalunya, actuar”, decía una tercera, sin olvidar esta otra: “Entre tots, ho farem tot”. Y había tantas y de tantos colores que la verdad es que ya no las recuerdo.
“¿Y eso puede tardar mucho en llegar?”, preguntó el yayoflauta con voz cada vez más de suplicante en plena penitencia. “Pues puede tardar o puede no tardar”, contestó la prebosta. “Yo de ustedes, casi que me esperaría a que en mantenimiento les pongan la puerta”.
Pese a las palabras de la prebosta, lo primero que hicimos a continuación fue empezar a tramitar el permiso de marras. Pero esperando que va y esperando que viene a una cosa y la otra, al cabo de dos meses ni nos habían puesto la puerta nueva ni había llegado el permiso. El pobre yayoflauta ya no podía ni asomarse a la escalera sin que los vecinos lo asaetearan con una docena de pares de ojos por lo menos. En un solo día recogía más miradas asesinas que un soldado ruso acribillando a un corgis en Hyde Park. Se le veía más tímido y acoquinado que nunca y, con cada uno de sus gestos, cuchicheos y meneos de cabeza, parecía estar diciendo “no es culpa mía, no es culpa mía”. Pero ahí estaba yo para recordarle con la puntualidad de un Rolex digital que sí que era culpa suya, porque era él quien había insistido en confiar en la vía de la legalidad que nos dejaba en la estacada sin el menor escrúpulo. Por fin, vencido por el odio que acuchillaba el ambiente y la evidencia de la dejadez institucional, el yayoflauta se avino a contactar con un instalador. El montador en cuestión le echó un vistazo a nuestro pobre yayoflauta y le dijo: “Por ser ustedes del barrio, les dejaré la instalación en unos 2.000 euros. Eso sí, será un trabajo complicado viendo el estado general del portal”.
Habíamos quedado para el lunes de la semana siguiente, pero el tipo no vino. Tampoco el martes. Y por fin, cuando ya habíamos contactado con un par más de sacadineros, el artista se presentó por fin y empezó su trabajo de una repajolera vez. Se tiró cuatro días enteros mientras atendía también a otros encargos junto con su ayudante, y el sablazo final ascendió a casi 2.300 euros.
Pero la autoridad que sí que había quedado muy mermada era la del yayoflauta en jefe, al que la gente consideraba principal responsable de los ocho meses de okupación que habían transcurrido entre pitos y flautas. De hecho, si los burrocratas del Patronato no le hubieran desahuciado del piso por ejecución de una obra ilegal sin los permisos pertinentes -era él quien había puesto las firmas y contactado con el montapuertas-, es muy probable que los mismos vecinos le hubiéramos apeado del machete. Así que las cosas se me ponían a huevo para coronarme como nuevo presidente de la comunidad de vecinos. Lo primero que hice como nuevo presidente -a nadie más se le ocurrió ser tan imbécil como para presentar candidatura- fue prometerle a la brujarpía que se pintaría la escalera de arriba abajo. Pero lo que hice fue mudarme al piso de la Noemi en la Meridiana, llevándome los diez mil del ala que había en la cuenta bancaria de la comunidad, porque hay que reconocerle al yayoflauta que era bobo pero honrado.
Eso sí, no me mudé tan rápido que el negro okupa no tuviese tiempo de repasarme las costillas. Fui a la comisaria a denunciarle, pero lo único que hicieron las Mossas y Mossos fue mostrarme una serie de fotos de negros que se parecían tanto los unos a los otros que no pude identificar al que me había arreado el viaje. Supe además, por la farmacéutica del barrio, que el tipo se dedicaba a enseñarles el torso desnudo a las hembras blancas que se le acercaban. Supe luego, además, que de alguna manera, el tipo desapareció a poco de empezada la pandemia. ¿Será verdad eso de que siempre son los mejores los que se van?
domingo, 14 de mayo de 2023
ESTIGMA
A veces se escribe por el placer de jugar con las palabras, en otras ocasiones se coge la pluma por algún desajuste con la vida o por un espanto que nos deja el cerebro en estado “sonado” como los golpes que reciben los boxeadores. Esta razón me acude hoy al intentar llenar esta entrada.
Os pongo en antecedentes. Hace unas semanas recibí la noticia del suicidio de una joven de mi tierra, 20 años tenía, se arrojó por un cerro junto al mar para estampar su futuro contra las rocas, padecía la enfermedad del estigma, tenía dos dientes torcidos en su mandíbula.
Aún siento la extrañeza al delinear estas últimas palabras, “dientes torcidos”, palabras que traen a mi memoria tantos cuerpos marcados de cuya existencia tenemos relato, desde las señales que dejaba el hierro candente en la piel de los esclavos de la antigua Grecia para ser identificados si trataban de buscar la libertad, hasta los tatuajes que signaban a los delincuentes, a los que no vivían de acuerdo con la moralidad de las normas establecidas o a los derrotados en las batallas, bien con el dibujo de un búho en la frente si eran atenienses los victoriosos o con un caballo si eran los de Siracusa.
El uso metafórico de la palabra “estigma” alude a la marca o atributo desacreditador de las diferencias, tanto en el aspecto físico como en el ámbito de la moralidad y de las normas sociales. La marca diferenciadora lleva directamente al estereotipo y a la exclusión, teniendo siempre al poder en el frontispicio, que es quien aviva los miedos, porque el miedo es el agua subterránea que fluye bajo todas las diferencias.
Desde la antigüedad han vivido y viven marcados: gordos, ciegos, cojos, sordos, gafotas, locos, putas, descarriadas, alucinadas, viejos, tontos, suicidas, subnormales, desviados, trastornadas, extranjeros pobres, deprimidos, moros, maricas, esquizofrénicos, drogadictos, feminazis, inmigrantes, judíos, gitanos, okupas, comunistas… Hoy se les llama “ofendiditos” desde la otra orilla, a cuantos grupos intentan ofrecer al mundo otra mirada. Los avances y el progreso social se superan con los adjetivos con tal de disfrazar las marcas y justificar los anhelos democráticos de las sociedades denominadas “avanzadas”.
Tanto los estigmas de la locura como los de la moralidad buscan la normalización, para ello se refuerzan los mecanismos de poder y de control. Así mismo, se trata también la enfermedad como una marca, separada del proceso natural de la vida, se insiste en las carencias (llamadas defectos) de las personas y se fomenta y potencia el sentimiento de culpa, como justificación de la no asunción social del problema.
Actualmente, se sigue etiquetando a esos y a otros grupos que van renovándose en el cambalache de la sociedad, se crean nuevas marcas, nuevos prejuicios que generan novedosos estereotipos creados por las modas y por los miedos. Sin embargo, aún no se aborda el origen del problema, las relaciones de poder, que son las que permiten la existencia de estos “tatuajes” a fuego.
Pero retomo el camino de mi relato inicial, con el que quiero hacer una mínima catarsis para desbloquear el estado en el que me dejó el asombro. Me asaltan las imágenes del espanto, los sueños de una muchacha estallados contra la vertiente pétrea, la plaga de sesgos que se interpusieron en el camino de una juventud recién estrenada, que solo quería agarrar la vida reteniendo su parte de inocencia, la indiferencia y la hipocresía de una sociedad culpable. ¡Hasta el silencio le devoraron!
El suicidio de una joven pasa al olvido en medio de tantos otros, existen hoy fórmulas para eliminar la memoria, ya no sirven los pensamientos ni las trinitarias que anunciaba Ofelia para mejorar el recuerdo. La joven suicida lo intuyó, de ahí su carta manuscrita para dejar constancia de que el estigma sigue vivito y coleando en pleno siglo XXI.
Y aquí aparece el nudo gordiano, el que desde hace varias semanas soy incapaz de deshacer y al que vuelvo la mirada una y otra vez para tratar de darle un significado, si no lógico al menos que me saque de este marasmo en el que me dejó la lectura de algunos comentarios en las redes y en las calles sobre el contenido de la carta, en los que se le enmendaba la plana porque acusaba a sus acosadores (de los que, sin embargo, no dio nombres), incluso se le corregían en forma de gracieta la sintaxis y la redacción pocas horas después de encontrar su cadáver. Este es el reflejo de la sociedad en la que vivimos.
Juan Carlos Onetti en un artículo dedicado a la muerte de Hemingway, llamaba cáfilas de fracasados, adictos a la envidia, a los que se abalanzaron a la prensa para atacar al muerto. En el caso que cuento no sé si él hubiese encontrado calificativos.
Si las cartas de los suicidas son el grito más sincero de cuantos gritos los seres humanos somos capaces de emitir, ¿qué hay detrás del juicio y de la sorna hacia alguien que se está despidiendo de la vida? Quizás en ese entramado que no acierto a comprender, se halle la causa de todos los estigmas, la deshumanización llevada al extremo máximo, la razón por la que tantos adolescentes hoy no son capaces ni quieren afrontar el futuro tan gélido y cruel que su intuición adivina. Les da miedo el daño duradero, la señal permanente con la que son marcados, la distinción entre el nosotros y el vosotros, siendo el vosotros minoría siempre.
No entro en capítulo de soluciones, las intuyo, pero desconozco su camino.
En muchas ocasiones hemos hablado del apoyo mutuo, que tiene lugar en las diversas especies de animales, dudo a veces si en esta sociedad enferma hasta los pequeños actos de solidaridad se habrán convertido en un estigma.
viernes, 28 de abril de 2023
TERAPIA DE GRUPO
Bueno, señoras y señores.. hoy la reunión a la que os he invitado tiene como finalidad hacer un balance de lo que ha dado de sí el proyecto en el que os invité a embarcaros hace ya tiempo para que, a modo de terapia, dierais rienda suelta a vuestros deseos, fantasías y sueños -quien así lo prefiriese- o bien a mostraros tal como sois sin los impedimentos y cortapisas que la realidad nos impone aprovechando el anonimato que nos ofrece la virtualidad de un blog... Como vuestra terapeuta, he de deciros que, aunque he puesto en práctica este tipo de terapia de grupo en otras ocasiones y en otros espacios, esta experiencia es la que me está pareciendo la más exitosa de todas..así que espero que os parezca bien que os anuncie que aumentaré un poco mis honorarios... Pensad que mi plena dedicación a este espacio me impide atender otros y mi economía se está resintiendo un poco por ello...
¿Quién quiere empezar a contar cómo ha decidido emplear esta herramienta y cómo ha incidido en su vida? ¿Empiezas tú, Purita?
Vale, empezaré yo. Bien, me he pasado la vida haciendo todo lo que los demás esperaban de mí..Fui una buena hija, honré a mi padre y a mi madre, cuidé de mis hermanos y hermanas y, cuando llegó el momento, me eché un novio, me casé y tuve dos hijos, chico y chica..como mandaban los cánones sociales y la tradición. No amé a mi marido pero le fui fiel, crie y eduqué a nuestros hijos y cumplí con mis tareas de ama de casa lo mejor que pude mientras él trabajaba duro para mantener a la familia; mis hijos ya se han emancipado y nos quedamos solos él y yo y nuestra mayor alegría es cuidar de nuestros nietos cuando vienen de visita. En fin, que llegado el ocaso de mi vida, me he dado cuenta de que lo hice todo mal, de que esa mujer que, durante todos esos años, cumplió sumisamente con su papel de esposa y madre no era yo, que nunca fui yo. En mi interior siempre me sentí como una rebelde, una inconformista, mil veces quise liarme la manta a la cabeza, dejarlo todo y salir al mundo a enfrentarme a una realidad que odiaba, a un sistema en el que no creía, unirme a otros y otras como yo, hacerme revolucionaria y blandir una pancarta y un altavoz con los que molestar a quienes nos roban la felicidad y la posibilidad de crear un mundo mejor; y lo conseguí en este foro virtual. Aquí puedo ser esa mujer y me he sentido rejuvenecer; aquí puedo dar rienda suelta a mi sueño de haber sido una intelectual con inquietudes artísticas, aquí soy poco menos que una catedrática jubilada que tuvo una juventud llena de experiencias, viajes, lecturas, luchas y una vida plena; aquí no soy Mari Puri, la del quinto derecha. Aquí soy Palas Atenea.. y me sienta tan bien!
Estupendo, gracias, Puri..¿Quién quiere seguir?
Lo haré yo. Siempre he sido un hombre poco agraciado, bajito, feo, tímido, el típico gordito gafotas de la clase a quien todos acosaban y, desde que cumplí los 40, además calvo y solitario, vamos, lo que se ha dado en llamar últimamente un incel..Ni mujeres ni hombres se han fijado nunca en mí, a ninguno le importó que fuese inteligente, culto y de agradable e ingeniosa conversación y me fui encerrando cada vez más en mí mismo hasta apenas salir de mi cuarto. Trabajo de informático para una empresa y lo hago desde casa, lo cual me permite vivir prácticamente aislado de la sociedad; pues bien, gracias a este espacio virtual y al proyecto de terapia que hemos iniciado, puedo fingir una vida en la que soy un hombre atractivo, mundano, sexualmente activo y de personalidad atrevida y rompedora; mis intervenciones causan sensación -sea esta negativa o positiva- y no dejan a nadie indiferente. Aquí puedo ser locuaz, transgresor y presumir de un cosmopolitismo un algo cínico y displicente que hace las delicias de la mayoría y despierta la envidia del resto. Mi autoestima, gracias a ello, ha salido muy bien parada y hasta empiezo a plantearme empezar a asomarme un poco al exterior para atreverme a poner en práctica la soltura y la seguridad en mí mismo que he llegado a adquirir aquí, donde no soy Manolo López, el solitario del primero cuarta, sino Adonis, el deseado.
Vale, me toca a mí ahora. Pues mi mayor frustración y lo que me ha llevado casi a renegar de todo y pegarme un tiro fue mi traumático divorcio. Sí, lo reconozco, después de años de casados, mi mujer me abandonó y se llevó con ella a nuestro único hijo, de quien tiene la custodia y al que veo durante las visitas programadas por la ley; y sí, lo reconozco también, no fui un buen marido. Mi mal carácter, mis manías, mi chulería y mi machismo hacían muy difícil la convivencia, pero podríamos haber ido a terapia de pareja o intentar solucionarlo de algún modo. Pues no, no me dio la oportunidad de cambiar y un buen día, de repente y a traición, me encontré con las maletas en la puerta y una demanda de divorcio. Desde entonces, mi odio y mi frustración hacia ella se extendió a todas las mujeres y a ese feminismo mal entendido que rompe hogares y ha llevado a miles de hombres al borde del suicidio. Bien, pues gracias a este espacio en el que puedo desahogar mi rabia, ahora soy un hombre nuevo. En el mundo virtual, soy un tipo todavía felizmente casado con mi hermosa y tolerante esposa, que no solo no se indigna con mis tonterías y chorradas, sino que la hacen reír y hasta le despiertan instintos maternales. Nuestra complicidad es absoluta. Además, puedo presumir de resultar todavía atractivo a las mujeres, admirado por los hombres y de tener una personalidad definida, segura y carismática, aunque en la realidad no virtual no me aguante ni el gato. Aquí no soy Luis, el borde al que abandonó su familia, aquí soy Ulises, al que su Penélope espera cada día suspirando por su vuelta a casa.
Muy bien, vamos bien..venga, venga..quién es el siguiente?..Josep?..Quieres continuar tú?..Qué eres en el blog y por qué representas a ese personaje..o por qué te representas a ti mismo..a tu verdadero yo, si fuese el caso?
Bueno..todos sabéis que en el blog soy una persona echada para adelante, osado, seguro de sí mismo y que no se arredra ante nada ni nadie; un tipo curtido en la lucha y experiencia política que desarrolló a través de una militancia marxista-leninista activista y beligerante en sus tiempos mozos, de la cual mantengo una impronta que me permite creer estar en condiciones de aleccionar y guiar al resto de participantes por el camino de la correcta teoría y praxis revolucionaria..Además, luzco un lenguaje rudo y directo -incluso soez, si se tercia- y unos modales perdularios que ayudan a perfilar al personaje que busco representar. Pero la realidad es bien diferente y, gracias a este espacio, puedo ser quien realmente soy por dentro..no así por fuera..porque lo que he sido toda mi vida es un vendido al sistema, un hombre que se dejó seducir por los cantos de sirena del estado de bienestar y, aprovechando los tiempos de bonanza económica, montó un próspero negocio con varios empleados a los que exprimió tanto como se lo permitía la ley y que tuvo una vida acomodada y burguesa a cuenta de explotar a otros seres humanos..Pero, a pesar de todo ello, nunca estuve del todo satisfecho, algo me impidió siempre ser feliz y tener una existencia plena, una especie de mala conciencia que nunca me permitió disfrutar plenamente de mi acomodada vida..y me he dado cuenta, aunque no sé si demasiado tarde, de que lo que me ocurría es que yo siempre había querido ser un revolucionario, un antisistema, un rebelde..por eso en este blog, a quienes más mortifico es a aquellos foreros que se parecen demasiado a lo que yo fui siempre, al empresario, al autónomo, al que defiende el sistema...soy su mayor látigo, los fustigo con mis consignas revolucionarias todo lo que puedo porque, en el fondo, a quien estoy abroncando es a mí..a lo que fui..a lo que no quise renunciar a ser..Aquí puedo ser Lenin o Stalin..no Josep, el del chalecito en Premià de Mar.
En fin, os estoy oyendo y tengo que decir que yo no utilizo el blog como vosotros..Yo soy en él el mismo que soy en realidad..De hecho, como sabéis, mi persona real es conocida por la mayoría y hasta mi nombre completo, mi profesión y mi aspecto ha sido desvelado por algún participante sin que a mí me importara demasiado porque no tengo nada que ocultar..No me he inventado el personaje que me hubiese gustado ser ni busco desplegar ese yo interior que la vida o las circunstancias me han impedido ser..aparezco tal cual soy, con mis ideas, mi forma de ver la vida y de pensar el mundo..Y si os preguntáis qué utilidad le saco a este espacio y qué terapia busco os diré que, más bien, busco agradar..porque seré sincero..no me gusto. Sé en qué creo y qué valoro de mi vida, pero no consigo salir de un círculo social y familiar en el que me veo reflejado y que se compone de individuos acomodaticios, convencionales y tan poco interesantes como yo mismo..y yo quiero resultarme interesante y resultárselo a otros..sobre todo a aquellos que viven realidades no convencionales, inconformistas y más elevadas espiritual e intelectualmente..y eso es lo que encuentro en el blog y no en mi vida cotidiana..y ante ellos me presento con mis dudas, mis incertidumbres, intentando que me vean complejo, con una talla moral e intelectual que no se deduce fácilmente de esa fachada convencional y aburrida que se ve a simple vista y que no consigo traspasar ante mis amigos y conocidos reales..Así que aquí soy el mismo Ricardo que soy en la vida real..pero un Ricardo Corazón de León y no un Ricardo corazón de melón..
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domingo, 16 de abril de 2023
EL BOCHORNO
La definición de soberanía corresponde a la de un país que es libre de tomar sus propias decisiones dentro de sus capacidades. Es decir, sería absurdo pedirle a un microestado como Liechtenstein que dispusiera de una flota naval o una fuerza aérea, y por lo tanto, sería lógico que ese microestado pidiera auxilio de sus países vecinos amigos para protegerse de una invasión extranjera.
¿Pero qué sucede cuando un estado o conjunto de estados actúan de manera deliberada por debajo de sus capacidades? ¿Cuándo ese grupo de estados delegan en una potencia exterior competencias que podrían perfectamente ser suyas, beneficiando de esta forma las industrias de esa potencia extranjera? ¿Cuáles son los motivos que llevan a los dirigentes de, por ejemplo, la Unión Europea, a renunciar al despliegue de las capacidades de los países miembros en favor de todo tipo de industrias estadounidenses?
Se diría que, por ejemplo, en el caso de la internet, esta actitud de seguir la estela americana era inevitable dado que fue en Estados Unidos donde se desarrolló esta tecnología. Si en Europa se hubiera ideado una plataforma digital paralela a Google, como ha sido el caso de China con Baidu, eso habría sido entendido como una “deslealtad” por parte del amigo americano. Pero este mismo razonamiento indica el grado de vasallaje que ha ido desarrollándose en Europa con respecto a Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y hasta qué punto los mismos europeos se consideran un apéndice del engranaje washingtoniano. Se suele decir de manera interesada que, mientras que en Europa se habla, en Estados Unidos se hace, pero la sorpresa llega cuando uno comprueba que los mismos que le reprochan al Viejo Continente su pasividad suelen ser los que menos se mueven para cambiar esta situación y conseguir una mayor autonomía europea.
Y, sin embargo, existen otros campos del conocimiento y de la industria donde Europa ha tenido durante siglos una posición de vanguardia, y en los que, sin embargo, también se ha producido esta capitulación y renuncia europeas a desarrollar las propias capacidades.
Para los expertos en epidemiología, el Covid 19 fue una sorpresa sólo relativa. De hecho, con anterioridad a la pandemia que realmente fue, la OMS y otros organismos habían realizado puntualmente pronósticos apocalípticos con respecto a otros virus, como por ejemplo el SARS o incluso el ébola, pero ninguna de estas profecías había llegado a cumplirse por completo. Estos virus potencialmente más destructivos que el Covid, habían sido frenados en su progreso por los cordones sanitarios o bien eran de más difícil transmisión, con lo cual la alarma mundial no había llegado a cristalizar por completo. Las gentes habían podido seguir con su vida normal, sin tener que someterse a una disciplina de carácter militar, en la que eran aterrorizadas, diciéndoles que sólo por rozar una barandilla en el metro o tocar el botón de un ascensor podían contraer una enfermedad mortal que las llevaría a la muerte tras atroces sufrimientos.
Y, por supuesto, allí estaba América para rescatar a la Humanidad de esa pesadilla. De inmediato, el Big Pharma estadounidense desarrolló una serie de vacunas -Pfizer, Moderna, Johnson-, que debían liquidar esa mortífera enfermedad. Mientras tanto, la damisela UE tenía que conformarse con esperar a que el soldado Ryan de turno viniera a rescatarla, eso sí, en un papel bastante más pasivo que el de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, y más al estilo de las damiselas de David W. Griffith en “El nacimiento de una nación”, para buscar referencias en el cine más rancio. Si ya es sabido que la Segunda Guerra Mundial se había ganado en el desembarco de Normandía -ya se sabe que, para la historia oficial, las batallas de Leningrado, Stalingrado, y otros desastres nazis en la Operación Barbarroja a manos de las tropas soviéticas son meras anécdotas-, ahora América rescataba a la canosa pero todavía atractiva dama europea de las garras de un enemigo invisible y más insidioso todavía.
Por supuesto, todas las demás vacunas no estadounidenses fueron ignoradas o desprestigiadas. Ni la Sputnik rusa, ni las tres vacunas cubanas y ya no digamos las chinas fueron dignas de consideración. Pero lo más sorprendente es que nadie en Europa se plantease desarrollar una vacuna propia, aunque sólo fuera para parar la sangría de divisas que fluía hacia el otro lado del Atlántico y, quizá aún más, para desarrollar la propia industria farmacológica europea. Por cierto, a ningún periódico o medio de comunicación relevante de la muy libre Unión Europea se le ocurrió ni siquiera plantear esta ociosa e irresponsable cuestión. Todos los medios generalistas del continente ya estaban demasiado ocupados promoviendo entre las masas un pánico que llegaba hasta lo irracional como para ocuparse de minucias como esta, y mucho menos de un concepto obsoleto como el de la relevancia e independencia de Europa. Es más, el intento de una empresa célebre, no americana como AstraZeneca de desarrollar una vacuna propia, fue certeramente abatido pretextando unos efectos secundarios que causaban una mortalidad presuntamente alta, incluso si esa mortalidad apenas llegaba al 1 cada cien mil. ¿Cuántos medicamentos célebres no registran una tasa de mortalidad similar o aún superior sin que nadie se plantee retirarlos del mercado? Al timón de la compra masiva de las vacunas USA se encontraba la actual presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, recientemente llevada a los tribunales por el “New York Times” por haber ocultado sus SMS con el consejero delegado de Pfizer.
Por otra parte, estos mecanismos de disolución de la entidad europea se llevan a cabo de maneras subliminales y casi infinitas, allí donde los arquitectos de la globalización en detrimento de los gobernados encuentran el menor resquicio para hacerlo. Por ejemplo, bajo la apariencia “inocente” del festival de Eurovisión donde, además de decretar como ganador al país generalmente del este de Europa de turno, se acepta como algo normal que países como Israel o Australia -nada menos- participen en el certamen. Algo así como una anticipación sugerida de la OTAN global, donde cualquier país de cualquier continente que colabore en la tarea de perpetuar el supremacismo y colonialismo occidental será bienvenido. Lo mismo en las competiciones deportivas a nivel europeo, donde la presencia de equipos israelíes, y pronto de aquellos principados árabes debidamente sumisos a los intereses de Occidente, como por ejemplo Qatar u otros, es ya un hecho asumido que no incita el menor comentario.
Con todos estos antecedentes, no podía caber duda alguna sobre cuál iba a ser el comportamiento de la UE en la cuestión ucraniana. Hechos como la expansión constante de la OTAN durante los últimos treinta años buscando cercar por completo a Rusia en todas direcciones o el bombardeo constante del Donbass por parte del ejército ucraniano en las semanas previas al 24 de febrero del 2022 son presentados como lo más normal del mundo, a la par que se blanquea sin el menor rubor a auténticos regimientos nazis como el Batallón Azov y su múltiple parentela. Grupos catalogados como de extrema derecha por las mismas instituciones occidentales hasta muy poco antes de la intervención de Rusia en Ucrania. Bajo la consigna absurda de “dejar de ser vasallos de Rusia” en el tema energético, se ha pasado a un vasallaje mucho mayor hacia el amigo americano, ese amigo que no sólo ha llevado a la ruina a muchos de sus históricos aliados -Iraq, Afganistán, Vietnam, todas las naciones de América Latina-, sino que cobra sus favores a un muy alto precio. Concretamente, el gas licuado yanqui que, en algunos casos, sobre pasa en un 400% el coste del gas natural ruso o argelino. Poco importa que por el camino numerosas empresas europeas de primer orden estén trasladando ya el grueso de su producción a los mismos Estados Unidos o a la también odiada China -o si no, a cualquier otro país- en busca de unos menores costes de producción acompañados de salarios más bajos.
En realidad, y aunque nadie puede predecir cuál será el desenlace y las extensiones de la guerra de Ucrania, el único proyecto europeo real es el del desmembramiento de Rusia. Esta Europa que ni sabe ni quiere ir más allá del neoliberalismo salvaje marcado por el famoso Tratado de Maastricht y que no es tampoco capaz de superar de manera efectiva sus barreras lingüísticas y culturales, sí que ha sabido hacer suyo el proyecto de Adolf Hitler de convertir a Rusia en algo parecido a la enorme reserva colonial que era la India para el Imperio Británico. De ahí que la clase dirigente europea no tenga el menor escrúpulo en sacrificar hasta el último ucraniano en su afán intransigente de doblegar y fraccionar a Rusia, hecho proclamado de manera casi oficial por la eurodiputada polaca y antigua ministra de asuntos exteriores de su país Anna Fatyga, quien encabeza una comisión del Parlamento Europeo al respecto. La auténtica cuestión es saber sí, en caso de que Ucrania pierda la guerra de manera definitiva, se llegará a la conclusión de que también es preciso sacrificar hasta al último europeo para alcanzar el éxito en esta moderna cruzada.
jueves, 30 de marzo de 2023
TODAVÍA NO HE ENCONTRADO LO QUE ESTOY BUSCANDO
Como dice la canción de los U2, casi todos los seres humanos buscan algo. Quizás ese algo que buscamos está en las ideologías, que nos dan respuestas. Es duro vivir sin ellas, porque nos explican la realidad y el mundo. Que una ideología explique el mundo no quiere decir que sea cierta, sino que esa explicación nos convence y nos gusta. Esto es suficiente y nos basta, porque el cerebro humano no busca la verdad, sino sobrevivir, y si para sobrevivir necesitamos mentirnos, pues adelante. Por eso la razón se supedita a la emoción y somos más emocionales que racionales, hecho bien conocido por ideólogos y comunicadores que transmiten su ideología utilizando el neuromarketing, marketing emocional y “storytelling”, en los que se trabajan las emociones y se crean historias afectivas, creíbles y consumibles. Estas historias emocionales (relatos, narrativas), pasan directamente al tálamo y amígdala sin que procese el lóbulo frontal: ir directo a las emociones y evitar que se piense mucho (primero sentimos y después pensamos). O como ir derechito al sistema límbico evitando pasar por la corteza prefrontal, no vaya a ser que nos dé por pensar de forma independiente y crítica y fastidiemos el trabajo del ideólogo de turno, que sabe que ideología y emoción van de la mano en el binomio “ideas simples-emociones fuertes”.
El filósofo francés Jean-François Revel dice que el gran enemigo del ser humano en el pasado era la ignorancia y ahora es la mentira. También dice que esa mentira es la primera fuerza que gobierna el mundo, a pesar de los avances científicos. Esto sucedería porque la ideología enturbia la verdad, los intelectuales tergiversan los hechos para adecuarlos a su ideología y los medios y gobiernos confunden a la opinión pública. Esta opinión pública dispone hoy de máxima información, pero en gran número de casos esa supuesta información es desinformación sustentada sobre la ideología de los informadores. Esta sería la razón de la vigencia de las fakes news y posverdad, porque se confunde información con opinión, lo vivido con lo pensado y la realidad con las ideas. Revel reclama algo muy simple: el regreso a los hechos. Habla de Intelectuales que construyen el mundo desde la teoría, lo que conduce a distorsionar los hechos para que coincidan con esa teoría. Es la resistencia a la información, porque la ideología proporciona impermeabilidad a dicha información mediante su ropaje ideológico.

En muchos casos la ideología no depende de la distinción de lo verdadero y lo falso, sino que es una mezcla de observaciones de hechos parciales seleccionados por necesidades de la causa, medias verdades, apriorismos, juicios de valor pasionales y manifestaciones de fanatismo y no de conocimiento. Así, el poder de la ideología sería religioso, mesiánico y redentor, estando más relacionado con profetas, gurús y salvadores que con sabios. Esto le sucede al ideólogo que se sitúa por encima del bien y de la verdad, porque él mismo es fuente de verdad y de bien. Por eso no importa que la ideología sea intolerante, contradictoria e incapaz de explicar los hechos que la contradicen y sus repetidos fracasos, por lo que estos fracasos no la inducen a la autocrítica, sino a radicalizar su aplicación. Esta radicalización puede llegar al extremo de poner la ciencia al servicio de la ideología en vez de someter la ideología al control de la ciencia. Todo sea por cumplir esa misión ideológica, que puede llegar incluso a apartarse de todo examen crítico. De ahí la impotencia de la ciencia para contrarrestar la ideología, llegándose al extremo de la utilización ideológica de la biología, psiquiatría, lingüística, etc., que no dependerían del tribunal de la exactitud, porque eso sería dar explicaciones a un cientificismo obtuso y manipulador. Este alejamiento de planteamientos científicos acerca la ideología a la consideración de religión, con su correspondiente corpus doctrinal, dogmas, liturgia, ritos y santoral laico. Y del mismo modo que hay herejías y escisiones en las religiones, las hay en las ideologías, llegándose a guerras culturales e ideológicas como ha habido guerras religiosas. Hablando de guerras, las más salvajes y furibundas son las intestinas dentro de una misma ideología, como las actuales guerras por el feminismo en la izquierda, mientras el sector derechuzo observa el espectáculo sorprendido y comiendo palomitas.
Todo lo anterior explica fenómenos como la sentimentalización e infantilización de la sociedad (pensamiento Alicia, pensamiento Walt Disney, pensamiento simple), la polarización política, la indignación sistemática de los que viven ofendidos en una sociedad de sentimientos y emociones low cost, la reescritura de obras literarias “políticamente incorrectas”, la reescritura de la historia en una neohistoria alternativa, los canceladores profesionales que etiquetan e insultan a los discrepantes y los líderes de lo políticamente correcto que nos dicen qué está bien y qué está mal.
Como ejemplo límite de ideologías, hagamos una caricatura extravagante y bizarra de dos extremos ideológicos ante un mismo hecho: España. Es grotesca y un poco salvaje, pero hoy me apetece el salvajismo de Bukowski.
Entre estas dos posturas extremas se encuentran los tibios, flojos y equidistantes que dicen “en el centro está la virtud”. Estos son los peores, los de extremo centro, esos cobardes que ni frío ni calor, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera, esos contemporizadores de los cojones que nadan y guardan la ropa. Esos de los que hablaba Machado cuando decía que “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Y Clara Campoamor, una izquierdista republicana traidora que decía que “España en la guerra civil estaba condenada a caer bajo la dictadura militar o la dictadura del proletariado”. Y Unamuno, un pichafloja que no se aclaraba cuando hablaba de “los Hunos y los Hotros”. Y Adolfo Suárez, otro chulopiscinas que hablaba de posibilismo y pragmatismo. Definitivamente, los peores son esta patulea de maricones, tibios, equidistantes y flojos, porque se creen pragmáticos y conciliadores, pero son cobardes. Entre dos tierras están, que dirían los Héroes del Silencio, pero están en Babia.









