martes, 28 de enero de 2025

La IA, ¿herramienta de opresión o de liberación?

La IA actual es una tecnología que combina datos (ya sean introducidos manualmente o recolectados automáticamente de la red), algoritmos (software) y sistemas físicos computacionales (hardware), lo que permite a las máquinas realizar tareas asociadas a la inteligencia humana, como p. ej. el reconocimiento de imágenes, la comprensión del lenguaje natural, la toma de decisiones...

Su característica distintiva es la capacidad de aprender y adaptarse a partir de datos y experiencias, esa es conocida como Machine Learning (aprendizaje autónomo sin programación previa).

Un aspecto clave —y madre del cordero— que distingue a los humanos de las máquinas es la metacognición: la capacidad de ser conscientes de nuestra propia consciencia. Actualmente, la IA carece de esta capacidad. Aún más, nosotros mismos no comprendemos del todo cómo se generan las emociones, los sentimientos y la consciencia en nuestro cerebro que funciona como un sistema adaptativo extraordinariamente complejo.

Si en algún momento se logra desarrollar una IA consciente, sería gracias a tecnologías aún más avanzadas, como la computación cuántica. Los sistemas actuales, aunque impresionantes, generan únicamente la ilusión de inteligencia mediante la alta velocidad de procesamiento y la manipulación masiva de datos.

El desarrollo de la IA plantea numerosas preguntas éticas, filosóficas y prácticas; entre ellas:

 ¿Será siempre diferente el cerebro humano de una IA?

 ¿Llegará la IA a tener consciencia en un futuro cercano?

 ¿Pueden las IA desarrollar metacognición?

 ¿Es peligrosa la IA y deberíamos regularla para evitar riesgos?

 ¿Alguna IA actual tiene capacidad de abstracción o la adquirirá?

 ¿Qué papel docente y de gestión ha de jugar en los centros de enseñanza?

 ¿Puede una IA crear arte?

 ¿Es positivo que la IA elimine muchos trabajos humanos ya en el corto plazo?

 ¿Podría surgir una conciencia artificial igual o superior a la humana?

 ¿Podrían las IA manipularnos en el futuro?

 ¿Puede una IA llegar a creer en seres divinos o, por el contrario, elaborar un nuevo materialismo?

 ¿Estamos llamando "IA" a procesos que en realidad son complejos automatismos programados?

 Si logramos copiar la información de un cerebro humano en un ordenador, ¿crearíamos dos "Yo"?

 En buena parte, es la IA una burbuja de marketing destinada a explotar?

 En definitiva, ¿es la IA una herramienta de liberación ...o de opresión?

El cerebro humano es un sistema biológico adaptativo increíblemente eficiente, capaz de combinar procesos racionales, emocionales, críticos y creativos. Algunos aspectos clave que distinguen el cerebro humano de las IA actuales incluyen consciencia y subjetividad, conexiones, flexibilidad, metacognición (pensar en nuestros propios pensamientos) y autoconciencia. Por otro lado, las máquinas superan al cerebro humano en velocidad de procesamiento y almacenamiento masivo de datos.

Uno de los debates más fascinantes y controvertidos es si la IA podrá desarrollar consciencia algún día y —perdonad el pleonasmo— pensamiento crítico. La consciencia, entendida como la capacidad de experimentar subjetivamente, está lejos de ser comprendida incluso en el ámbito humano. 

El impacto de la inteligencia artificial trasciende lo técnico, tocando cuestiones éticas, económicas y sociales. A medida que las máquinas se integran en más aspectos de nuestras vidas, surgen nuevos temores sobre su incidencia en la eliminación de puestos de trabajo, sobre si puede detentar sesgos raciales, sexistas, de clase (se estima que a día de hoy, las IA son tan imparciales o parciales como los datos con los que se entrenan; si esos datos contienen esos sesgos humanos, las máquinas los replicarán y amplificarán), o temores sobre la privacidad, control de la población o la seguridad.

Pero el debate más interesante es sobre si la IA tiene el potencial de convertirse en herramienta de liberación o de opresión para la población.

Un ejemplo es el uso de IA en la vigilancia masiva, como se observa en algunos países, donde los sistemas de reconocimiento facial y análisis de datos se emplean para controlar a la población. En este contexto, la IA deja de ser una herramienta de progreso y se convierte en un mecanismo de opresión.

Un pensamiento inquietante es la posibilidad de copiar toda la información de un cerebro humano en una máquina. Esto plantea preguntas filosóficas profundas:

  ¿Esa copia sería realmente "tú" o solo una simulación de tu personalidad y recuerdos?

 ¿Es posible que existan dos "Yo" independientes con la misma información inicial, pero con unas experiencias y respuestas divergentes a partir de su separación?

Estas cuestiones no solo afectan nuestra comprensión de la IA, sino también nuestra concepción de la identidad y la humanidad propias.

Concluyendo, la inteligencia artificial es una de las fuerzas más transformadoras de nuestra era, con el poder de amplificar tanto nuestras capacidades como nuestras vulnerabilidades. Más allá de los logros técnicos, la verdadera cuestión radica en cómo elegimos usarla: ¿será un catalizador para la justicia y el progreso o un agente de desigualdad y control?

El futuro de la IA no está predeterminado; está en nuestras manos decidir qué papel queremos que juegue en nuestra sociedad. Como dijo Alan Turing, "en lugar de preguntarnos si las máquinas pueden pensar, deberíamos preguntarnos si pueden hacer lo que hacemos los humanos".

La IA tiene un enorme potencial para transformar nuestras vidas y el futuro, pero también plantea diversos desafíos significativos. Si bien hemos avanzado mucho desde los días de Turing y la computadora Deep Blue, aún queda un muy largo camino por recorrer para entender cómo la IA puede imitar (o incluso superar quizá) la complejidad del cerebro humano. El reto no es solo tecnológico sino profundamente humano.

La clave está en orientar el desarrollo de la IA hacia el beneficio colectivo, garantizando que esta tecnología se utilice de manera ética y equitativa. ¿Será la IA una herramienta de progreso y empoderamiento del colectivo o un riesgo de control absoluto y distópico para nuestra sociedad? El futuro dependerá de cómo, quiénes y para qué se aborden estas cuestiones que interseccionan innovación, política, economía y ética y de si utilizamos sistemas programáticos de código abierto, transparente, gratuito y controlable como la IA china DeepSeek, p. ej., que en un tiempo récord ha hecho caer en picado la cotización en la Bolsa de las tecnológicas occidentales, o cerrado, propietario y con gran secretismo como mayoritariamente se está haciendo por estos lares.

R E S I L I E N T