lunes, 14 de septiembre de 2026

À NOUS LA LIBERTÉ


🜏 Aunque ninguno lo hayamos leído, todos hemos oído hablar de La cabaña del tío Tom, de Enriqueta Beecher Stowe, libro que fue prohibido en los estados del sur por considerarlo una forma de propaganda contra el sistema esclavista. En tiempos recientes también ha sido censurado o retirado de colegios de Estados Unidos (donde era una lectura habitual) por considerar que la figura del protagonista representa el estereotipo del esclavo sumiso que acepta con naturalidad, o por lo menos con serena resignación, la negra vida que le ha tocado. Hoy en día el apelativo de Tío Tom se utiliza de forma despectiva para describir a un negro (generalmente zumbón) servil con los blancos.

Vemos, pues, que un texto puede ser censurado o prohibido en determinadas circunstancias por razones bien distintas. Este afán por eliminar de la faz de la Tierra lo que no es políticamente correcto, lo que es desagradable a la vista, las opiniones ofensivas o simplemente las que no gustan, se ha incrementado en los últimos tiempos con la cada vez más numerosa presencia de los guardianes de la corrección política y moral, del wokismo y de la subnormalidad profunda. Y a tanto ha llegado que ciertos aspectos de la realidad, por banales que nos parezcan, han quedado no ya distorsionados, sino simplemente eliminados; por ejemplo, el hecho de que prácticamente en ninguna película actual aparezca gente fumando. También es raro ver en las películas de factura norteamericana personajes gordos (incluso en papeles secundarios), cuando es un país de gordos, pero esto viene de lejos.


Raymond Cordy en la película de René Clair À nous la liberté (1931). También la foto inferior

La libertad de expresión tiene sus límites, nos dicen: no se puede hacer menoscabo de su dignidad lanzando insultos o burlas a negratas, maricones, tortilleras, moros, tullidos, subnormales, viejos, etc.; sin embargo, a casi todo el mundo le parece normal la obligación de respetar los dictados de instituciones como la Iglesia en todas sus alucinadas modalidades, los demenciales discursos patrioteros y nacionalistas de los políticos de todo signo y los suplementos culturales de ABC y de El País. Porque, amigos, en la libertad de expresión, considerada como valor netamente humano, debe tener cabida cualquier clase de opinión -racista, sexista, incitadora al odio…- por execrable que nos parezca. La prohibición de opiniones que se consideran molestas lo único que consigue es ocultarlas a la vista, sin analizar las causas que las han provocado. La prohibición se limita a la represión inmediata, el método más rápido, pero el menos efectivo a la larga si se desea que esas situaciones no vuelvan a repetirse. Lo valiente, lo que de verdad sirve para combatirlas, es dejar que todas las expresiones incómodas salgan a la luz, que se confronten con la realidad para que puedan ser refutadas y desarmadas. Porque censurar en los medios de formación de masas (los mal llamados medios de comunicación) actitudes racistas o fascistas no elimina el problema, únicamente lo deja soterrado; y no solo eso, porque sus propagadores, al sentirme víctimas, reafirman sus convicciones y se hacen más fuertes. Además, una sola mutilación de la libertad de expresión abre las puertas a todas las demás, todo es cuestión de dar el primer paso para poder justificar el resto.

Por otra parte, impedir la difusión de ideas y opiniones significa dudar de la capacidad de reacción y de análisis de los posibles receptores, al tratarlos como a idiotas y condenarlos a ignorar una realidad, por desagradable que sea, con la excusa de que es por propio bien, convirtiéndolos de esa manera en seres continuamente tutelados. Apostar por la libertad de expresión sin límites es una forma de luchar contra la obediencia a cualquier forma de poder, porque desde siempre el poder ha condenado la libertad de expresión sin límites; únicamente le ha interesado una libertad de expresión parcial y acotada a sus intereses, la mínima para que sus dominados se crean libres y eviten plantearse determinadas cuestiones al juzgar que no son importantes o que están resueltas. Pero la libertad de expresión o lo es sin límite alguno o no lo es; en el segundo caso podríamos estar hablando de la suma de unas cuantas libertades en concreto, que suelen depender del interés de quien las tolera de manera magnánima.

Las ideas son ideas y los actos, actos; esta afirmación tan obvia es, extrañamente, difícil de comprender para muchos. Criminalizar las ideas que se consideran una forma de perversión o de inmoralidad, y hasta las simples opiniones de signo contrario, es una forma de barbarie que nace, no solo de la intolerancia, sino también del miedo, de la inseguridad personal y de una carencia de recursos dialécticos para combatirlas. Que alguien esté a favor de permitir que se exprese cualquier idea que pueda considerarse una verdadera aberración, no significa que la comparta o que esté a favor de que esa idea se lleve a la práctica, La ofensa verbal de una persona a otra podría ser calificada de grave, pero está ejerciendo su libertad de expresión. Sin embargo, si esa misma persona toma la decisión de asesinar a la otra, entonces es algo muy distinto, porque nadie en su sano juicio defendería la libertad de matar, como tampoco las de sojuzgar, oprimir…, aunque en la realidad sean prácticas habituales.

Son los defensores de la libertad de expresión sin límites (o los que se muestran más tolerantes con las opiniones de los demás, por muy despreciables y repugnantes que las consideren) los que en menor medida cometen actos relacionados con la negación de los derechos de los demás, mientras que los que no toleran la libertad de expresión, la censuran y la reprimen, por lo general no se conforman solo con eso, porque en demasiadas ocasiones no dudan en pasar a la acción y comportarse de forma violenta cuando se sienten obligados moralmente a poner orden en las vidas de los demás. Los negadores de la libertad de expresión usan la estrategia de criminalizar las opiniones que no son de su agrado otorgándoles una categoría incluso de delito penal con la que justificar sus acciones represoras.

† Hasta aquí este panfleto de progre moñas amante de la libertad de expresión sin límites que he escrito entre risotadas. Naturalmente, yo no estoy de acuerdo con esta mariconería flowerpower. A fascistas, comunistas y subnormales mediáticos no se les debería permitir expresarse libremente; es más, como basura que son, no se les debería permitir ni vivir.

Para mí la única libertad al alcance del ser humano es la interior, la libertad del espíritu y del pensamiento; la libertad que Dios otorga a los que creen en Él, a los que no se sienten presos de este mundo porque saben que un día descubrirán el verdadero sentido de su existencia, y eso solo sucederá cuando alcancen la vida eterna y permanezcan para siempre al lado del Señor Dios. 

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lunes, 7 de septiembre de 2026

HOY NOS VAMOS DE PUTAS

La prostitución, desde mi punto de vista, es simplemente un intercambio libre entre una profesional del sexo y un cliente que requiere sus servicios para cubrir una necesidad o darse un capricho. De forma voluntaria dejaré a un lado los casos de prostitutas obligadas a ejercer bajo amenazas y coacciones, las que son maltratadas por chulos y clientes y todas las que han llegado a ese mundo por determinadas circunstancias de la vida, sin ellas desearlo. Me interesan, pues, las prostitutas que lo son por voluntad propia, las que poseen la capacidad y los medios para dedicarse a otra ocupación y que, por la razón que sea, han elegido esta clase de actividad.

Yo nunca he solicitado los servicios de una señorita puta, aunque es cierto que acudo con cierta frecuencia a que me castiguen dominatrices profesionales, pero sin sexo por medio (sexo entendido como penetración, porque cualquier tipo de relación entre un hombre y una mujer reviste un carácter sexual).

Mi relación con el mundo sado-maso viene de lejos, desde que sentí una necesidad imperiosa de ser zaherido por mujeres. Antes lo intenté con amigas y amantes, pero la verdad es que no nos lo podíamos tomar en serio y nos sentíamos torpes y ridículos, como si estuviéramos actuando en una película de la comedia madrileña. La persona que ejerce de dominatriz ha de ser alguien sin relación personal contigo, alguien que vas a ver una vez (o varias, si lo has pasado muy bien y deseas repetir), pero a la que no te ata ningún vínculo emocional (conmigo eso no podría suceder nunca). ¿Qué me mueve a solicitar los servicios de las dominatrices? Creo que es por una cuestión de compensación; al ser yo un hombre macho y comportarme como tal, la presión y la responsabilidad a las que me veo sometido es inmensa, y de tarde en tarde me siento invadido por una extraña sensación que yo entiendo cercana a la melancolía, una sensación que de algún modo me impele a invertir los papeles en el trato que dispenso a las mujeres: pasar de ser el macho dominante empotrador a ser el humillado y ofendido por expertas en la materia.

Deseo aclarar que en este tipo de encuentros mi cuerpo no sufre violencia alguna, ya que mi nivel de tolerancia al dolor físico es muy bajo. Cualquier pequeño accidente doméstico (por ejemplo, si me golpeo accidentalmente un dedo con un martillo) es una verdadera tragedia, porque no soporto el más mínimo dolor. De no ser por esto, me encantaría, por ejemplo, que una dominatriz me clavara un tacón de aguja en el escroto, y otras lindezas parecidas, pero solo de pensarlo ya me dan mareos, de modo que he de conformarme con los insultos verbales, o que me aten al cuello una correa de perro y me paseen por la casa a cuatro patas, o que me encierren en una jaula, o lamerles los pies y el ano…; en fin, toda esa clase de inocentes juegos de discreto encanto.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. Se habla mucho de que la prostitución es denigrante, pero las críticas casi siempre vienen de personas ajenas a ese mundo (feministas, progres, puritanos, cristianitos, subnormales, etc.). Si todas las prostitutas decidieran retirarse, la profesión desaparecería, y lo mismo si se dejaran de acudir a ellas todos sus clientes. ¿Por qué esto no ocurre? Es evidente: porque tanto unas como otros obtienen beneficio del libre intercambio: pesetas por un lado y sexo (y a veces también compañía, apoyo emocional, combatir la soledad, etc.) por el otro. Nadie, y menos el Estado o los enloquecidos progres, pueden sermonear a putas y clientes sobre qué deben hacer con sus vidas, ya que se trata de un asunto privado entre particulares no regulado por las instituciones públicas.

La prostitución es como cualquier otra ocupación donde uno ofrece su fuerza de trabajo por una retribución económica, y también como una transacción comercial más. Por ejemplo, desde hace un tiempo utilizo los servicios de Amazon; yo consigo artículos que me interesan y que no se encuentran en tiendas físicas y Jeff Bezos (que Dios lo bendiga) recibe a cambio mis pesetas. Ambos nos beneficiamos del intercambio, y bastaría que yo (usando mi libertad) dejara de adquirir sus productos o que él (usando también su libertad) echara el cierre de su negocio para que nuestra cordial relación se rompiera. Sin embargo, ¿por qué desearíamos hacer eso si conservando nuestra relación ambos salimos ganando?

La prostitución posee las mismas características que cualquier trato comercial, un intercambio libre entre dos personas donde ninguna está obligada a mantenerlo; si una lo hace es por su propio interés, y ese interés favorece el interés de la otra, y lo mismo en sentido inverso. Aquí todos salen ganando y nadie pierde.

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viernes, 4 de septiembre de 2026

CUBA, LA PERLA DEL CARIBE. PARTE I: EROS

Todo lo que voy a referir a continuación es rigurosamente cierto y me sucedió en un viaje que realicé a La Habana. El lenguaje hiperbólico que utilizo solo pretende servir de distanciamiento irónico, pero de ninguna manera falsea los hechos. Existe una segunda parte que complementa a esta y que será entregada a su indebido tiempo. Se titula Cuba, la perla del Caribe. Parte II: Tánatos.

¡Y pensar que esa maravillosa isla que es Cuba tiempo ha perteneció a la España! Qué bonito si Cuba continuara siendo hoy en día no una colonia española, porque eso ya no se estila, sino una comunidad autónoma, la Comunidad Autónoma de Cuba. Fidel Castro bien podía haber sido el presidente de esa hipotética comunidad gracias a los estrechos lazos que le unían a la madre patria. Quizá por eso al fallecer trágicamente el Generalísimo Francisco Franco, Castro decretó tres días de luto oficial en Cuba. Y aunque no acudió al sepelio, seguro que compartía su admiración por el Caudillo con don Augusto Pinochet y con doña Imelda Marcos, que si le rindieron honores en persona. Fidel excusó su asistencia alegando que estaba ocupado haciendo la Revolución (la Revolución cubana nunca descansa, es un work in progress).

Yo solo he visitado tres países de Sudacalandia: Guatemala, México (en varias ocasiones, ya que es un lugar que me atrae mucho, sobre todo por ciertos temas escatológicos de mi especial interés) y Cuba; bueno, únicamente conozco la capital, que allí llaman La Habana, me imagino que será por los puros habanos, muy populares entre los lugareños, tanto que he visto en La Habana fumar puros a niños de apenas siete años, y también a niñas con trenzas.

Lo confieso: soy un sentimental robinsoncrusoeano y me chiflan las islas paradisíacas, de ahí mi reciente (y segundo) viaje a la Isla de Man. Pero, claro, no se puede comparar la capital de Man, Douglas, que es un pueblucho de mala muerte, con la majestuosidad de La Habana. Porque, amigos, La Habana es espectacular, sobre todo sus barrios más característicos: Vedado, Habana Vieja y Miramar, tan distintos entre sí. Y ojo, que el Capitolio de La Habana, levantado a principios del siglo XX e inspirado en el Capitolio de Washington (Estados Unidos), es todavía más grandioso que su modelo, y además le gana en altura, porque así lo decidió el presidente cubano de entonces (no recuerdo ahora mismo cómo se llamaba).

Viajé a la Habana en compañía de una muchachita magra, nerviosilla y saltarina que por entonces se dedicaba a turbios y procelosos asuntos comerciales hispano-cubanos. Para no ir sola, me animó a que la acompañara (con todos los gastos pagados por ella, se entiende), ya que, dado mi carácter alegre y dicharachero y mi merecida fama de empotrador, se aseguraba una sana diversión en sus ratos de ocio, una especie de descanso de la guerrera.

El caso es que yo solo disponía de tres días y medio para disfrutar del encanto de la capital cubana. El primer día (por cierto, viajar en avión me produce ansiedad, y es que siempre me viene a la mente la película Aeropuerto y sus tres secuelas: la mejor, sin duda, la original, porque se filmó antes de 1975), un empleado del hotel donde nos alojábamos se me acercó (yo iba solo) y me ofreció los servicios de una señorita. No entiendo, ¿de qué servicios y de qué señorita me está hablando?, inquirí. Una señorita nativa de compañía, me aclaró (entonces sí lo entendí, se refería a una señorita nativa puta). La verdad es que pocas veces he utilizado los servicios de meretrices, quizá por eso el ofrecimiento de aquel tipo de acento soterrado me pilló desprevenido. Imaginé que, al permanecer mi acompañante y yo en habitaciones separadas, el zangón supuso (no sé muy bien cuál era su cometido, porque tampoco se identificó como gerente, animador turístico o chulo), que no nos ataba una relación sentimental y por eso su proposición no caía en la indecencia. Le di las gracias por el detalle; sin embargo, rechacé su ofrecimiento porque le confesé que aún no me había recuperado del todo de una enfermedad venérea muy gravosa y necesitaba reposo sexual (esto era una verdad a medias).

Ese mismo día, a la hora del almuerzo, le comenté a mi partenaire, entre risotadas, el curioso acaecimiento mañanero y, para mi sorpresa, ella me dijo que le habían propuesto lo mismo, pero en su caso con un nativo macho. Pero, atención, la cosa no acabó ahí: por la tarde-noche en el hall del hotel, una pareja de ancianos, de unos sesenta años de edad por barba, trataban de comunicarse de manera infructuosa con el portero, ya que apenas hablaban español y su inglés era antediluviano (o sea, casi escocés). Yo me ofrecí a hacer de intérprete desde el alemán al español y viceversa, y les resolví el problema. Los viejales, sumamente agradecidos, me invitaron a platicar con ellos, y como yo no tenía nada mejor ni peor que hacer, acepté. Después de unos minutos de soltar tonterías, banalidades y chistes de dudoso gusto, se me ocurrió contarles lo del puterío del hotelero y, de nuevo para mi sorpresa, me confesaron que a ellos, aun sabiendo que estaban casados, también les habían ofrecido los servicios sexuales de un cubanito y una cubanita.

Yo me quedé de piedra, la verdad, y a partir de ese momento decidí investigar el alcance de aquella extravagancia. Muy pronto descubrí que todo el mundo estaba metido en el ajo (discúlpeseme por la vulgaridad de la expresión) y el tráfico sexual de cubanos y cubanas constituía una práctica habitual no solo en ese hotel, sino en todos los hoteles, pensiones y hasta en la mayoría de las viviendas e infraviviendas particulares, donde las amas de casa cubanas ofrecían la flor de su secreto a todo bicho viviente, tanto a los extranjeros como a los aborígenes, hasta a los más feos y horripilantes. Quedé espantado, la verdad, porque jamás se me habría ocurrido pensar en algo así, pero era una situación real y cotidiana, como más tarde comprobé en mis paseos por los barrios turísticos de La Habana: multitud de jovencitas -y de otras no tan jovencitas- me paraban en la calle y me ofrecían sin el menor recato sus servicios sexuales por un puñadito de dólares, tan desesperadas debían de estar por ganar algo de platica, o tan guapo mozo me vieron que no pudieron contener su ansia de yacer carnalmente con un caballero español bien macho.

Corría entonces el año 2018. Fidel Castro había pasado a mejor vida poco antes (bueno, con la estupenda vida que había llevado, difícil habría sido que pasara a mejor vida, seguramente pasó a peor vida), y se podían ver bastantes ciudadanos estadounidenses deambulando por el hotel y las calles más populares. Un día, poco después de salir del hotel, me abordó una señorita de vida galante (allí las llaman jineteras; ignoro la razón de tan curiosa denominación, porque jamás vi a ninguna montada a caballo), y al momento me ofreció sus servicios. Entonces me asaltó al magín una osada idea, le dije: te ofrezco diez veces más de lo que me pides (suelo manejar bastante dinero, la verdad sea dicha, y diez veces más de casi nada no representaba una merma apreciable de mi patrimonio) si me cuentas con todo lujo de detalles cómo es la vida alegre de este país y de su capital, y además te invito a una gaseosa, pero no deseo practicar sexo contigo por respeto a mi madre, porque es muy celosa y no le gusta la competencia. Dicho y hecho, a la chiquilla (porque era una chiquilla, amigos), se le iluminaron los ojillos, comenzó a largar y pronto se reveló como un inagotable manantial de fonemas.

Me confesó que Cuba, y en particular su capital, La Habana, era un inmenso burdel; lo había sido siempre, ya desde la etapa de dominio norteamericano, y luego, algo menos, durante la ocupación soviética, pero tras el colapso de la URSS, la economía cubana se resintió hasta extremos inimaginables al no estar ya subvencionada por los comunísticos. Las pocas cubanas que aún no se habían prostituido por un pudor mal entendido se dedicaron a zorrear como locas para no morirse de hambre; porque Cuba, acostumbrada a la paguita que le proporcionaban los soviéticos, y con la excusa del bloqueo norteamericano para procrastinar sin sentir remordimiento, no se molestó en desarrollar una economía autosuficiente, y ya ni siquiera era capaz de producir los alimentos básicos para abastecer a la población (me contaron que muchos cubanos, para engañar el hambre, se aventuraron a comer papel, trapos viejos y hasta su propio pelo).

La muchachita, cuya gracia era Domenica Niehoff (nombre supuesto), y que en verdad era bellísima, aunque bastante culona, de piernas arqueadas y mirada aviesa, me descubrió múltiples facetas de los ritos sexuales isleños dignos de ser estudiados por la loca de Margarita Mead. Un ejemplo, jamás habría podido imaginar que los ciudadanos estadounidenses que visitaban Cuba, tan puritanos ellos, llegaran a tales extremos de depravación. Me confesó que una práctica muy solicitada y que les entusiasmaba consistía en que las cubanitas y cubanitos les lamieran el ano con fruición. Me quedé casi sin palabras: ¿Tú también has hecho eso, chamaquita?, le pregunté, y ella me respondió que sí, que lo había hecho en innumerables ocasiones, y también me dijo que la mayoría de las veces los anos yanquis presentaban un estado de higiene francamente deplorable. Sentí una gran tristeza y consternación. Entonces comprendí por qué tantos cubanos habían tomado la decisión de huir de un país que solo les ofrecía miseria, falta de libertad y anos sucios para lamer; porque a día de hoy, cerca de dos millones de personas han abandonado la isla desde el año de mi visita. Ojalá Cuba alcance muy pronto la libertad y se ponga fin de una vez por todas a un régimen criminal que no respeta los derechos más elementales de sus habitantes. A Dios bendito se lo pido.

Podría contar más de mis experiencias en Cuba, y de hecho lo haré en una segunda entrega que estará dedicada casi exclusivamente a la economía, la sociedad y la cultura de La Habana (al menos lo que yo vi durante mi corta estancia), y donde daré por terminada esta breve semblanza acerca de la vida real en la Cuba real. Sin embargo, voy a ofrecer un adelanto: amigos, si apostamos por la sinceridad, nos veremos obligados a reconocer que la Cuba comunística solo ha producido tres clases de mercancías a lo largo de su historia: puros habanos, azúcar y putas, por eso es un país fallido y follado.

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lunes, 31 de agosto de 2026

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, FÁBRICA DE IDIOTAS

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la inteligencia artificial.

Si hablamos en sentido estricto, hoy en día la inteligencia artificial no existe. Una IA debería, en su fase inicial, ser capaz de interactuar con humanos comprendiendo de alguna manera sus sentimientos y emociones, y en una fase avanzada -y aquí sí podríamos hablar ya de una verdadera inteligencia artificial- ser consciente de su existencia. Estas dos etapas están muy lejos de hacerse realidad, y los que nos mostramos escépticos pensamos que la más avanzada no llegará nunca, y si llega lo hará dentro de miles de años. Lo que hay actualmente son sistemas que, gracias al uso de algoritmos -un algoritmo es una secuencia de instrucciones que persigue un fin concreto-, entregan una respuesta a un problema que se les ha planteado.

Una inteligencia artificial con capacidad para esclavizar o eliminar a los humanos es una amenaza que solo existe en la literatura, el cine y el Off-Broadway. Sin embargo, el avance es imparable y, por ejemplo, al igual que una IA puede servir para combatir virus, también es útil para crearlos; de hecho, ya se han diseñado nuevos virus con la ayuda de la IA que pueden replicarse en el laboratorio. Vamos a dejar a un lado el uso de la IA por gobiernos, grandes corporaciones, el estamento militar, etc., y a centrarnos en lo que hace el pueblo llano con esa inteligencia artificial de baratija ofrecida de forma aparentemente gratuita por los emporios tecnológicos. ¿Es un producto útil que facilita la vida a los menesterosos? ¿Una pérdida de tiempo? ¿Un modo de controlar e idiotizar aún más a la población?

Hace no mucho realicé un experimento con el ChatGPT de OpenAI. Le planteé doce preguntas relacionadas con mi actividad profesional A, de diferente complejidad, algunas cortas y sencillas y otras extensas y con numerosos vericuetos, estas últimas muy difíciles de responder por una persona que se limitara a consultar en los buscadores de internet tradicionales.

Clasifiqué los resultados en tres categorías: A, B y C. En la categoría A las respuestas mostraban cierta coherencia y, exceptuando algunos desajustes, todo parecía tener sentido: eran las preguntas más fáciles. La categoría B contenía respuestas tan disparatadas que ni siquiera un ignorante en la materia las habría tomado en consideración: eran las preguntas más difíciles. En categoría C obtuve respuestas bien estructuradas y con sentido, pero si las analizabas con detenimiento, descubrías una cantidad nada despreciable de incongruencias, algunas notables. Cuando decidí ‘dialogar’ con la IA para que justificara algunas respuestas, aquello se convirtió en un juego de locos.

Las conclusiones que extraje fueron las siguientes: la categoría A arrojaba unos resultados útiles tanto para personas que sabían de la materia como para las que no; en la categoría B los resultados eran inservibles incluso a los ojos de un zopenco; en la categoría C los resultados solo eran útiles para los que poseían la capacidad de distinguir el grano de la paja, los demás podían llegar a creer en su fiabilidad, ya que esa era la impresión que daban. Esta era la categoría peligrosa.

El problema con la IA (en realidad pseudoIA) es que la mayoría de sus usuarios creen que están tratando con algo que tiene la capacidad de saber lo que dice, cuando esto no es así; es más, en cualquier momento una IA puede comportarse de un modo demencial, entregando resultados en apariencia alucinatorios (y digo en apariencia porque las alucinaciones son percepciones humanas) sin conexión alguna con la realidad. Una IA puede facilitar y resolver algunas tareas, pero no debemos ignorar nunca que es poco más que un buscador de Internet avanzado con la capacidad de seleccionar datos, organizarlos y entregar un resultado más o menos coherente.

Ahora retrocedamos en el tiempo a 1983, época de la Guerra Fría. Un avión surcoreano invade por error el espacio aéreo de la Unión Soviética y es derribado por un caza. Mueren todos los pasajeros, cerca de 300, entre ellos varios norteamericanos. La tensión es máxima; poco después, el sistema de alerta soviético detecta cinco misiles intercontinentales procedentes de Estados Unidos que se dirigen a territorio soviético. El encargado de dar la voz de alarma, el teniente coronel Petrov, después de analizar la situación, ignora el protocolo de actuación y no informa a sus superiores -lo que quizá habría supuesto una acción inmediata de respuesta-, porque considera que es un error. Y lo era: un fallo del sistema soviético de detección, de escasa fiabilidad, como todo producto comunístico. ¿Por qué Petrov se comportó de esa manera? Era un militar que venía del mundo civil y estaba acostumbrado a pensar por sí mismo, no a obedecer órdenes ciegamente; un militar de carrera probablemente habría dado la señal de alarma de inmediato, pero él pensó que no era lógico que Estados Unidos atacara con solo cinco misiles y no con miles, porque en una guerra atómica el factor sorpresa es fundamental, se trata de aniquilar al enemigo antes de que logre reaccionar, y con esa cantidad es imposible.

¿En el caso de que por aquella época hubiera existido una IA, ¿habría actuado de inmediato al recibir el aviso procedente de un satélite o se habría tomado un tiempo de reflexión como hizo Petrov? Este es un ejemplo extremo, porque incluso en la actualidad ninguna IA controla directamente esa decisión. Una cosa es la información, otra el conocimiento y otra la sabiduría, y esta última hoy por hoy solo está al alcance del ser humano, porque la sabiduría es sobre todo experiencia, prudencia y sensatez, cualidades que poseía Petrov, pero que seguramente nunca una inteligencia artificial será capaz de emular de forma satisfactoria.

Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa confirman lo que siempre he pensado: que Huxley estaba más acertado en su distopía que Orwell en la suya. La IA es la forma más sofisticada de soma que se le ofrece hoy a la buena gente, como si no tuviera ya bastante con la televisión, el teléfono celular, Twitter, Instagram, Facebook, TikTok, blogs, etc., y además un soma muy adictivo. Incluso los que critican y ridiculizan la IA dedican una gran cantidad de tiempo a utilizarla. No sé, esto es como si alguien que está en contra de la mariconería acepta ser sodomizado para demostrar que es una aberración, pero si luego te enteras de que ha convertido esa práctica en algo habitual, podrías llegar a pensar que no le disgusta del todo ser porculeado. Lo mismo ocurre con muchos que critican el pernicioso uso de las pantallas y que lanzan su discurso de forma obsesiva desde las propias pantallas, de las que rara vez se despegan. La IA es comida basura para mentes simples e idiotizadas que consumen la información de forma instantánea, sin analizarla.

La IA tiene, además, una particularidad asociada a los algoritmos, el sesgo, que matiza las respuestas para adecuarlas a determinados intereses. Esto todo el mundo lo puede imaginar, pero casi nadie es consciente cuando utiliza la IA. El sesgo puede ser detectado por quienes poseen formación crítica -especialmente en temas relacionados con la moral, la política, la economía y los intereses de los creadores de la IA-, pero para los demás puede pasar desapercibido.

En fin, que en determinados campos la inteligencia artificial va a representar un avance, pero para el hombre común y corriente adicto a la IA, el inevitable resultado será una merma de sus capacidades intelectuales y un empobrecimiento cultural. Porque es muy fácil sucumbir a la ley del mínimo esfuerzo; ya no hará falta memorizar ni comparar ni reflexionar, la máquina lo hará todo por ti, y al final obtendrás información -muchas veces sesgada, aunque no seas consciente de ello-, pero no conocimiento ni la satisfacción de aprender mediante el esfuerzo y la dedicación. Cuando utilizas la IA la estás alimentando y haciéndola más fuerte, aunque lo hagas con talante crítico o para echar unas risas. Y qué decir de los que la utilizan como si se tratara de consultorio psicológico o sentimental, proporcionándole datos personales. La IA va a conseguir que ciertas habilidades relacionadas con la inteligencia humana se atrofien por falta de uso. Incluso antes de la popularización de la IA, ya existían señales al respecto; por ejemplo, el abandono de la escritura a mano, con la consiguiente pérdida de las capacidades de concentración, retención, ejercicio mental, etc.

Lo que a mí de verdad me preocupa no es el mal uso de la IA que les den por el culo a los subnormales que utilizan la IA, por mí como si revientan todos- sino ver cada verano a multitud de hombres de todas las edades con pantalones bermudas, sin duda el más alarmante signo de decadencia de nuestro tiempo. Y en cuanto a la IA, yo continuaré ignorando una modernez que me repugna. Nada mejor que permanecer repantingado en mi sillón de orejas, con la pipa cargada de tabaco de Virginia, saboreando una humeante taza de té y con un libro en las manos. Y qué inmenso placer detenerse en una frase que te ha llamado la atención, cerrar los ojos, meditar sobre lo que acabas de leer para luego continuar serenamente. Y al terminar de leer, incorporarte y, con andar parsimonioso, dirigirte al dormitorio, donde la golfa de turno te aguarda con las piernas abiertas, dispuesta a ser penetrada.

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lunes, 27 de julio de 2026

SERPIENTE DE VERANO

Trabajar cincuenta semanas al año como un hámster en su rueda con la patética ilusión de comprar quince días de "libertad" no es un plan de vida; es un síndrome de Estocolmo corporativo. Nos arrastramos por los pasillos de la oficina alimentando la fantasía de que un billete de avión de bajo coste y un hotel con buffet libre van a sanar el vacío existencial de una vida mediocre. Al final, el turismo de masas no es más que un impuesto voluntario a la desesperación.

El vía crucis del consumidor alienado
La comedia empieza meses antes, cuando el esclavo decide gastar los ahorros que no tiene en un destino que ni siquiera le interesa, solo porque toca.
  • Compite de forma salvaje por el mismo metro cuadrado de arena infectada de niños gritones.

  • Paga tres veces el valor real de un mojito caliente con una sonrisa de idiota.

  • Sufre la humillación de los controles de seguridad aeroportuaria como si fuera un trámite espiritual.

  • Tolera la masificación colonialista convencido de que está "descubriendo culturas".

El postureo como sustituto de la existencia 
Una vez en el supuesto paraíso, el objetivo no es descansar, sino certificar ante sus conocidos que es feliz, aunque por dentro esté muerto.
  • Convierte el paisaje en un mero decorado para su sobredosis de fotos en redes sociales.

  • Madruga de forma militar para poner la toalla, perpetuando el mismo estrés que le hizo huir.

  • Devora experiencias empaquetadas a contrarreloj para convencerse de que su dinero ha valido la pena.

  • Descubre con horror que su amargura crónica y sus problemas de pareja también tienen pasaporte.

El glorioso regreso a la plantación: 
El verdadero chiste llega con el viaje de vuelta, cuando la carroza de cenicienta se convierte en el vagón de metro de siempre y la realidad le da una bofetada en la cara.
  • Regresa con la cuenta bancaria temblando y el cuerpo destrozado por los excesos del todo incluido.

  • Experimenta una depresión posvacacional que no es más que la constatación de que odia su vida real.

  • Mira las fotos del viaje con la melancolía de un náufrago, olvidando las picaduras de mosquito y las colas.

  • Empieza a pagar a plazos las próximas vacaciones para tener otra dosis de anestesia antes de colapsar.

El horizonte definitivo: El Ministerio del Relax Obligatorio y las vacaciones cerebrales 
El futuro de esta farsa no pasa por aviones más rápidos ni por playas artificiales; pasa por la rendición absoluta del individuo ante el algoritmo de la felicidad productiva. En pocas décadas, el libre albedrío vacacional será ilegalizado por atentar contra la salud mental del trabajador y, sobre todo, contra los intereses del Estado Corporativo.
  • El chip de desconexión forzada: Hacia el año 2050, las empresas implantarán el dispositivo VacationPlus™. Al llegar el periodo estival, el chip adormecerá tu corteza frontal, borrando temporalmente tus traumas laborales y sustituyéndolos por un bucle neuronal de olas de mar y olor a crema solar. Ya no hará falta viajar; se te mantendrá en un coma inducido en cápsulas de habitabilidad dentro de la misma oficina.

  • El pasaporte de dopamina: Viajar físicamente será un lujo prohibitivo reservado a las élites que posean un "Índice de Productividad Excelente". Los ciudadanos de a pie recibirán un kit de realidad virtual financiado por su sindicato. Si los sensores de tus gafas detectan que pestañeas con aburrimiento mientras miras un Hawái digitalizado, se te penalizará el sueldo por "resistencia al descanso".

  • Algoritmos de postureo automático: Para ahorrarte la molestia de simular que te lo estás pasando bien, una Inteligencia Artificial generará fotos tuyas hiperrealistas en playas paradisíacas de Bali y las subirá a tus redes. Mientras tu avatar digital proyecta una vida envidiable y llena de plenitud, tu cuerpo real estará en el sótano de casa consumiendo pasta térmica y barritas de proteínas baratas.

  • El reinicio posvacacional de fábrica: La gran innovación será la eliminación del síndrome posvacacional mediante lobotomías químicas de retorno. El último día de tus vacaciones obligatorias, un dron del Ministerio te inyectará un suero de amnesia selectiva. Olvidarás que descansaste, olvidarás que fuiste libre y despertarás un lunes a las ocho de la mañana con el entusiasmo renovado de un androide recién salido de su caja, listo para producir otras cincuenta semanas sin rechistar.

El sistema por fin habrá perfeccionado el círculo: el esclavo perfecto que es feliz por decreto, descansa por contrato y regresa a su puesto sin recordar jamás el sabor de la verdadera libertad.

Así que ya puedes ir preparando la mente para el próximo verano corporativo. No te preocupes por el vacío existencial del regreso; para entonces, tus propios recuerdos ya no te pertenecerán.

Sonríe, ciudadano. Tu descanso ha sido programado con éxito.

«GLOBAL VACATIONS™»

Nosotros fabricamos el paraíso. Usted solo firme el contrato. 
El mañana no le pertenece; disfrute su hoy obligatorio.


M I C K D O S

jueves, 4 de junio de 2026

¡¡VIVAN LAS CADENAS 2.0!!

El fenómeno de la clase obrera votando en masa a sus propios verdugos económicos es el mayor milagro sociopolítico de la España contemporánea... Es fascinante contemplar cómo un peón de obra, un repartidor de plataforma o un camarero con contratos de veinte horas falsificadas se convierten, de camino a la urna, en ardientes defensores de los intereses de las empresas del IBEX 35... Gracias a una magistral pirueta ideológica, el humilde trabajador español ha descubierto que su verdadero enemigo no es el empresario que le paga el salario mínimo, ni el fondo buitre que le sube el alquiler un cincuenta por ciento... No, el auténtico peligro para su precaria existencia es un lenguaje inclusivo, un mantero senegalés o un parado que pide subvenciones....

La metamorfosis del currante ibérico en guardián de las esencias de la reacción merece un estudio psicológico profundo.... El ciudadano medio español, asfixiado por la inflación y con una cuenta corriente que tiritaría ante cualquier avería del coche, decide que la mejor solución para sus problemas es alinearse con aristócratas de gomina y terratenientes que jamás han pisado el metro... Es enternecedor ver con qué orgullo defienden con su voto intereses económicos que solo beneficiarán a patrimonios que ellos no verán ni en cien vidas.. Convencidos por consignas de tres palabras en redes sociales, estos nuevos cruzados de la incorrección política acuden a votar con el pecho henchido de patriotismo, asumiendo que envolverse en una bandera gigante los protegerá milagrosamente del desahucio... La magia de este proceso radica en la canalización del resentimiento... La ultraderecha ha logrado vender un producto defectuoso como si fuera el elixir de la eterna juventud, y el votante obrero lo consume con devoción...Para qué exigir una sanidad pública digna o el refuerzo de las inspecciones de trabajo si puedes indignarte porque en un colegio de Albacete se habla de diversidad de género?.. 

El truco es infalible: se le dice al explotado que es un héroe nacional perseguido por las hordas del progresismo woke... Al instante, el individuo olvida sus dolores de espalda provocados por jornadas interminables y se centra en lo verdaderamente urgente: salvar la Navidad, defender las corridas de toros y vigilar que nadie profane la sagrada unidad de la patria...

Este votante reaccionario de clase baja es un auténtico filántropo....Renuncia voluntariamente a conquistas laborales, aprueba el desmantelamiento de los servicios públicos que utiliza a diario y aplaude leyes que precarizan aún más su sector, todo con tal de ver sufrir al rival político... Es la política del ojo por ojo llevada al absurdo: "Me va mal, pero al menos el Gobierno no va a contentar a los nacionalistas periféricos".... 

La capacidad de resistencia de este colectivo es encomiable... soportan carros y carretas en su vida laboral con una sumisión monacal, pero se transforman en fieros guerreros listos para la batalla cultural si ven un cartel publicitario que no se ajusta a los cánones tradicionales del siglo pasado...

El aparato de propaganda que sostiene esta deriva es digno de aplauso por su efectividad... Se ha convencido a personas que apenas llegan a fin de mes de que forman parte de una "mayoría silenciosa" perseguida por una dictadura progre invisible.... Así, el mileurista acude a las urnas creyendo que realiza un acto de rebeldía antisistema... cuando en realidad está consolidando el sistema más rancio y restrictivo posible...Es una disonancia cognitiva perfecta: se autodefinen como mentes despiertas que no se dejan engañar por los medios oficiales, mientras repiten textualmente los mismos bulos de tres líneas fabricados en despachos de consultorías políticas y difundidos por canales de mensajería instantánea....La estética de esta deriva sociopolítica también deja estampas memorables....Es habitual presenciar manifestaciones donde se mezclan abrigos de visón y banderas con aguilucho junto a trabajadores con ropa de faena, unidos todos en un tierno abrazo interclasista que desaparece en cuanto se apagan las cámaras y llega la hora de pagar las nóminas...El obrero reaccionario se siente integrado en una comunidad superior, aceptado temporalmente por una élite que, en privado, se mofa de su acento y de su falta de linaje, pero que en campaña electoral no duda en ponerse una gorra y pisar un bar de barrio para simular campechanía...

Resulta enternecedor el pánico inducido que guía el voto de estos ciudadanos...Se les asusta con ocupaciones masivas e inmediatas de sus viviendas (aunque vivan de alquiler), con invasiones migratorias que les quitarán unos puestos de trabajo que nadie más quiere aceptar, y con la destrucción inminente de sus valores culturales y sus tradiciones... El obrero, aterrorizado ante la idea de perder el control sobre unas miserias que apenas posee, entrega su confianza a partidos cuyo programa económico real se resume en privatizar hasta el aire....El día después de las elecciones, cuando descubra que las listas de espera del hospital son más largas y las becas de sus hijos han desaparecido, buscará culpables en cualquier minoría desfavorecida antes de admitir que la papeleta que introdujo en la urna llevaba su propia sentencia...

La deriva reaccionaria española no es un accidente; es el triunfo del entretenimiento sobre el análisis y de la víscera sobre el bolsillo...El votante trabajador de ultraderecha es la encarnación perfecta del siervo alegre: aquel que no solo acepta sus cadenas, sino que exige que se las pulan y critica al vecino que intenta romper las suyas... Es un espectáculo digno de contemplar, una comedia negra donde el público aplaude con entusiasmo mientras el escenario se desmorona sobre sus cabezas... convencidos de que el humo que los asfixia es, en realidad, el aroma de la verdadera libertad....

La raíz profunda de este tierno idilio entre el obrero precarizado y la ultraderecha no se encuentra solo en el miedo, sino en un terreno mucho más fértil y descuidado: una soberbia e imperturbable falta de cultura...y no me refiero a la simple ausencia de títulos universitarios —que, a menudo. solo sirven para engrosar las listas del paro con licenciados frustrados—, sino a un analfabetismo funcional y político cultivado con esmero durante décadas...Este votante es el producto perfecto de un ecosistema donde leer un libro se considera una pedantería y contrastar una información es un gasto inútil de energía...Para qué molestarse en comprender la compleja separación de poderes o el funcionamiento de la inflación cuando es muchísimo más cómodo y gratificante consumir píldoras de odio de quince segundos en una pantalla....La incultura de este colectivo opera como un escudo protector que los mantiene a salvo de cualquier brote de pensamiento crítico...Al carecer de los marcos históricos más elementales, son incapaces de asociar los discursos actuales con los fantasmas del pasado europeo.. asumiendo con asombroso candor que las consignas que escuchan son ideas frescas, rebeldes e innovadoras...Para el trabajador que se enorgullece de su propio desinterés por la historia, el fascismo es solo un insulto que los "progres" lanzan a cualquiera que no piense como ellos, y no un sistema real que históricamente trituró los derechos laborales que hoy da por garantizados...Esta orfandad intelectual los convierte en marionetas ideales para los estrategas de la reacción, quienes saben que un pueblo que no sabe de dónde viene es infinitamente más fácil de pastorear hacia donde a la élite le conviene...Resulta verdaderamente fascinante ver cómo la ignorancia se ha democratizado y, peor aún, se ha convertido en un motivo de orgullo... El obrero reaccionario exhibe su desprecio por los expertos, los científicos y los datos macroeconómicos con una altanería desarmante, oponiendo a cualquier argumento sólido un imbatible "a mí nadie me va a explicar cómo funciona el mundo"... Esta soberbia intelectual, nacida paradójicamente de la más absoluta inanición cultural, le permite equiparar el cuñadismo de barra de bar con el análisis geopolítico... Se produce así un cortocircuito perfecto: como el trabajador no entiende los mecanismos económicos que lo empobrecen, abraza con entusiasmo explicaciones mágicas y conspiranoicas que reducen los problemas del capitalismo global a las supuestas maquinaciones de una élite satánica o a los planes secretos de una agenda internacional...Esta alarmante indigencia cultural transforma las campañas electorales en un festival del absurdo donde el rigor científico es el primer elemento en ser sacrificado...El votante modesto, incapaz de distinguir un bulo burdo de una noticia contrastada, se convierte en una esponja de narrativas apocalípticas...Es el triunfo definitivo de la posverdad sobre el diccionario... 

Al final, la deriva reaccionaria de la clase trabajadora española no es más que el síntoma inevitable de un cuerpo social que ha sustituido las bibliotecas por los canales de desinformación masiva.. demostrando que no hay nada más peligroso para la democracia que un ciudadano que vota con las vísceras porque ha olvidado por completo cómo utilizar la cabeza.

𝕸𝖆𝖑𝖊𝖋𝖎𝖈𝖆𝖊

miércoles, 29 de abril de 2026

Soberanismo vs. Globalismo: la vuelta de tuerca de la Historia

Esta entrada es “fascista”. Lo digo así, sin anestesia y por derecho, para evitar malos entendidos y disgustos. Lo es porque intentaré explicar por qué hay ciudadanos que votan a partidos fascistas. Como “al fascismo no se le discute, se le combate”, ¿combatimos a estos millones de malos votantes o intentamos entenderles? (para vencer al enemigo hay que conocerlo). Dado que el pueblo vota mal, “¿no sería más sencillo que el Gobierno disolviera al pueblo y eligiera a otro”, como decía Bertolt Brecht en su poema “La solución”?

En un mundo de colectivos infantilizados y vulnerables a la propaganda emocional, guerra cognitiva, infoxicación saturante y ruido informativo abrumador, es difícil saber qué poderes toman las últimas decisiones. Bajo el análisis marxista diríamos que las toman las clases dominantes. Bajo un análisis político general diríamos que las élites políticas siguiendo un eje derecha-izquierda. Bajo un punto de vista economicista serían las grandes empresas tecnológicas (Big Tech), farmacéuticas (Big Farm), fondos de inversión, empresas del Complejo Militar-Industrial, Banca, magnates, etc. Pero, ¿siguen siendo válidos los ejes derecha/izquierda y clase dominante/clase dominada para explicar el poder en el mundo actual?, ¿son estos los ejes que definen la historia hoy? No lo sé, pero lo que sí sé es que hay un nuevo eje que está redefiniendo el orden mundial: el eje soberanismo/globalismo, algo así como la identidad nacional frente al globalismo homogeneizador y uniformizador de países y culturas. Sería una lucha entre un “romanticismo” exaltador de la historia y la nación y el “racionalismo” y la modernidad de un mundo globalizado, entre un pasado de mitos y el presente del logos.

Esta división ha desplazado en muchos contextos al tradicional eje izquierda-derecha, centrando el debate en el control de las decisiones nacionales frente a la influencia de instituciones internacionales. En esta pugna entre soberanistas y globalistas, los primeros defienden la nación, el control fronterizo y los valores tradicionales, mientras que los segundos defienden a los organismos supranacionales y la gobernanza multilateral (ONU, UE, Foro de Davos, FMI). Los primeros defienden el tradicionalismo, la identidad nacional y las raíces culturales; los segundos la diversidad multicultural, la interdependencia económica, la integración europea y las agendas globales (agenda 2030). Estos globalistas defienden los movimientos migratorios porque el mercado no conoce de fronteras estatales ni culturales. Para ellos estos emigrantes serían “el ejército industrial de reserva” de Marx, trabajadores precarizados o subempleados necesarios para el capitalismo porque presionan a la baja los salarios y son una mano de obra barata y disponible. La consecuencia sería un enfrentamiento entre los obreros nativos y los obreros inmigrantes, ese ejército industrial de reserva.

Estos partidos soberanistas, identitarios o derecha alternativa (alt-right) serían neofascistas, racistas y xenófobos porque son antiinmigración y no quieren diluir las identidades nacionales en una multiculturalidad global. Pero no todos los partidos antiinmigración son neofascistas de derechas, como el partido izquierdista alemán BSW de Sahra Wagenknecht, que aboga por políticas migratorias restrictivas. También la socialdemocracia de Suecia, Noruega y Dinamarca, teóricamente globalista, ha adoptado políticas antiinmigración.

¿Y qué pasa con USA respecto a este nuevo eje? Tradicionalmente, USA ha sido globalista porque desde su posición hegemónica mundial vendía sus mercancías e ideas en una mezcla de poder blando y poder duro: economía, política y poder militar. Como esta hegemonía desapareció por el ascenso de potencias emergentes (China), ha adoptado políticas soberanistas identitarias. Trump sería la plasmación de este soberanismo identitario con su “América primero”, una reacción ante la amenaza a dicha hegemonía. Para ello se ha apoyado en el descontento de una clase obrera precarizada por la desindustrialización y deslocalización empresarial. Esa clase obrera americana, los perdedores de la globalización (white trash), ha buscado refugio en la identidad, la religión y las tradiciones del “American Way of Life”, ese sueño americano ahora centrifugado en “la pesadilla americana”. Trump también se ha apoyado en las empresas tecnológicas, así que hay una extraña conjunción entre obreros precarizados y tecnoligarcas poderosos, una especie de “tecnocapitalismo con apoyo obrero”. Si a esto le sumamos el narcisismo de Trump, su psicopatía, sadismo, infantilismo y falta de empatía, tenemos una conjunción planetaria chunga, un cóctel Molotov “Made in USA” con un Trump tóxico.

¿Son también soberanistas Xi Jinping y Putin? Parece que sí, porque China sigue su propia agenda basada en la defensa de su soberanía nacional y el desarrollo de un modelo propio, distanciándose de la influencia occidental. Esta proyección de China como gran potencia soberana no acepta injerencias externas y consolida el “socialismo con características chinas”, una curiosa mezcla entre “comunismo de mercado” y tradiciones milenarias. De forma análoga, Putin también sería soberanista porque defiende la soberanía rusa. Esto explica las guerras de Rusia para defender su espacio paneslavo rusófono y la guerra de Ucrania, entendibles tras una OTAN  ampliada que amenaza a Moscú.

Así que tenemos un mundo multipolar de líderes soberanistas (Trump, Xi Jinping, Putin) y una Europa plagada de partidos soberanistas. Curiosamente, no hay una identidad occidental única, sino subidentidades occidentales, a veces enfrentadas por intereses contrapuestos (con Trump todo es posible). Es como si el choque de civilizaciones de Huntington hubiera devenido en choque de soberanismos, como si la identidad prevaleciera sobre la economía, como si el internacionalismo obrero hubiera mutado a un internacionalismo globalista. Por cierto, en el nacionalismo de Euskadi y Cataluña también habría soberanismo y, de hecho, en el 1-O y el Procés lo importante era la soberanía nacional catalana, no la clase social: obreros y burgueses iban de la mano en su soberanismo identitario catalán.

Una razón antropológica del soberanismo sería que los pueblos tienen memoria social y grupal, un poso y sedimento cultural de tradiciones, usos y costumbres (inconsciente colectivo junguiano).  Esta pulsión identitaria sería una reacción ante el poder mundial de las grandes empresas mundiales transnacionales que actúan al margen de culturas y son la plutocracia mundial (el dinero que manejan es superior al PIB de muchos estados). Pretenden recuperar su identidad tribal en los estados nación, su Arcadia idílica, y piensan que las decisiones se deben tomar en cada país, no en centros del poder global como Bruselas, Davos, Washington o la ONU, desde donde nos dicen como vivir y que estilo de vida adoptar (agenda 2030).

En el siglo XX el marxismo e internacionalismo obrero pretendieron superar los nacionalismos estatales con la identidad de clase, pero no se pudo porque el Mono sapiens necesita raíces, una historia, un grupo del que formar parte y al que pertenecer, un pasado al que se sienta ligado y del que sea prolongación. El ser humano busca certezas y seguridades y en el mundo actual, inseguro e incierto, los estados y naciones proporcionan esas certezas, también las religiones y culturas. Quizás sea que la identidad cultural y nacional pesa más que la identidad de clase. Por eso el socialista francés Jean Jaurès fracasó en su llamada a los obreros de los países enfrentados en la I GM para que no lucharan entre sí. Quizás por eso los votantes de Le Pen sean los obreros que antiguamente votaban a la izquierda y al PCF: es extraño pasar del voto obrero a la izquierda al voto a la ultraderecha, pero así es.

“El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”, decía Faulkner; ahora lo dicen los identitarios de ese pasado a los que les preocupa más el sentido de nación que el sentido de clase. 

Un Tipo Razonable