miércoles, 29 de abril de 2026

Soberanismo vs. Globalismo: La vuelta de tuerca de la Historia

Esta entrada es “fascista”. Lo digo así, sin anestesia y por derecho, para evitar malos entendidos y disgustos. Lo es porque intentaré explicar por qué hay ciudadanos que votan a partidos fascistas. Como “al fascismo no se le discute, se le combate”, ¿combatimos a estos millones de malos votantes o intentamos entenderles? (para vencer al enemigo hay que conocerlo). Dado que el pueblo vota mal, “¿no sería más sencillo que el Gobierno disolviera al pueblo y eligiera a otro”, como decía Bertolt Brecht en su poema “La solución”?

En un mundo de colectivos infantilizados y vulnerables a la propaganda emocional, guerra cognitiva, infoxicación saturante y ruido informativo abrumador, es difícil saber qué poderes toman las últimas decisiones. Bajo el análisis marxista diríamos que las toman las clases dominantes. Bajo un análisis político general diríamos que las élites políticas siguiendo un eje derecha-izquierda. Bajo un punto de vista economicista serían las grandes empresas tecnológicas (Big Tech), farmacéuticas (Big Farm), fondos de inversión, empresas del Complejo Militar-Industrial, Banca, magnates, etc. Pero, ¿siguen siendo válidos los ejes derecha/izquierda y clase dominante/clase dominada para explicar el poder en el mundo actual?, ¿son estos los ejes que definen la historia hoy? No lo sé, pero lo que sí sé es que hay un nuevo eje que está redefiniendo el orden mundial: el eje soberanismo/globalismo, algo así como la identidad nacional frente al globalismo homogeneizador y uniformizador de países y culturas. Sería una lucha entre un “romanticismo” exaltador de la historia y la nación y el “racionalismo” y la modernidad de un mundo globalizado, entre un pasado de mitos y el presente del logos.

Esta división ha desplazado en muchos contextos al tradicional eje izquierda-derecha, centrando el debate en el control de las decisiones nacionales frente a la influencia de instituciones internacionales. En esta pugna entre soberanistas y globalistas, los primeros defienden la nación, el control fronterizo y los valores tradicionales, mientras que los segundos defienden a los organismos supranacionales y la gobernanza multilateral (ONU, UE, Foro de Davos, FMI). Los primeros defienden el tradicionalismo, la identidad nacional y las raíces culturales; los segundos la diversidad multicultural, la interdependencia económica, la integración europea y las agendas globales (agenda 2030). Estos globalistas defienden los movimientos migratorios porque el mercado no conoce de fronteras estatales ni culturales. Para ellos estos emigrantes serían “el ejército industrial de reserva” de Marx, trabajadores precarizados o subempleados necesarios para el capitalismo porque presionan a la baja los salarios y son una mano de obra barata y disponible, la consecuencia sería un enfrentamiento entre los obreros nativos y los obreros inmigrantes, ese ejército industrial de reserva.

Estos partidos soberanistas, identitarios o derecha alternativa (alt-right) serían neofascistas, racistas y xenófobos porque son antiinmigración y no quieren diluir las identidades nacionales en una multiculturalidad global. Pero no todos los partidos antiinmigración son neofascistas de derechas, como el partido izquierdista alemán BSW de Sahra Wagenknecht, que aboga por políticas migratorias restrictivas. También la socialdemocracia de Suecia, Noruega y Dinamarca, teóricamente globalista, ha adoptado políticas antiinmigración.

¿Y qué pasa con USA respecto a este nuevo eje? Tradicionalmente, USA ha sido globalista porque desde su posición hegemónica mundial vendía sus mercancías e ideas en una mezcla de poder blando y poder duro: economía, política y poder militar. Como esta hegemonía desapareció por el ascenso de potencias emergentes (China), ha adoptado políticas soberanistas identitarias. Trump sería la plasmación de este soberanismo identitario con su “América primero”, una reacción ante la amenaza a dicha hegemonía. Para ello se ha apoyado en el descontento de una clase obrera precarizada por la desindustrialización y deslocalización empresarial. Esa clase obrera americana, los perdedores de la globalización (white trash), ha buscado refugio en la identidad, la religión y las tradiciones del “American Way of Life”, ese sueño americano ahora centrifugado en “la pesadilla americana”. Trump también se ha apoyado en las empresas tecnológicas, así que hay una extraña conjunción entre obreros precarizados y tecnoligarcas poderosos, una especie de “tecnocapitalismo con apoyo obrero”. Si a esto le sumamos el narcisismo de Trump, su psicopatía, sadismo, infantilismo y falta de empatía, tenemos una conjunción planetaria chunga, un cóctel Molotov “Made in USA” con un Trump tóxico.

¿Son también soberanistas Xi Jinping y Putin? Parece que sí, porque China sigue su propia agenda basada en la defensa de su soberanía nacional y el desarrollo de un modelo propio, distanciándose de la influencia occidental. Esta proyección de China como gran potencia soberana no acepta injerencias externas y consolida el “socialismo con características chinas”, una curiosa mezcla entre “comunismo de mercado” y tradiciones milenarias. De forma análoga, Putin también sería soberanista porque defiende la soberanía rusa. Esto explica las guerras de Rusia para defender su espacio paneslavo rusófono y la guerra de Ucrania, entendibles tras una OTAN  ampliada que amenaza a Moscú.

Así que tenemos un mundo multipolar de líderes soberanistas (Trump, Xi Jinping, Putin) y una Europa plagada de partidos soberanistas. Curiosamente, no hay una identidad occidental única, sino subidentidades occidentales, a veces enfrentadas por intereses contrapuestos (con Trump todo es posible). Es como si el choque de civilizaciones de Huntington hubiera devenido en choque de soberanismos, como si la identidad prevaleciera sobre la economía, como si el internacionalismo obrero hubiera mutado a un internacionalismo globalista. Por cierto, en el nacionalismo de Euskadi y Cataluña también habría soberanismo y, de hecho, en el 1-O y el Procés lo importante era la soberanía nacional catalana, no la clase social: obreros y burgueses iban de la mano en su soberanismo identitario catalán.

Una razón antropológica del soberanismo sería que los pueblos tienen memoria social y grupal, un poso y sedimento cultural de tradiciones, usos y costumbres (inconsciente colectivo junguiano).  Esta pulsión identitaria sería una reacción ante el poder mundial de las grandes empresas mundiales transnacionales que actúan al margen de culturas y son la plutocracia mundial (el dinero que manejan es superior al PIB de muchos estados). Pretenden recuperar su identidad tribal en los estados nación, su Arcadia idílica, y piensan que las decisiones se deben tomar en cada país, no en centros del poder global como Bruselas, Davos, Washington o la ONU, desde donde nos dicen como vivir y que estilo de vida adoptar (agenda 2030).

En el siglo XX el marxismo e internacionalismo obrero pretendieron superar los nacionalismos estatales con la identidad de clase, pero no se pudo porque el Mono sapiens necesita raíces, una historia, un grupo del que formar parte y al que pertenecer, un pasado al que se sienta ligado y del que sea prolongación. El ser humano busca certezas y seguridades y en el mundo actual, inseguro e incierto, los estados y naciones proporcionan esas certezas, también las religiones y culturas. Quizás sea que la identidad cultural y nacional pesa más que la identidad de clase. Por eso el socialista francés Jean Jaurès fracasó en su llamada a los obreros de los países enfrentados en la I GM para que no lucharan entre sí. Quizás por eso los votantes de Le Pen sean los obreros que antiguamente votaban a la izquierda y al PCF: es extraño pasar del voto obrero a la izquierda al voto a la ultraderecha, pero así es.

“El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”, decía Faulkner; ahora lo dicen los identitarios de ese pasado a los que les preocupa más el sentido de nación que el sentido de clase. 

Un Tipo Razonable





martes, 24 de febrero de 2026

LA SANGRE Y LA ESTUPIDEZ

Lo apunté hace unas semanas y lo repito: como ferviente defensor del sionismo y profundo admirador del pueblo que históricamente se identifica como judío, estoy muy decepcionado con los dirigentes políticos y militares de Israel; que no hayan sabido, podido, o lo que es peor, querido, encontrar otro medio de torcer la voluntad y la estrategia de Hamás, que a estas alturas se hace evidente que perseguía llegar al punto en el que hemos desembocado.

Israel estaba obligado a responder con violencia inusitada tras los ataques del 7 de octubre, sin duda. Pero violencia inteligente y bien dirigida, no siguiendo la “hoja de ruta” de operaciones a las que las ratas yihadistas los estaban invitando: masacrar inocentes escudos humanos adosados, con frecuencia de manera literal, a los legítimos objetivos armados, a esos milicianos que es como si no existieran, invisibles poco menos: ¿algún medio ha mostrado a uno de ellos reventado?, ¿en el recuento de víctimas se especifica el número de barbudos despedazados? Por supuesto que no, la guerra propagandística y sus cositas. Parece mentira, qué pardillos los Netanyahu y compañía. Qué estúpidos gañanes.

Por ejemplo, se podía secuestrar para torturarlos y asesinarlos a máximos y medianos dirigentes de Hamás, y a su gente cercana y querida; y a los enviados que Teherán tiene repartidos por la región azuzando y dando directrices, usando una supuesta causa que desde hace tiempo ningún musulmán se cree, para sus propios intereses y cálculos geoestratégicos.

Cálculos en la “mejor tradición” de Jordania y Egipto cuando en 1948 decidieron no echar toda la carne en el asador, que ya habría otra ocasión de guerrear y los palestinos expulsados de sus casas se jodieran en sus campamentos de refugiados, durante décadas contándoles la milonga que enseguida podrán regresar a sus hogares. Que solo un ratito más. Anda a tomar por culo, fariseos, tal para cual con Netanyahu.

Anda que no debe haber objetivos de sobra para eliminar, de manera quirúrgica, o con métodos sucios —un clásico del Mossad y del Shin Bet que casi nunca falló, y que no sé a qué están ahora— para amedrentar hasta hacérselo encima al más valiente cuando se trata de sacrificar a las “ovejas” Lo han hecho durante estos meses en momentos puntuales, pero no sé por qué no se ha insistido en esa vía; por qué no se ha abusado de eso o algo similar, puestos a abusar de segar vidas, mutilar cuerpos e infligir dolor insoportable. Que paguen los malvados, y paguen una cuenta abultada. Así de sencillo. Y de paso, ponerlos en el foco de quienes se llenan la boca defendiendo al pueblo palestino sin decir ni mu de Hamás, como si esto fuera una pelea entre generales sionistas contra solo niños y mujeres.

En definitiva, golpear duro y sin piedad donde más duele a quien de verdad manda en la Franja, porque obviamente a Hamás —y ya no digamos a los ayatollahs persas— no le duelen nada los civiles gazatíes asesinados por las FDI, ni estos gazatíes tienen voz ni voto en intervenir para detener la ola de cinismos, miseria, y muerte que está cayendo sobre sus cabezas. Nunca tuvieron opciones, ni siquiera de escapar, ahora menos.

Unas FDI cuyos integrantes, reservistas o profesionales, se están manchando las manos y la conciencia de una sangre que no tenía por qué verterse y que en el futuro repercutirá sobre la salud mental de bastantes de ellos. Vaya deshonra para un cuerpo que siempre combatió contra un enemigo igual o superior; agresivo y audaz, brutal y sin miramientos porque entendían que la situación lo requería. Pero con un mínimo de dignidad, si es que alguna guerra la tiene. Lo de ahora... nada que ver. Qué vergüenza, 80 años de Historia más o menos honorable mancillados en 2 años. Por no hablar de la memoria del Holocausto. O del levantamiento del Gueto de Varsovia. O del bravo y honesto sionista Yitzhak Rabin, héroe en la hora de la guerra y héroe en la hora de la paz, que estará revolviéndose en su tumba.

Muy decepcionado, sí. Y el papelón será cuando Netanyahu y su equipo sean sentenciados como criminales de guerra por la comunidad internacional, posiblemente con Washington a la cabeza... y los asesinos integristas partiéndose el culo de la risa. Hasta el más obtuso ve que ese es el vergonzoso escenario que se avecina, si el fanatismo no lo cegara. Menos mal que la sociedad israelí reaccionará sabiamente en algún momento, como siempre ha hecho, y parece que algunos ya están empezando: Netanyahu criminal de guerra, y Hamás, también. Esperemos que sean muchos más. ■

M I C K D O S

lunes, 8 de diciembre de 2025

MADE IN COCAINE

"Desde el conflicto de las supuestas lanchas narcotraficantes, el consumo de cocaína ha aumentado en algunos lugares de los EE. UU. un 150%".

En los años 80, Ronald Reagan inauguró una nueva era en los Estados Unidos. Una época en la que el "sueño americano" se podría cumplir más fácilmente.
Por ese mismo tiempo, Pablo Escobar pasaba del contrabando de tabaco a un nuevo producto con mucho éxito. La Cocaína. Carlos Lehder, conocedor del pueblo americano, convenció a Pablo de exportarlo en grandes cantidades a los EE. UU. En poco tiempo, la demanda aumentaba hasta convertirse en un problema económico que las autoridades estadounidenses anunciaron como "un problema de salud pública".
A los Estados Unidos les importa más bien poco la salud de sus ciudadanos: lo que realmente les duele son los dólares que se les escapan de su control. Por eso, los EE. UU. declararon la guerra al narco. La guerra de la DEA con los cárteles latinos ha sido una constante hasta que cayeron Pablo Escobar y el Chapo Guzmán.
¿Quién maneja hoy el cotarro de la coca?

Muy pocos creen que EE. UU. esté bombardeando supuestas narcolanchas en Venezuela para acabar con el narcotráfico. En todo caso, sería para controlarlo. Y sin duda, por su petróleo: Drill, baby, drill.

Y todo esto mientras las drogas legales siguen cotizando en bolsa con total tranquilidad. Porque una cosa es la cocaína del barrio y otra la que viene con receta de médico privado. Ahí ya no se llama "adicción", se llama "tratamiento". La diferencia entre un yonqui y un paciente es la tarjeta de crédito y el apellido. Michael Jackson, Matthew Perry...

Así que, después de estudiar minuciosamente —durante el tiempo que dura la lectura de esta entrada con su vídeo incluido, unos 8 minutos— a la sociedad americana, puedo afirmar con rotundidad que está gravemente enferma.
Mi "remedio" para ellos es un "supositorio".
Pero no de esos que se meten por el "jai": como están majaretas, el "supositorio" será mental y en forma de suposición, para que reflexionen… y no cojan otro vicio.

Supongamos... que Trump gana la guerra contra el narcotráfico y limpia las calles de sus great cities y little towns, infestadas de zombis fentanílicos, con su "Make America Great Again".
Supongamos que salva al gringuerío de las adicciones y los pasa de ser adictos a ser dependientes.

Porque los gringos son expertos en adicciones. No para tratarlas, sino para cultivarlas.

Son adictos a los 600 gramos de glucosa diaria, a las conspiraciones, a la religión, a las hamburguesas con doble tocino y queso de cartón, a las invasiones, a los donuts, a las armas que se compran en cualquier esquina, al café, al crack, a generar miedos, al juego.

Son adictos a los cupones de descuento, a convertir los traumas en startups, a disparar alumnos en las escuelas, al fentanilo, al petróleo, al LSD, a los opioides, al sexo, al alcohol, al Viagra y a las armas de destrucción masiva.
Adictos a los toppings para helados, a las ejecuciones extrajudiciales en lanchas, a las malteadas, a la marihuana y a los Black Friday.
Adictos a convertir las adicciones en industria.
Son adictos a crear amigos que después vuelven enemigos.

Son adictos a la cocaína, que aspiran mientras hacen yoga, deporte, negocios en la bolsa de valores, estudian, trabajan, conducen, viajan o bombardean países.

Consumen cuando van a fiestas, hacen cine, organizan más fiestas, en bodas, entierros e incluso cuando compran elecciones en otros países.
Consumen cocaína por productividad y velocidad porque, para ellos, time is money.
Aspiran mientras lavan dólares en bancos y buscan su paz interior, no para hacer el amor, sino la guerra.



Pero volvamos al "supositorio":
Trump gana la guerra del narco y acaba con todos los cárteles.
¿Con todos, todos? La cuestión es si también con los de su propio ejército.

Si lo consigue, la Casa Blanca dejará de llamarse Blanca y se convertirá en la Casa Trump o la Casa Naranja.
Los gringos, por fin, ganarán una guerra.
Los generales, senadores y congresistas gringo-narcos no volverán a recibir maletines llenos de dólares en yates ni a celebrar con champán.
Las armas tendrán que asumir el esfuerzo de financiar las campañas electorales ellas solas.

Cuando Trump celebre el triunfo contra el narcotráfico, empezará otro problema.
¿Qué será de los casinos? ¿Quién querrá ir a Las Vegas?
La palabra "lavado" quedaría en extinción: sería un verbo utilizado solo por amas de casa y colaboradoras del hogar, si es que todavía existen.

Colapsará la economía de mercado por falta de motivación blanca.
Los bróker de Wall Street no van a gritar ni a lanzar papeles: solo van a mirar el reloj y decir: "Ya son las tres… tengo sueño".
Les parecerá una eternidad hacerse millonarios en tres minutos.

Los mercados caerán a sus proporciones reales.
Los reguetoneros, raperos, rockeros, metaleros, punkeros y demás "eros" entrarán en depresión creativa.
En Hollywood actores y productores descubrirán lo que es dormir ocho horas seguidas.
Las entregas de guiones bajarán un 90%.
Miami entera entrará en estado de emergencia.
Los DJ y las radios colocarán playlists de música consciente y autoayuda.
"Saturday Night Live" pasará a llamarse "Saturday Morning Live".

Solo Netflix se salvará con series de narcos que volverán a ser un éxito: emitirán películas y documentales sobre la oscura era de la abstinencia, como antes lo hacían de la época de la Ley Seca.

Si Trump gana la guerra contra los narcos, los banqueros de todo el mundo solo recibirán transferencias de empresarios que pagan impuestos y aranceles.
Y empezarán a preguntar a los depositantes: "Sorry, ¿de dónde salieron los maletines con los dólares?".
Se va a normalizar la frase: "Lo sentimos, señor, ya no recibimos plata de narco; ahora solo aceptamos dólares limpios, legales y con comprobante fiscal".
Si Trump vence, se revelaría el secreto bancario, y eso…

Ante el anuncio de Trump de que Colombia y Venezuela son una guarida de mafiosos donde consigues cocaína en cualquier esquina, millones de estadounidenses verán estos países como su mejor destino turístico.
Las autoridades bolivarianas enjaularán a los yonquis gringos como si fueran guatemaltecos y los devolverán a Yankilandia encadenados por no haber llegado al país a trabajar.

La persecución de la migración mexicana contra gringos en abstinencia, será histórica.
Los millonarios descubrirán el verbo aburrirse y aprenderán a decir "hola, güey" en español.
Habrá protestas masivas para pedir que derriben el muro con México y permitan el tránsito libre de gringos por Sudamérica.

Estados Unidos lanzará un grito de protesta en Naciones Unidas a favor del "libre desarrollo de la personalidad" y una amenaza de bomba nuclear si no abren las fronteras suramericanas.

Seguramente habrá otra guerra de Secesión: esta vez, los habitantes de ciudades con nombres hispanos —San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Santa Fe— se declararán mexicanos, salvadoreños, peruanos o colombianos.

Ahora bien, Si Trump gana la guerra contra el narco, pero baja en popularidad, Estados Unidos producirá sus propias drogas y así controlará toda la cadena de producción, tratamiento, comercialización, distribución... y luego clínicas de desintoxicación y tratamiento con pastillas.


Drogas orgánicas de diferentes olores, sabores y colores, 100% americanas que comercializarán con Coca-Cola, por supuesto, pero también McDonald's y otras marcas donde ya no se identificarán los gramos de azúcar que contiene, sino de coca.
Y jugando de nuevo con la doble moral y la hipocresía de la sociedad americana, Trump con su sonrisa de 36 dientes anunciará: "Estados Unidos ha vuelto. América es grande otra vez".

Al final, uno entiende que "el sueño americano" donde todos aspiran… 
a llegar más alto, está construido sobre una base del que se lo quita. 
Está "hecho en cocaína".

C L Y D E





sábado, 8 de noviembre de 2025

ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO

Panoja, guita, cuartos, riqueza, pasta, plata, billete, botín, cuentas, monedas, efectivo, euros, parné… dinero.
Lo que separa el tengo del no tengo.

> Más de la mitad de los españoles tiene más deudas en sus tarjetas de crédito que ahorros.
> El 25 % no tiene ahorros en absoluto.
> El 11 % de los trabajadores está en riesgo de pobreza.
> Seis millones de personas sufren pobreza o exclusión.

¿Eso qué significa? ¿Que la clase media se está evaporando?
Quizás. Pero más allá de las cifras, lo que se deshace es algo más profundo: la confianza en que el trabajo garantiza estabilidad.
Que más que prosperar, se sobrevive.

¿Pero qué es el dinero?
El dinero no es facha ni progre; no distingue entre mérito y trampa, entre esfuerzo y privilegio.
No sabe quién lo sudó, quién lo heredó o quién lo robó.
Solo circula, se acumula, se esconde y se pierde.
No promete nada: solo mide, registra y compara.

Hay muchas formas de ver el dinero.
¿Es solo una unidad de valor pactada para el intercambio de bienes y servicios?
Dos euros por un litro de leche. Cien euros por cambiar un grifo.
¿O es algo más intangible: seguridad, felicidad, paz mental?

Hoy quiero verlo desde otra perspectiva: 
■ El dinero como dispositivo de medición

El dinero mide decisiones, no solo transacciones.
Mide el tiempo que regalamos, los sueños que postergamos, los límites que estamos dispuestos a cruzar.
La dura realidad es que la cantidad de dinero que acumulamos no depende del presidente del Gobierno, ni de burbujas que estallan, ni de empresaurios insufribles.
Depende de nuestra relación con el esfuerzo, con la renuncia, con la culpa… y con la suerte.

El dinero mide qué valor damos al descanso, a la familia, al orgullo, a la comodidad.
Mide hasta qué punto creemos que el sacrificio es una virtud y la pobreza, un fracaso.
Es el termómetro invisible de nuestra moral colectiva.

La sociedad y los medios nos dicen qué es ser un buen padre, una buena madre, un ciudadano productivo.
Y uno debe decidir: ¿me pierdo el partido, la obra, el concierto de mi hijo porque prefiero trabajar para invertir en su futuro?
Y cuando tomamos esa decisión, una y otra vez, el dinero está allí, como testigo y como juez.

Pero si el dinero mide nuestras decisiones, también mide nuestras sombras.
¿Cuánto vale nuestra integridad cuando el alquiler vence mañana?
¿A qué renunciamos cuando el miedo al vacío pesa más que el deseo de libertad?

Algunos venden tiempo, otros venden talento, otros venden silencio.
Y todos, de un modo u otro, ponemos precio a algo que creíamos sagrado.

Pienso en el autónomo con tres empleados, con cuatro familias que dependen de que un permiso administrativo llegue a tiempo.
El proyecto está listo, el trabajo firmado, las nóminas pendientes.
Pero el papel no se mueve. Y no se mueve porque alguien te sugiere que “una ayuda” podría agilizar el proceso.
No es una amenaza: es una oferta rutinaria.

Entonces te enfrentas a una elección que ningún manual de ética resuelve:
¿contribuir con la corrupción y salvar cuatro familias, o mantenerte limpio y cerrar la empresa?

El dinero no te da la respuesta: solo mide cuánto te duele cualquiera de las dos.

Nos persuade de que todo tiene valor porque todo tiene precio.
Y en esa lógica exacta y cruel se disuelven los matices.

Trabajamos por dinero, competimos por dinero, sufrimos por dinero, y luego decimos que el dinero no importa.
Claro que importa: es la unidad de medida de nuestro miedo.
Refleja no lo que somos, sino lo que estamos dispuestos a ser por sobrevivir, por destacar, por no quedarnos atrás.
Mide cuánto tememos al fracaso, al hambre, a la insignificancia.

Pintura barroca de David Teniers, el Joven (alrededor de 1648)

El dinero no destruye la moral: la revela.
Es la medida de lo que seríamos capaces de hacer cuando no tenemos nada… y, más inquietante aún, de lo que seríamos capaces cuando lo tenemos todo.
Y es ahí donde el dinero deja de ser un número en una cuenta y se convierte en un espejo de nuestras decisiones, de nuestras renuncias y de nuestros límites.
Revela la elasticidad de nuestra ética, esa frontera que se estira con cada apuro y se encoge con cada oportunidad.
Y ahí entran las pequeñas y las grandes trampas, esas que todos justificamos con la misma frase: “es que todo el mundo lo hace”.

El currela fontanero que hace descuento sin factura, el empresario que declara lo justo para no “asfixiarse”, el alto cargo que pasa de la silla pública a la privada con contrato de agradecimiento.
Nos mide cuando aceptamos un sueldo miserable porque “hay que aguantar”, cuando callamos ante la injusticia para no perder el trabajo, cuando disfrazamos la ambición de prudencia.

Tal vez el verdadero poder del dinero no esté en comprar cosas, sino en moldear la forma en que pensamos el tiempo, el valor y el futuro.
Nos empuja a medir la vida en costes y recompensas, como si no existiera otra forma de interpretar lo real.
Y mientras creemos que lo usamos, es él quien establece cuánto valen nuestras horas, nuestras lealtades y nuestros límites.

Porque el dinero no solo responde a la pregunta “¿cuánto tienes?”, sino a otra mucho más comprometida: ¿cuánto de ti dejaste en el camino para poder decir que tienes algo?

Y quizá el error ha sido pensar el dinero como un objeto externo, algo que está “fuera” de nosotros.
El dinero es, en realidad, una prolongación de lo humano: de nuestros miedos, aspiraciones y jerarquías invisibles. Lo que ordena el sentido de lo posible.

Porque el dinero no decide: condiciona.
No obliga: inclina.
No manda: seduce.
No ensucia: delata.
No nos corrompe: nos mide.

C L Y D E

lunes, 6 de octubre de 2025

COMO EN EL BAR, EN NINGÚN SITIO

Podemos considerar el bar como templo y chispa de la vida. Es el lugar al que se entra, al que se baja o al que se va, porque es allí donde se cultiva el encuentro con quienes nos acompañan. Uno nunca se mete “en cualquier sitio”; solos o acompañados, elegimos aquel establecimiento que más se nos parece, pues hay lugares donde jamás nos sentaríamos.

En todo caso, es un lugar a medio camino entre la calle y el hogar. Elegimos nuestro espacio habitual para hacer de él un refugio, un lugar donde resguardarnos de la intemperie de la calle y, no pocas veces, de ese hogar que no acabó siendo lo que prometía.

Tras el coronavirus, la reapertura de estos locales fue una de las más esperadas. ¿Por qué esta impaciencia que rozaba la ansiedad? La respuesta es que el bar es mucho más que un simple establecimiento para consumir bebidas.
Aunque la definición técnica se limite a describir un espacio con mesas, barra y servicio profesional (junto a sus parientes: taberna, tasca, pub, café, cervecería, etc.), su verdadera esencia radica en el servicio invisible que ofrece: un microclima diseñado para fomentar un tipo particular de interacción humana.

Se pueden considerar varias modalidades según la tipología de la relación que establecemos con ellos y en ellos:

Es lugar de paso (al que se "entra"): Actúan como áreas de servicio, permitiendo al viandante hacer una pausa, "repostar" y restaurarse. Son espacios transitorios donde los desconocidos pueden dejar de serlo en cualquier momento.

También de proximidad (al que se "baja"): Son los locales del barrio y de los vecinos, íntimamente ligados a la vida cotidiana local. Sus clientes habituales se conocen, al menos de vista. Son los "de toda la vida" donde muchos de ellos son regentados por familias de origen chino, últimos garantes de la perduración de esa tradición.

Y de afinidad (a los que se "va"): Estos son verdaderos puntos de reunión elegidos recurrentemente para coincidir con amistades o gente afín. Funcionan como auténticas sedes sociales, convocando un perfil de consumidor que comparte gustos, aficiones o ideas (estudiantiles, temáticos, hípsters, de "diseño", de guiris, etc.). Son cruciales para la formación de identidad de grupo.

Como categoría adicional, tal y como se explica en este enlace, podríamos hablar del bar de pueblo: El cierre del último local en un pueblo es el certificado de defunción de ese pueblo. Ese espacio es un centro social donde se come, se organiza, se juega a las cartas o al dominó y se bebe en compañía. Es, a la vez, una oficina de colocación, una estafeta de correos, una consulta de psicología, un remedio contra la soledad o un artificio heterogéneo que combate la despoblación. Por todo ello, debería ser financiado como cualquier centro social o sanitario si corre peligro de desaparición este último latido del campo tal como lo conocemos.
Es interesante notar que ciertas etiquetas, como "bares de copas" o "bares de ambiente", implican pleonasmos, pues en todo establecimiento se pueden tomar copas y todos son de alterne en el sentido amplio de alternar con otras personas (incluso con el camarero), y todos tienen un ambiente propio.

El bar, en su naturaleza, es incompatible con la soledad genuina. Nadie bebe solo porque, aunque lo parezca, bebe pensando en alguna cosa o bebe con alguien que no está.

Si lo consideramos como templo de la identidad compartida, la mesa y la barra son escenarios de una actividad social fundamental, pues no existe una forma de identidad compartida que no necesite de este "templo". No en vano, a los asiduos se les llamaba parroquianos.

En cada encuentro se dirimen cuestiones de posible gran calado. Las personas están constantemente negociando, pactando, conspirando o haciendo planes, ya sean los términos de una empresa, un amor o una amistad. Es un lugar de encuentros premeditados, donde se renuevan los lazos.

Es también una escenografía para los sentimientos. El local es el espacio donde se ríe y se charla, pero también donde se ven semblantes serios o incluso se llora con discreción. Se bebe por alegría o por tristeza, pero siempre en compañía, aunque el acompañante sea alguien que no está presente. Es el telón de fondo para amores a primera vista, disgustos, reconciliaciones y despedidas definitivas.

Cabiendo en él toda la vida social, también hay lugar para el conflicto, incluso para la violencia. De hecho, existe un tipo de enfrentamiento físico clásico que lo tiene como escenario natural: la “pelea de bar”. Se coincide en él con seres queridos, pero también con desconocidos que irrumpen en nuestra vida, a veces para desvanecerse y otras para quedarse para siempre.

La trascendencia de estos espacios va más allá de lo personal, toca la vida de las naciones y su historia. Desde el inicio de golpes de Estado como el putsch de Múnich en la gran cervecería Bürgerbräukeller, o la Operación Galaxia con Tejero, hasta algunos de los grandes acontecimientos futuros; muchos procesos históricos se han ideado, preparado, o se planearán, entorno a una de sus mesas.
Por todo esto, se echaron tanto de menos durante el confinamiento. La sociabilidad del bar nace de la necesidad elemental de salir de casa para encontrarse. El lugar provee el escenario, el líquido amniótico con cualidades sensibles (decoración, luz, olor, sonidos...) que le confieren un sabor singular y material, que nos obliga a volver porque algo o alguien nos espera.

Finalmente, la cantidad de establecimientos en un lugar es un indicador directo de su vitalidad social. En las calles y barrios de sociabilidad intensa, donde hay vida hecha de encuentros, hay más. La ausencia en ciertos complejos urbanos o urbanizaciones indica una carencia de vida social o, sencillamente, una carencia de vida a secas. Por ello, el hecho de que nuestro país esté perdiendo locales es una preocupación que va más allá de la economía.

Los videojuegos y las redes sociales están transformando y, en muchos casos, sustituyendo la forma de socialización que tradicionalmente ofrecía el bar, pero no necesariamente la están eliminando por completo.

Los bares son un espacio de socialización espontánea, física y multisensorial, consecuencia del acto de salir de casa, mientras que la interacción digital en línea ofrece una socialización mediada, controlada, asincrónica y a distancia. El problema surge cuando la conveniencia y el diseño adictivo de las plataformas digitales priorizan la interacción individualista, restando tiempo y valor al encuentro presencial.

El bar opera bajo una lógica de encuentro no programado y forzada coexistencia y una socialización multisensorial al involucrar todos los sentidos: el ruido de fondo, el decorado, el olor a café, cerveza o tapas, el contacto visual, las características de la barra. Esta riqueza sensorial crea una memoria más profunda y una conexión más auténtica que una videollamada o un chat.

Supone una interacción inclusiva y espontánea al obligar a las personas a coincidir con desconocidos (el camarero, el parroquiano de al lado, el viandante). Es un espacio de democracia social donde se dan las interacciones fugaces pero esenciales para el tejido comunitario.

Puede actuar como territorio neutral al ser el tercer lugar donde las jerarquías de casa y trabajo se suspenden, facilitando la negociación emocional y el pacto en un entorno público pero íntimo.

Los medios digitales ofrecen formas de conexión, pero bajo parámetros fundamentalmente distintos que pueden fomentar el individualismo al privatizar el espacio social.

Si bien los videojuegos en línea crean nuevas comunidades, muchos juegos de consumo masivo se experimentan en solitario. Aunque se interactúe en línea, la experiencia física es de aislamiento, sustituyendo el tiempo que antes se dedicaba al encuentro físico.

Las redes sociales ofrecen la ilusión de la conexión constante, pero la interacción suele ser superficial y asincrónica. La comunicación se da a través de filtros y avatares, eliminando el riesgo, la riqueza del lenguaje corporal y la mirada directa que son vitales.

En el bar, es factible interactuar con el entorno tal como se es; en las redes, se puede silenciar o bloquear todo lo que cause fricción, eliminando la necesaria tensión social que moldea las relaciones humanas y refleja la realidad.

No es el bar o la taberna el último reducto de nada o de nadie en particular, es otro de los reductos y templos de la vida.

R E S I L I E N T

sábado, 30 de agosto de 2025

LAS PENSIONES Y LAS VISIONES

Esta me la vi de venir, como diría aquel.

¿No les pasa que si no lo visualizan no se cumple?

Ejemplo: Año 99, nos íbamos en Semana Santa a Mazarrón toda la cuadrilla con los churumbeles de tiendas de campaña… cosas de treintañeros… y yo no me veía en Murcia… era incapaz de visibilizarlo…

 “Algo va a pasar” le dije a esta…

 Vete ya pallá, hombre… me respondía cuando los días anteriores se lo comentaba.

 Que no me veo yo en el puto Mazarrón.

Total, que con el coche ya cargado, el niño se pone con 40 de fiebre… pal hospital… meningitis… a tomar polkulo Mazarrón.

Y lo que veo se cumple todito todo… como que la Ayuso le va a sacar al cabezón del López trescientos escaños.

Siempre sé lo que va a pasar, es rarísimo que falle… mú rarísimo.

Año del Señor de 1984 (Como la novela de Orwell), el futuro distópico que retrató el güeno de George, se está cumpliendo pero 40 años después.

A lo que iba, que me despisto… año 84, aunque puede ser que fuera en el 85, no se…partido de fútbol entre el glorioso Kalero (mi equipo) contra los idiotas de Galdakao (el Umore Ona), antes de bajar al campo a disputar el derby comarcal, todo el equipo pasamos por el ayuntamiento de Basauri, allí, en la primera planta y clavados en un corcho que cubría la pared de arriba abajo se exponían las listas con los resultados del sorteo pa la mili.

 Me he librao!!, chilló Parrón, aguerrido defensa central, capaz el solo de defender un acuartelamiento.

 Yo también!.. Yo también!!... Y Yo!!!

Hasta que me tocó a mí buscarme en las listas… -“EXCEDENTE DE CUPO”.

A tomar polkulo, nos habíamos librao el 90%, tan solo tres pobres chavales fueron incorporados a filas, éramos los nacidos en el 67 y 68 y debíamos ser legión… millones… una cifra incalculable de cabezones aparecimos durante dichos años, todos nos libramos por lo mismo, por exceso de cupo.

No me alegré especialmente, ya sabía que no iba yo a hacer la mili… simplemente no me veía… y si no me veía era porque no iba a suceder, en cambio, supe instantáneamente que no iba a cobrar la pensión en caso de llegar a la edad reglamentaria.

Lo primero que pensé… Buah chaval!, ya verás tu el día que nos jubilemos todos, nos tendrán que pagar con paquetes de tabaco.

Así que según me hicieron fijo, año 92, nos casamos y abrimos un Plan de Pensiones… EPSV que se llama en el País Vasco. Para estas cosas es conveniente casarte con una gallega, que les hablas de ahorrar y se les iluminan los ojillos.

Las críticas siempre que sale el tema son curiosas.. menudo timo, al final te quitan un dineral, no compensa… ya, pero el día que me jubile (si llego), me va a dar un poco igual la pensión que me quede, creo que sentiende.

Mucho tiempo se lleva avisando, por un lado, la quiebra del sistema por insostenible… y por otro lado, la imposibilidad de meter mano ahí porque son millones de votos y algo harán los gobiernos.

Personalmente me correspondería la pensión más alta, pero siempre he tenido claro que llegado el momento cobraremos los que llevemos cotizados 45 años lo mismo que cobren los de la RGI que no han cotizado en su vida… mil pavos, por decir algo… Al tiempo.


Esta cosa se acelera en los últimos meses, el ir mentalizando a la población digo… las noticias van encaminadas a eso… casi todos estos titulares son de España y de Uskadi este verano.

■  Las pensiones vascas rozan los 950 millones en agosto, un 5,4% más que hace un año

■ Tres cuartas partes del gasto total del territorio vizcaíno se van en pensiones para los 390.000 jubilados

■  Hay un jubilado más cada siete minutos

■  El gasto en pensiones sube un 6,2% en agosto, hasta la cifra récord de 13.621 millones de euros

■  Sin relevo para garantizar las pensiones: Euskadi no logra alcanzar los dos cotizantes por jubilado a pesar del récord de empleo

■  El gasto en pensiones se dispara un 47% en siete años por las subidas con el IPC

La incorporación de los jóvenes al mercado laboral solo cubrirá un tercio de las jubilaciones en la próxima década.

Y ya el remate es este:

■  Los jubilados cobran de pensión un 60% más de lo cotizado y acaparan el gasto público.

Si esto no es ir preparando el cadalso que venga dios y lo vea…. Los va a haber que las van a pasar mú putas… todos aquellos que no hayan podido o no hayan querido irse haciendo un colchón por si las moscas.

Ahora el tema está en que si pudieran quitaban las herencias a los que las tuviesen pa repartirlas entre los menesterosos… que no hay derecho a que los jóvenes que hereden piso y cuartos tengan un futuro mucho más halagüeño que aquellos que no cuenten con nada de parte sus padres…. ¿se estará gestando alguna especie de revolución social?, ¿o no estamos pa revoluciones?

También puede ser que me equivoque, que llegue el año 32 y las pensiones no solo continúen como actualmente, sino que se vayan revalorizando con el IPC o puede ser también que suelten otro virus mataviejos y sacabó el problema… de todas formas, la pelirroja me ha prohibido de jubilarme…

 ¿Pa lo que haces te vas a jubilar?... amos hombre, si estás mejor que en brazos… me suele decir de broma, pero totalmente en serio… si la conoceré yo.

¿Es este un tema que les quite el sueño o se la pela?... ¿han sido previsores?.. ¿confían el que el Estado responda siempre?... en fin!


CONCLUSIÓN

Necesitamos jente a punta pala… los voxeros están subiendo alimentando el despropósito de que no hay pa los jubilados y si hay pa mantener a millones de inmigrantes… y acabarán ganando…

¿Por qué?... porque no hay cojones pa coger al toro por los cuernos… hay cientos de inmigrantes que son chungos, y hay millones que son fenomenales… y por el miedo a emplear mano dura con los ijoeputas pa que no te digan rasista… el resto se ven estigmatizados (cosa que, por otra parte, es normal).

Si el Gobierno de izquierdas propusiera expulsión inmediata de los criminales (un tanto por ciento bastante escaso), las derechas empezarían a perder fuelle de inmediato… pero claro… en tal que no te digan rasista, te tragas a toda la jentuza que haga falta.


¿PREVISIÓN?

Que los izquierdosos no van a ser capaces de verlo y gobernarán las derechas durante las próximas tres legislaturas.

V i c h a r r a c o

domingo, 29 de junio de 2025

RELATOS AMARILLOS: LA NARRATIVA CHINA

La historia del mundo se cuenta con relatos hegemónicos, pero Occidente ya no tiene el control de la narrativa porque hay otros discursos alternativos en un mundo multipolar. Mientras llega la caída de Occidente, las narrativas marxista y antisistema siguen vigentes, la del Islam está ahí, pero ¿y la de China? Pues parece que triunfa y está de moda tras su éxito económico desde el tristón maoísmo hasta el actual híbrido entre marxismo, mercado y filosofías orientales. Si los chinos viven bien y tienen el estómago lleno, ¿deberían importarles las cuestiones ideológicas si las económicas funcionan? Parece que no, dado su inteligente pragmatismo.

Siempre fui algo orientalista: desde chaval me atraía Oriente y su exotismo, me gustaban los samuráis, el Japón feudal, el del XIX con su revolución Meiji y el del XX tras sobreponerse a su derrota en la IIGM. Hacía algo de yoga, me atraían las artes marciales y siempre me gustó el sushi y el arroz tres delicias. Así que era pro Oriente desde siempre, no como los “modelnos” admiradores de la China actual, que parece que han descubierto el agua fría, el Mediterráneo y el hilo negro.

Estos conversos prochinos sobrevenidos desconocían China hasta hace un cuarto de hora, pero ahora son expertos sinólogos. Quizás sea porque apoyan todo lo antioccidental: por eso les gusta China (no Japón, demasiado occidentalizado), Rusia (aunque es también Occidente), Irán y los países BRICS, que ya está bien del imperialismo occidental, blanco, cristiano, heteropatriarcal y tal. Estos fans new wave de China han encontrado una nueva alternativa tras quedarse huérfanos de los referentes clásicos de la URSS. Y esa nueva alternativa es la deslumbrante China del comunismo de mercado, cuadratura del círculo y fórmula perfecta para terminar con luchas ideológicas y conciliar lo irreconciliable: marxismo y capitalismo. Algo así como un Rockefeller vestido con mono obrero leyendo el manifiesto comunista o un Marx con traje de Louis Vuitton en Lamborghini: el eclecticismo chino no deja de sorprendernos.

El Occidente del siglo XXI está fatigado y las filosofías chinas del taoísmo, confucianismo y budismo pueden ser un buen antídoto para los males occidentales de insatisfacción social, inestabilidad política, decadencia cultural y ruido. El taoísmo ofrece fórmulas novedosas… desde hace miles de años: a veces los remedios tradicionales superan el postureo de la moderna tecnología y la rabiosa actualidad. Conceptos como armonía, flujo, conexión con la naturaleza, wu wei, silencio y paz interior suenan a música celestial para los occidentales afectados de estrés, ansiedad y enfermedades sicológicas. Quizás el Tao Te Ching sea un buen libro de autoayuda y Lao-Tse pueda alcanzar el estatus de influencer, quien sabe. Hablando de Lao-Tse,  dijo una frase interesante: “el que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso”. Y China se está dominando a sí misma. Otra línea filosófica sería el Confucianismo, que habla de virtudes personales, ética individual, armonía social y respeto a tradiciones y relaciones jerárquicas, aunque esta idea de jerarquía y tradición podría chirriar a algunos izquierdistas. El Budismo cierra la tripleta filosófica china y sus ideas de compasión, superación del sufrimiento, nirvana y meditación suenan bien. Además, un Buda obeso y asiático queda mejor que un Jesús blanco, fitnes y niquelado: la diversidad y heteronormatividad woke de los cuerpos, supongo.

Así que ya tenemos una alternativa política y social al viejo, decadente y agotado Occidente.  Solo queda resolver algunas contradicciones, como que se alabe la energía nuclear china al mismo tiempo que se dice “¿Nuclear? ¡No, gracias!”: obviamente el átomo chino es progresista y ecológico mientras que el átomo occidental es contaminante e imperialista. O que se fomente la Agenda 2030 en Occidente y China se la pase por el forro.  Ídem de la ideología LGTBIQ+, que parece que no llega a la Muralla china. O ser independentista en España y unionista con Taiwán. O que se critique la ley mordaza aquí y se calle ante la mordaza política allí. O que se luche por menos horas laborales y se calle ante las jornadas laborales maratonianas en China. O que se pida más derechos y libertades aquí mientras que el PCCh no está por la labor. Debe ser porque los baizuo occidentales están acostumbrados al sistema parlamentario y diversidad ideológica, mientras que a los chinos les va el partido único y el pensamiento ídem.

Quizás la redención de Occidente esté en hacernos seguidores del Tao, Confucio y Buda, para fluir con el universo y estar en armonía…con Xi Jinping y el PCCh. Mientras tanto, conformémonos con escuchar a los China Crisis y a Bowie con su China Girl. O al grupo heavy chino Tang Dynasty, que no parece muy taoísta. A ver si surgen pronto los Rolling y los Beatles chinos. Sería la venganza perfecta después del resentimiento chino tras el “siglo de las humillaciones” por parte de Occidente. Y, además, Hollywood podría hacer la película Fu Manchu's come back.


Un Tipo Razonable