lunes, 19 de septiembre de 2022

FUCK EUROPE

Una gran potencia que deja de serlo tiene varios caminos; resignarse pura y simplemente a no serlo más, como fue el caso de Holanda, creerse que todavía lo es cuando ya hace mucho que ha dejado de serlo –caso de España-, o bien unirse a otros países que puedan servirle de aliados y con los que comparta intereses para mantener al menos algo de ese poderío.

Ninguno de los países que componen actualmente la UE pueden considerarse a sí mismo como una gran potencia. El más reticente de todos ellos a aceptar esa realidad, Inglaterra más sus tres miniestados cautivos, llegó al extremo de abandonar la unión a fin de vindicarse a sí misma como un país “diferente” –en el sentido de mejor- que el resto de naciones decadentes europeas con ocasión del inolvidable referéndum del Brexit. Pero la realidad es que los europeos renunciaron ya hace décadas a tener un papel relevante en los grandes asuntos internacionales. No sólo fueron cooptados militarmente a través de la OTAN por Estados Unidos, sino que, poco a poco, fueron cediendo el terreno en todos los terrenos dominantes de la vida y la tecnología modernas, empezando por la informática, abandonada por completo ante los gigantes de Silicon Valley, y culminando en el reciente ridículo europeo de resignarse a depender de las vacunas norteamericanas ante el horror de la pandemia del Covid, con el consiguiente gasto exorbitante en divisas y, sobre todo, la renuncia una vez más a desarrollar tecnologías europeas propias. Todo ello, en claro contraste con países como Rusia, China o incluso Cuba, que se apresuraron a desarrollar sus propias vacunas. En la vieja Europa, la presidente de la Comisión Europea, Frau Ursula von der Leyen, estaba demasiado ocupada con el negocio de la venta de dichas vacunas al mercado europeo para pensar en esas menudencias. Pero desde luego, no hubo ningún político europeo de renombre que osara pensar en semejante alternativa, tan dañina para los intereses del Big Pharma estadounidense. Por supuesto, que ninguno de los grandes conglomerados informativos europeos ha reparado jamás en el vasallaje tecnológico que implicaba una decisión de este calibre, que daba a entender que Europa dispone de una ciencia de segunda categoría -¿inferior a la de un pequeño país caribeño como Cuba, quizás?-, incapaz de enfrentarse a un desafío como la pandemia. La alternativa europea consistió no sólo en frustrar las propias posibles iniciativas a desarrollar en Europa, sino también en iniciar una campaña de desprestigio contra la vacuna Sputnik rusa e incluso contra la AstraZeneca británica. Y como siempre, el silencio mediático al respecto fue atronador.

Quizá las últimas muestras de una tibia independencia respecto a Estados Unidos se dieran con motivo de dos de las guerras imperiales washingtonianas de las últimas décadas; la guerra de Vietnam y la de Irak. En la de Vietnam, el Imperio Americano se encontró en una atroz soledad, incapaz de doblegar la resistencia asiática de ese pueblo atrasado compuesto por amarillos que además insistían en volverse rojos. Estados Unidos no sólo se quedó con el oprobio de la derrota sino, además, con la responsabilidad del inútil genocidio de más de dos millones de vietnamitas. Fue en esta guerra cuando incluso el primer ministro de la época del fiel aliado británico, Harold Wilson, se negó en redondo a participar y a comprometer sus tropas en aquel país tan lejano. Desde ese momento, una de las obsesiones del Imperio fue que ese espectáculo de soledad no volviera nunca a repetirse, y mucho menos tener que afrontar únicamente por sus propios medios y con sus propias bajas una empresa guerrera de ese tipo más el estigma de la sangre derramada.

En ese sentido, la guerra de Iraq ya fue distinta. Además de urdir la patraña de las armas de destrucción masiva, USA consiguió enrolar en esa guerra inmoral a varios países a los que , por boca del inefable criminal Donald Rumsfeld, calificó como la “New Europe”-aparte de la España de Aznar, en su mayoría países del este de Europa-, en contraste con la “Old Europe”, formada por países como Francia, Alemania y la mayoría de los países de la UE que se negó a participar en aquella masacre genocida colonial disfrazada de contienda contra el terrorismo. La pataleta yanqui no terminó allí, e incluyó muchas reacciones pintorescas, como, por ejemplo, dejar de llamar a las patatas fritas “French fries” para pasar a llamarlas “Freedom Fries”, una moda que sólo llegó a cuajar entre los más obcecados.

El proceso de pérdida de identidad europea ha sido largo pero incesante, y se ha acelerado de manera trepidante en el último decenio. De hecho, Europa ha seguido la misma marcha errante de su patrón del otro lado del Atlántico tanto en la crisis económica mundial derivada del estallido de las “subprime” americanas como en su lucha más bien ineficaz contra la pandemia del coronavirus. Pero al término de esta década prodigiosa para algunos y catastrófica para otros, se ha producido un hecho probablemente irreversible; el jaque mate dado a la UE por parte de su supuesto aliado norteamericano.

No cabe duda de que la guerra de Ucrania, al igual que las dos guerras mundiales del pasado siglo, marcará un antes y un después en la historia de Europa. Por de pronto, en aras de la causa que lo justifica todo de luchar contra el Satanás ruso, Europa ha renunciado de manera indefinida a su fuente más segura de energía barata. No sólo se dedicará durante años a comprar en cantidades industriales GNL norteamericano, como mínimo un 40% más caro que el ruso o el argelino y mucho más contaminante, sino que se han producido curiosos realineamientos y caída de máscaras en la política europea, en la que se ha visto que los verdes eran en realidad de color azul otánico, como, por ejemplo, la ministra de asuntos exteriores alemana Annalena Baerbock, quien ya anuncio con ocasión de una reunión en Praga de un llamado Forum 2000 que estaba decidida a seguir con la cruzada antirrusa “piensen lo que piensen los votantes alemanes”, y todo ello a pesar de la sombría crisis económica que se cierne sobre todo el continente europeo, así como aprovechó para recalcar que se sentía orgullosa de tener un abuelo de la Wehrmacht que había luchado “a su manera” para tener una Europa Unida. Aparte de eso, han vuelto a reactivarse fuentes de energía no hace mucho descartadas por contaminantes o de un gran riesgo, como la del carbón o la nuclear. Algo que cuando menos hace dudar de la viabilidad efectiva de las llamadas energías alternativas no contaminantes, por mucho que existan también dudas sobre la limpieza de dichas energías.

    Por supuesto que el gran ganador de toda esta crisis es el sempiterno amigo americano, hasta el punto de que un economista tan reputado como Michael Hudson ha dicho sin ambages que la presente crisis no sería sino un intento muy logrado de Estados Unidos no sólo de echar a perder la posibilidad de un futuro euroasiático que en cierta forma dejase de lado los intereses de Washington, sino de un ataque directo a la economía alemana, considerada como el motor de la economía productiva europea. ¿Cuál sería en este contexto el futuro de Europa? Pues como se anticipó de manera humorística por parte de ciertos comentaristas norteamericanos hace ya décadas, convertirse en una especie de enorme parque temático para deleite de turistas norteamericanos y japoneses, previa exclusión de cualquier rastro de turismo ruso o chino. En este sentido, el “fuck Europe” de la responsable para asuntos europeos y euroasiáticos Victoria Nuland cobraría un sentido más macabro que nunca. Europa ha escogido un camino en el que no tiene más remedio que colaborar en la campaña militar contra Rusia con el objetivo último e inconfesable de derrocar al régimen actual para instalar en Moscú a un nuevo Yeltsin o, mejor todavía, a un Novalny que actúe de marioneta de Estados Unidos y se digne a volver a venderle energía barata a Europa al estilo del saqueo de Rusia desde dentro que caracterizó la década de los 90, previa eliminación de una verdadera independencia del coloso euroasiático. Es de suponer que, una vez alcanzado el objetivo, el amigo americano sea lo bastante agradecido para darles a sus súbditos europeos esta merecida limosna después de los años de penurias que se avecinan. Todo sea por la causa de mantener el orden unipolar que actualmente gobierna el mundo.

V E L E T R I

lunes, 12 de septiembre de 2022

EL CONFLICTO ENTRE LA PALABRA Y LA IMAGEN

Hace ya algunas décadas, un pensador canadiense nos mostró los grandes cambios que las nuevas tecnologías de la comunicación introducían en la forma de pensar del ser humano. Se llamaba Herbert McLuhan (1911-1980). Su aforismo "el medio es el mensaje" se popularizó sin que llegáramos a discernir su alcance revolucionario en los esquemas de investigación que hasta entonces se utilizaban para establecer el significado de los procesos comunicativos en la historia humana. "El medio es el mensaje" viene a decir que, si los artefactos de la comunicación son prolongaciones de los sentidos del ser humano, su forma tendrá que incidir en las maneras de percibir y construir el mundo y el conocimiento. 

Décadas más tarde, un médico estadounidense, Leonard Shlain, en su libro El alfabeto contra la Diosa (2000) recogió el testigo del pensador canadiense y lo aplicó para responder a una cuestión que él no había considerado en sus escritos. Shlain se hizo la misma pregunta que muchos se habían estado haciendo durante los últimos cien años, principalmente desde el feminismo: A qué era debida la caída en desgracia del poder femenino a lo largo de la historia (sobre todo en Occidente)  arrinconado y suplantado por el patriarcado y la misoginia, es decir, qué mecanismo se puso en marcha para que la "diosa" hubiese caído de su pedestal y fuera sustituida por el absoluto poder de dioses masculinos, que supuso un cambio de paradigma en la forma de aprehender, entender y explicar la realidad humana, que afectó a su historia y a su epistemología. Y la respuesta que encontró fue, además de novedosa, sorprendente: La causa, si no del establecimiento, sí del refuerzo del patriarcado fue posible gracias a un instrumento que hemos considerado siempre una de nuestras más loadas marcas de progreso humano: La escritura.

Apoyándose en los estudios de Roger Sperry, en los cuales demostró la lateralidad del cerebro humano, según la cual, el cerebro utiliza la parte derecha por su capacidad de síntesis y simultaneidad para percibir imágenes y la parte izquierda -soporte del lenguaje- para el análisis y la abstracción, Shlain consideró que, si a esa oposición entre palabra e imagen, entre hemisferio izquierdo y hemisferio derecho, puede hacérsele corresponder la oposición masculino/femenino, eso explicaría cómo el dominio de lo masculino está asociado con el poder de la escritura, del pensamiento lineal, lógico y racional que ha preponderado en nuestra cultura durante más de 5.000 años.

Esta es pues, su hipótesis principal: La aparición de la escritura contribuyó a sobredimensionar un modo de percibir la realidad, de observarla, de analizarla, de entenderla que reforzó unas formas culturales y debilitó otras. Y esas formas culturales coinciden con lo que se han considerado siempre valores masculinos..

Shlain demuestra a partir de una extensa documentación que, a lo largo de la historia, las distintas sociedades eran tanto más patriarcales cuanto más alfabetizadas estaban y, al contrario, en épocas en que en esas mismas sociedades decaían la escritura y la alfabetización, el dominio patriarcal disminuía. Estos vaivenes cíclicos terminaron -al menos en Occidente- con la aparición de la imprenta, hace 500 años. En efecto, el reinado de la imprenta y la palabra escrita en la cultura occidental reforzaban unas formas de pensar asociadas a la linealidad, la secuencialidad, la abstracción, el razonamiento lógico, la figura más que el fondo. Actividades que se corresponden además con las funciones principales del hemisferio izquierdo del cerebro. El cambio de paradigma en la forma de pensar y percibir la realidad que supuso la imprenta y el dominio de la palabra escrita en la transmisión del conocimiento no fue producto tanto de los contenidos que se transmitían a través de la escritura (mensaje) sino de la forma en que se presentaban (medio).

Unido a todo esto, Shlain se detiene también en la crisis de los valores de la Ilustración, del racionalismo, de la modernidad, en definitiva, de la escritura, que han preconizado diversos pensadores a lo largo del s. XX (desde Freud a la Escuela de Frankfurt) y lo relaciona con la aparición de las tecnologías, primero de la radio y la televisión y hoy de la informática y las telecomunicaciones. Estos nuevos artefactos de comunicación reforzarían el dominio de la imagen sobre la palabra, de lo acústico, lo global, lo simultáneo, el fondo sobre la figura, es decir, las habilidades del hemisferio derecho, con lo que se daría otro cambio de paradigma por el cual la supremacía de la forma de pensar predominantemente masculina disminuiría en beneficio de un nuevo pensar en femenino..

La pregunta que debemos hacernos es, pues, si esta crisis de valores de la modernidad, heredera del racionalismo y la Ilustración y, junto con ella, la decadencia de la escritura, de la palabra escrita, en beneficio de otras formas de comunicación más holísticas, ha de verse en negativo o como una oportunidad para restablecer el equilibrio entre dos formas de aprehender la realidad e interpretarla -la masculina y la femenina- y, junto con él, restablecer también el equilibrio de una sociedad que hace mucho tiempo que escora de manera dramática hacia una dirección: La del colapso de la humanidad que, además, puede arrastrar con él al resto de la naturaleza con la que comparte el planeta.

Por cierto, es llamativo que la editorial haya descatalogado el libro, no se encuentre por ninguna parte -ni en PDF- y las páginas de la web en las que aparece a la venta lo tengan todas "agotado" o "no disponible en stock".

𝕸𝖆𝖑𝖊𝖋𝖎𝖈𝖆𝖊

domingo, 4 de septiembre de 2022

LA SENSACIÓN DE PODER

La libertad no tiene sentido si no viene acompañada de un cierto poder. O de la impresión de poder. Se supone que la manera más evidente de ejercer el poder en una de las sociedades llamadas democráticas es a través del ceremonial del voto, que en la mayoría de los países se produce cada cuatro años. Se vota a unos determinados candidatos que deben representar al pueblo teóricamente soberano. En algunos países, esta ceremonia puede venir reforzada por la celebración esporádica de referéndums sobre cuestiones puntuales. Una de las funciones del poder es procurar que dichas cuestiones a dilucidar en las consultas no sean realmente vitales para el sistema. Cuando los referéndums se refieren a temas de auténtica enjundia, como por ejemplo el Brexit en Gran Bretaña, pueden producirse sorpresas desagradables, razón por la que no conviene abusar de ellos. En cuanto al derecho a declarar la guerra a otros países, ese sí que es un derecho que el Poder con mayúsculas se reserva en exclusiva. En las últimas décadas, ese derecho o privilegio se ha ejercido contra aquellos países –Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Rusia- que de alguna manera ponían trabas al poder omnipresente de la única gran potencia mundial y sus países socios.

Otra cosa es que desde determinados sectores de esas sociedades democráticas se abogue de manera directa o indirecta por el apoliticismo , o lo que en países como España vino a llamarse “pasotismo” a fines de los años setenta. Convencionalmente, este desapego hacia la política solía favorecer a los estratos más reaccionarios de las clases dominantes, con lo cual gozaba de una cierta complicidad y benevolencia por parte del poder. Los países como Bélgica, en los que el voto es obligatorio –y alguno más- son las excepciones que confirman la regla. De todos modos, nada demuestra que una mayor participación ciudadana altere necesariamente los resultados manifestados en las urnas por los votantes que sí ejercen su derecho. Las tendencias políticas de los gobiernos belgas, por ejemplo, son del todo homologables a las de los demás países europeos, e incluso allí el tema realmente candente es también el étnico por la rivalidad entre flamencos y francoparlantes.

Pero el fenómeno de la abstención ya ha adquirido dimensiones de auténtica protesta, al menos en países como Francia, donde el 52% de los electores no votaron en las pasadas legislativas, una circunstancia que anteriormente sólo solía darse en la extremadamente conformista sociedad norteamericana, a su vez cada vez más radicalizada y escindida en dos bandos irreconciliables en los últimos años. El abstencionismo francés, sin embargo, no parece que refleje conformismo, sino todo lo contrario. Es un abstencionismo lleno de protesta y desesperanza, a la espera aparente de que surja otra corriente de contestación a la política establecida como fue el de los “gilets jaunes”, o quizá la repetición de un movimiento legendario como fue el mayo del 68. Son movimientos transversales, de escasa coherencia ideológica, que agrupan a contestatarios de muy diversas ideologías, lo cual dificulta a la larga sus posibilidades de éxito. Pero son también un síntoma infalible de una crisis cada vez más enconada que el régimen capitalista neoliberal actual es capaz de agudizar y quizá gestionar pero no de resolver. Las capas sociales que se adhieren a estos movimientos contestatarios suelen sufrir una notable pérdida de poder en sus ámbitos de acción cotidiana. Sometidas a unas periódicas y cada vez más severas “curas de austeridad”, ven que sus derechos sociales colectivos quedan mermados de manera gradual pero inexorable. No se les fusila ni se les ahorca, sino que se les condena a una especie de muerte o degradación lenta. 

Sin embargo, hay una esfera muy importante de sus vidas que parece quedar al resguardo de todas estas restricciones y estrecheces; la esfera de su vida privada. Cualquier adolescente o joven en el paro cobrando un salario de miseria en un contrato temporal de tres meses puede comprarse ni que sea a plazos un móvil 5G, tatuarse tantas partes de su cuerpo como quiera –si tiene el dinero para ello, claro, y se diría que cuanto más tatuajes lleve una persona más libre se siente; lo que anteriormente era un hábito de presidiario ha sido cooptado por el sistema con la misma facilidad con la que asimila cualquier otra cosa-, drogarse como quiera, gastarse todo lo que ha ganado en una semana o en un mes en comprar una entrada para ver un recital de su cantante de rock favorito, o puede incluso recorrer al aborto o a la homosexualidad abierta, siempre y cuando no tenga ningún encontronazo con alguno de los grupillos nazis que pululan por esas calles. Sólo en algunos de los estados USA controlados por el cada vez más fundamentalista Partido Republicano se ven restringidas algunas de estas libertades. Así que a medida que los individuos pierden el derecho a la vivienda, a un empleo seguro, a una educación completa financiada por el estado e incluso a la sanidad, queda el consuelo de disfrutar de todas esas libertades a menudo meramente hedonistas que el sistema les brinda en su ámbito privado. 

Pocas herramientas en la historia de la Humanidad han proporcionado tanta sensación de poder como un ordenador o, quizá más todavía, un móvil inteligente. No es sólo una pequeña oficina en miniatura, sino un artilugio que permite comunicarse con cualquier personita en cualquier parte del mundo, ver películas en su pantalla, retransmisiones deportivas, cualquier tipo de video y música… Y por supuesto, un infinito caudal de noticias previamente censuradas y regimentadas por las grandes empresas de Silicon Valley como Facebook o Twitter a fin de mantener la necesaria homogeneidad ideológica buscada por las auténticas cabezas pensantes y gobernantes de la sociedad capitalista occidental del siglo XXI. Es un aparato que además mantiene a sus usuarios en una constante alerta. Nunca se sabe cuál de las docenas de notificaciones que cada día llegan a través del correo electrónico, Whatsapp, Twitter, etc. puede ser importante mientras todas las demás no son más que auténticas memeces. Pero siempre puede haber una que resulte vital, ya sea en el plano personal o profesional, dada la misma multifuncionalidad del aparato. Una sensación en cierto sentido similar a la de esos animalitos que están siempre escuchando en la maleza todos los sonidos temiendo que se les aproxime algún depredador en su existencia siempre precaria. También ellos saben que el menor descuido puede costarles muy caro.

En realidad, estaríamos hablando de una libertad de consolación. A medida que las posibilidades efectivas de realización personal de los ciudadanos en su vida diaria se reducen, el reino de los caprichos se amplía de manera geométrica. Casi hasta el infinito. Es posible elegir entre una infinidad de juegos en el móvil o en la tablet, y ser campeón o as de cualquier cosa, especialmente de un juego que no requiera una gran destreza por parte de sus practicantes, como por ejemplo el candy crush o decenas de otros. Si hablamos del futuro, es una posibilidad que apenas se vislumbra, especialmente para generaciones a las que ya se les ha inculcado la idea del “There is no future!”, que ya no es sólo la letra de una canción de rock sino casi toda una filosofía de vida. En cuanto a la ausencia de una pensión de jubilación cuando se alcance la vejez –si se alcanza- o la posibilidad de no poder costearse una asistencia sanitaria privada, son avatares en los que es mejor no pensar y que, en todo caso, les ocurrirán a otros. Y si te toca, mala suerte. Es en situaciones como esta en las que mejor se comprende que el auténtico panorama del capitalismo, especialmente en su versión neoliberal, es el del nihilismo absoluto. Pero no nihilismo en lo que pudiera tener de liberador, sino en un desprecio a la integridad de los seres humanos y de cualquier derecho que vaya más allá del derecho a la pataleta, hipócritamente presentado como libertad de expresión. Una pataleta que muy rara vez sirve para cambiar las tendencias de fondo de mayor marginación social para amplias capas de la población.

¿Significa eso que habría que adoptar una postura a lo Rousseau y renegar de todo atisbo de progreso? ¿Abrazar un ludismo trasladado al consumo? ¿Conformarse con el telégrafo, el fax o el teléfono fijo y arrojar a un taller de desguace esos artefactos de alta tecnología que ya ocupan una parte inmensa y probablemente irrenunciable de nuestras vidas? Quizá sea la naturaleza la que tome esa decisión por nosotros. La que marque y delimite las auténticas posibilidades de un planeta al que se suponía de recursos casi infinitos. Es difícil cuantificar cuantas generaciones podrán disponer de un móvil para cada individuo, una vez abandonada por imposible la idea consumista de que cada familia del planeta dispusiera de dos vehículos, una de las fijaciones que el “American way of life” puso como ideal para el planeta entero pero que ha sido sustituida de manera cada vez más alarmista y constante por un maltusianismo prêt à porter también muy del gusto del sistema. Pero este sería el tema de otro artículo.

V E L E T R I

domingo, 28 de agosto de 2022

DE SOLEIMÁN A ERDOGÁN PASANDO POR ATATÜRK

“No tengo religión y, por momentos, quisiera a todas las religiones en el fondo del mar. Quien necesite a la religión para sostener su gobierno es un líder débil; es como si atrapara a su gente en una trampa. Mi gente aprenderá los principios de la democracia, los dictámenes de la verdad y las enseñanzas de la ciencia. Las supersticiones deben desaparecer” (Mustafá Kemal Atatürk). 

Había pensado hacer una entrada sobre mi viaje en plan “delicias turcas” o “pasión turca”, pero hubiera sido un rollo como los que sueltan en los publirreportajes y agencias de viajes. Así que este texto no va a ser una ruta de viajes turísticos sino un escrito histórico-político. Además, como en este blog es un clásico hablar de imperialismo, hoy vamos a seguir en esa línea, pero con la civilización turca. Así, aprovechando mi último viaje, hablaré del Imperio Otomano, que originó lo que hoy es la moderna Turquía.  

La cosa empezó con Osmán, un guerrero de Anatolia que sometió a las tribus rivales (todos los imperios empiezan igual, con un hombre carismático y conquistador). Y ahí empezó la dinastía osmanlí, que declaró su independencia de los selyúcidas y se enfrentó a los bizantinos. Sus sucesores continuaron su expansión originando en el siglo XIV el Sultanato Otomano, que se prolongó hasta 1922. En esta continua expansión hay que señalar la caída de Constantinopla y del Imperio Bizantino a manos del sultán Mehmed II en 1453. A partir de entonces la ciudad pasó a denominarse Estambul y se convirtió en la capital del Imperio. Luego vinieron las invasiones europeas y el Sitio de Viena por Solimán el Magnífico. Con este sultán el Imperio Otomano alcanzó su mayor extensión geográfica: lo que hoy es Bulgaria, Yugoslavia, Grecia, Hungría, Egipto, Jordania, Líbano, Israel, territorios palestinos, Macedonia, Rumania, Siria, Irak, partes de Arabia, costa norte de África y costas del mar Negro (lo que hoy es Ucrania). 

El poder turco suscitó el recelo y la preocupación en Europa. El Mediterráneo oriental era turco y desde el Norte de África operaban los piratas berberiscos, que hicieron esclavos a un millón y cuarto de europeos que capturaban en las costas de Francia, Italia, España y Portugal, llegando a Paises Bajos, Inglaterra e incluso Islandia. El comercio de esclavos otomano y musulman fue una fuente de ingresos importante (que se lo cuenten a Cervantes, que estuvo preso en Argel). Los reinos cristianos sintieron la amenaza turca y Felipe II reunió una coalición cristiana con los venecianos y el papado para enfrentarse a los turcos en 1571 en la batalla de Lepanto. 

A partir del siglo XVII el imperio empezó a debilitarse. Después llegaron las intrigas políticas internas, la decadencia, el fortalecimiento de otras potencias europeas, la competencia económica debido a las nuevas rutas de comercio y la Revolución Industrial, que desestabilizaron a este imperio. En el siglo XIX le habían puesto el mote burlón de “el enfermo de Europa” por su territorio disminuido, su recesión económica y su dependencia del resto de Europa. El territorio se reducía cada vez más y tras las guerras de los Balcanes en 1912 y 1913, Bulgaria, Grecia, Serbia y Montenegro consiguieron su independencia. 

En este contexto de degradación y decadencia, en 1908 los “Jóvenes Turcos” del partido nacionalista CUP (Comité de Unión y Progreso), organizaron una revolución y tomaron el poder. Antes de la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano estableció una alianza con Alemania y durante esta guerra su ejército perdió dos tercios de sus soldados y murieron tres millones de civiles. Tras la guerra empieza la partición del Imperio Otomano con el Tratado de Sevres de 1920: el Imperio Turco perdió sus antiguas posesiones y quedó reducido a Estambul y parte de Anatolia, cediendo sus territorios a la administración británica, francesa, italiana y griega. Ante esta situación, Atatúrk lideró la Guerra de Independencia, en la que se venció a los británicos, franceses, italianos, griegos y armenios: la población griega fue expulsada de Anatolia y los armenios sufrieron un genocidio. 

En 1922 los nacionalistas turcos abolieron el sultanato y acabaron con el imperio: creían que para detener la caída del Imperio había que occidentalizarse, modernizarse y secularizarse, porque el Islam frenaba el progreso social y originaba atraso civilizatorio. Tras esta revolución republicana, la Asamblea Nacional Turca proclamó la República de Turquía en 1923, en la que Atatürk tuvo una actuación decisiva y fundamental modernizando el país con una serie de reformas que cambiaron Turquía para siempre. Así, instauró un control estricto del Islam, prohibió el velo y la poligamia, hizo obligatoria la escolarización de las mujeres, cerró las madrazas o escuelas religiosas,  abolió  la  Sharía, introdujo una Constitución laica y un nuevo Código Civil que instauraba la igualdad de género,  declaró la laicidad del estado, concedió el derecho de voto a las mujeres (que podían ser votadas en las elecciones y trabajar en empleos públicos), cambió el calendario lunar por el gregoriano y sustituyó el alfabeto árabe por el latino. Todas estas reformas hacen que Atatürk sea considerado el “padre de la Turquía moderna”. Su legado más importante fue la secularización del país, que fue la vanguardia de la modernidad musulmana, con el apoyo del ejército, la clase política y las élites. En las décadas posteriores, esta secularización ha sido supervisada por el ejército turco, que adoptó un papel de guardián para que el país no regresara al poder del Islam y los islamistas. Es interesante este papel modernizador del ejército, a diferencia de otros ejércitos que son reaccionarios. 

Estos cambios los vi personalmente en mi primer viaje a Turquía, hace 20 años. Recuerdo cuando paseaba por la plaza y barrio de Taksim y observaba el look moderno de sus chicas jóvenes, en minifalda y con estilismo moderno (muy pocas llevaban velo). Pero en este segundo viaje el panorama ha cambiado radicalmente ¿Qué ha pasado? La respuesta es fácil: Erdogán y su reislamización. 

Erdogán, desde hace algunos años, ha modificado y revertido las políticas y el legado de Atatürk. Ha propiciado una reintroducción del islam en la vida pública y política para socavar este legado laico. Ha modificado la legislación que restringía el uso del velo en la administración, Universidades y estamentos públicos. Desde su llegada al poder, la islamización ha sido clara y las reformas de Atatürk han sido revertidas, lo cual se visibiliza en una mayor presencia del hiyab y nicab en la sociedad (el 60% de las mujeres llevan velo). Por eso ahora se ven mujeres policías con pañuelo (impensable hace años), se ha derogado la prohibición de usarlo en el ejército y se ve en la calle muchas chicas jóvenes con velo y varios hijos (tras la política natalista de Erdogán de fomentar un “Islam Turco”). Santa Sofía, museo desde 1935, ahora es mezquita y, por tanto, las mujeres deben ponerse velo (hace años no, y se podía visitar sin trabas).  

Desde hace años, hay una fractura social en Turquía entre kemalistas modernizadores (élites urbanas, clases políticas, ejército, administración y seguidores de Atatürk) y tradicionalistas islámicos (clases trabajadoras y personas de extracción social baja). Y como se ha impuesto la vía islamista, Turquía asume y sabe que no va a entrar en la UE (pocos europeos lo desean). Es cuestión de incompatibilidad legislativa y cultural. Por eso conceptos de la izquierda woke como feminismo, colectivos LGTBIQ, trans, homosexuales, empoderamiento de la mujer, etc, son despreciados por la sociedad y consideradas ideas de un Occidente decadente (las instituciones tratan cualquier activismo a favor de la comunidad LGTBIQ+ como una actitud subversiva). La realidad es que los caminos de Turquía y Europa son divergentes: la primera con su islamización y la segunda con su secularización. 

Resumiendo, hay una cierta nostalgia por el pasado otomano y un esfuerzo por restaurar una pequeña versión de aquel imperio, en el que el Islam jugaba un papel dominante. Por eso Erdogán utiliza la religión como cohesionador del país y hace una política identitaria parecida a la de la ultraderecha occidental. Quizás el neofascismo occidental y el islamofascismo están cerca. O que el Nacionalislamismo turco se parece al Nacionalcatolicismo franquista. Lo que tengo claro es que Atatürk fue un revolucionario modernizador imprescindible para Turquía y Erdogán es un freno para su avance social. Hacen falta más Atatürks y menos Erdoganes. Pero parece que los turcos no están de acuerdo y votan a Erdogán. Lástima: quizás Atatürk murió demasiado pronto. 

Un Tipo Razonable

lunes, 22 de agosto de 2022

CÓMO HA COLAPSADO EL CAPITALISMO EN MI PAÍS, SRI LANKA

Por Indrajit Samarajiva
Escritor canadiense de origen ceilandés. Estudió Ciencias Cognitivas en la Universidad McGill de Montreal y ha trabajado en diversos medios online, además de haber creado varias revistas y su propia empresa de contenidos.
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El Capitalismo ha colapsado por completo en Sri Lanka, y el país se ha quedado sin petrodólares y, en consecuencia, sin petróleo. Los coches serpentean por la ciudad en colas gigantes ante las gasolineras, cual dinosaurios alineados ante una charca de agua vaporizada por el asteroide. Aún no lo saben, pero ya se han extinguido. Yo paso por allí subido en mi bicicleta, un mamífero que antes resultaba patético y que ahora se mueve más rápido que estos fósiles.

Cojo prestado un coche eléctrico para llevar a los chicos a algún lado y conducimos a través de la Isla de los Esclavos. Tiene semejante nombre porque la gente blanca solía rodear aquí a los esclavos con cocodrilos. Ahora se parece al estado en el que se encuentra todo el país, rodeado por banqueros internacionales y su matón rompe-piernas, el FMI.

La Isla de los Esclavos solía ser el hogar de una hermosa comunidad, pero los echaron a patadas para construir residencias de lujo para nadie y autopistas elevadas hacia ninguna parte. Ahora las residencias están sin terminar y las autopistas están simplemente tiradas en la calle. Enormes pilares permanecen de pie, como los pies de Ozymandias. Su tamaño grita: «¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!». Pero «Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas, se extienden a lo lejos las solitarias y llanas arenas.»

Digo que esto es un colapso del Capitalismo porque, vamos a ver… mirad alrededor. Las inversiones inmobiliarias son los templos del Capitalismo, casas que permanecen tan vacías y bien equipadas como si fueran tronos, para albergar no a seres humanos sino a los ausentes dioses de la avaricia. Los coches son los avatares del Capitalismo, letales piezas de capital que viajan a velocidades sobrehumanas atravesando los cuerpos humanos y las calles.

Durante décadas hemos construido este esquema piramidal, cada vez más alto, por la promesa de una vuelta en coche, una hipoteca a treinta años sobre un hogar. Pero ahora se está viniendo todo abajo, dejándonos bloques de piedra muerta en la carretera, tirados en el medio. Yo los rodeo, en un coche prestado sobre un tiempo prestado. Ahora se ha terminado. El Capitalismo se ha quedado sin gasolina en los extremos del imperio, y está consumiendo humo para funcionar en el resto de lugares. Es toda una diferencia de temporización. Tal como dijo William Gibson, «el futuro ya está aquí. Sólo que está distribuido desigualmente.»

En una era de extinción, por supuesto, los fósiles son los que tienen más suerte. Por lo menos queda alguien para recordarlos. Lo que no ves son todas las vidas todas las formas de vida completamente arrasadas por la caída. Todos los cuerpos simplemente devorados por carroñeros, sus huesos blanqueándose al sol para acabar al final desintegrándose. Yo no soy uno de ellos, pero puedo verlo. Todos los fantasmas del apocalipsis vienen a llamar a mi puerta.

Hay una desabastecimiento de alimentos mientras la comida se pudre porque las furgonetas no se pueden mover por falta de combustible. El país ya no puede recargar el depósito de sus aviones.

La gente que menos lo merece es la que se está llevando lo peor. El conductor de tuk-tuk, acarreando mercancías y gente para alimentar a su familia. Tienen que esperar por los pocos litros de combustible que les dan, detrás de un jeep que consume docenas de litros más. El conductor del tractor, que cultiva comida, la furgoneta que lleva mercancías, la familia apilada encima de una motocicleta, la fábrica que intenta conseguir gasóleo para su generador. El colapso del Capitalismo no es una inconveniencia para esta gente, el tema para un artículo. Son los trabajadores que hacen que todo el tinglado funcione, y que cuando este cae, lo hace encima de ellos los primeros.

Los ricos sobrevivirán de algún modo con sus coches eléctricos, sus bicicletas y cascos —ahora más caros—, su posibilidad de irse al extranjero. Los pobres sencillamente se morirán aquí, sin poder cubrirse siquiera con sedimentos y sus huesos al descubierto. Durante las últimas crisis del petróleo en los años 1970, teníamos un gobierno socialista que introdujo el racionamiento para mantener viva a la gente. Ahora tenemos unos fantásticos economistas que nos dicen que liberalicemos (o sea, que subamos) los precios aun más, mientras la gente en realidad se está muriendo de hambre. Así es un colapso bajo el capitalismo. Los carnívoros que nos comían vivos ahora simplemente nos comen muertos. Es la hora de la comida para los economistas de la carroña.

Yo conozco el hambre porque la gente llama a mi puerta pidiendo comida. Lo puedo ver en los ojos de mi gente. Y pese a todo aún nos alimentamos los unos a los otros en las colas interminables, todavía nos damos unos a otros lo poco que tenemos. La vieja cultura, la de antes de que intentásemos ser como los colonizadores, aún persiste. Como las oraciones a los antiguos dioses de la isla, la generosidad aún persiste, incluso a la sombra de los templos de la avaricia blanca. Nos alimentamos unos a otros desesperadamente, con lo poco que tenemos, mientras todo lo que nos prometió el Capitalismo se convierte en ceniza en nuestras bocas.

Colombo es una ciudad sin combustibles fósiles pero llena de fósiles. Los coches serpentean alrededor de los abrevaderos secos, las autopistas yacen muertas encima de las carreteras, las residencias nos miran con ojos muertos, como brontosauros que aún no han terminado de derrumbarse. Colombo es una ciudad cada vez más desprovista de energía, más allá del empuje de una bicicleta de pedales, del fuego de una cocina de leña o de la amabilidad del alma humana. No es mucho, casi no es suficiente, pero tampoco es nada. Pienso en esto mientras salgo de la ciudad en mi bicicleta, o meto a mis hijos en el autobús, aunque en el fondo me siento horriblemente.

Lo triste del Capitalismo es que por mucho que obviamente sea una mierda, la mayoría de nosotros nunca quiso que se acabase, tan sólo queríamos ascender dentro de él. Esta era la promesa del desarrollo internacional: si aguantábamos lo suficiente siendo esclavos podríamos vivir como los amos. Esto por supuesto era imposible, y los rojeras nos lo dijeron, pero no les escuchamos. No queríamos escucharles. Y ahora somos la prueba viviente. El fin del Capitalismo está cerca y la penitencia por el pecado es la muerte.

Lo cierto es que el asteroide ya nos dio en el momento en que el hombre blanco dio con el oro negro. Cabalgaron una ola de destrucción a través del globo y lo llamaron crecimiento, pero era canceroso. Nos ha llevado unos cuatrocientos años, pero los cascotes al final están atragantando la atmósfera y el evento de extinción está llegando fuerte. Plantas, animales y países enteros están empezando a desplomarse. Los más pobres primero.

Puedo verlo donde vivo, a medida que los activos mortíferos se convierten en activos muertos, a medida que los petrodólares y los productos petrolíferos se secan. A nosotros nos ha pasado por razones que son únicas, pero las causas subyacentes son mundiales. El Capitalismo ha colapsado en Sri Lanka y está colapsando por todas partes. Ahora lo puedes ignorar, pero al final hará colapsar el ecosistema en su conjunto, y entonces ¿qué? No tenemos otro planeta. En lugar de eso vamos a tener un planeta cambiado por aquí, uno que se parece a este por el que te he acompañado a dar una vuelta. Bienvenidos al futuro, supongo. Ahora está desigualmente distribuido de una manera salvaje, pero dale un segundo geológico, y verás cómo se reparte.

G O N Z A L O

lunes, 15 de agosto de 2022

DEMOCRACY S.A.

          Durante siglos Occidente se ha arrogado la patente exclusiva de la democracia, como siglos antes se había arrogado la patente única de la cristiandad, la cual justificaba la ocupación militar y colonización de cualquier parte del mundo. Por muy violenta y pervertida que sea la naturaleza humana, ningún poder extranjero y conquistador puede evitar el trámite de tener que inventar una excusa para justificar sus expolios de territorios de pueblos extranjeros. Incluso la propaganda nazi, sin duda la más burda en este sentido aunque fuera muy sofisticada en otros, intentó hacer pasar el ataque de falsa bandera de la estación de radio de Gleiwitz como justificación de su invasión de Polonia, aparte del clásico victimismo alemán que ya había explotado el káiser Guillermo II en la Primera Guerra Mundial con los resultados de todos conocidos.

Comparado a esto, la supuesta defensa de la democracia y la civilización –la “White man’s burden” de que hablaba Kipling- hecha por países como Estados Unidos, Gran Bretaña e incluso la Alemania de ese IV Reich que no acaba de despegar pero que ya dio sus primeros zarpazos en la guerra de Yugoslavia y ahora en la de Ucrania, siempre mirando al este –Drang nach Osten-, sigue pareciendo convincente a decenas de millones de personas, al menos en Occidente. El problema surge cuando esa supuesta defensa de la democracia queda refutada por los hechos en el interior de los mismos países que la ponen como pilar de su propia política exterior. No es sólo, por ejemplo, la manera en que el FBI ha infiltrado en los Estados Unidos a cualquier movimiento disidente surgido en el país durante los últimos cien años, práctica que empezó con J. Edgar Hoover- esa muy lograda versión americana de Beria-, una tradición represiva que incluyó la famosa caza de brujas del senador McCarthy y que siguió encontrando continuidad en la manera en que el muy enrollado presidente Obama acabó con Occupy Wall Street, sino que en los últimos años se ha perpetuado al perseguir con saña a cualquiera que denunciase los abusos y matanzas de las tropas de los Estados Unidos en países como Irak, Afganistán y otros. Los casos de Assange y Snowden son los más conocidos y flagrantes, pero son muchos los “whistleblowers” que fueron procesados por el muy demócrata y galardonado con el Nobel de la Paz Obama, una tendencia que los dos presidentes posteriores, Trump y Biden, han proseguido sin pestañear. Pero los medios del sistema, empezando por sus grandes portavoces oficiales, tales como por ejemplo The New York Times o The Guardian, ignoran alegremente estas contradicciones para apuntar todos sus cañones propagandísticos hacia países como Rusia o China.

Estas contradicciones son más graves cuando se extienden a la política internacional y llevan a ignorar los abusos y crímenes en materia de derechos humanos de países como Arabia Saudita, las demás monarquías del golfo, Israel, o la ocasional dictadura africana, asiática o latinoamericana apoyada por Estados Unidos, sin olvidarnos de los cientos de asesinatos entre sindicalistas y líderes del medio ambiente que se producen cada año en la muy “democrática” Colombia, la más estrecha aliada de Washington en el sur del continente americano.

Quizá lo que mejor refleje este espejismo de democracia en el que viven tantos occidentales sea la infantiloide expresión: “Hago lo que quiero porque este es un país libre”, tan repetida en las películas y series televisivas de Estados Unidos, y que a lo mejor se refiere a un personaje que simplemente se ha comprado una casa nueva –cuya hipoteca quizá no pueda pagar a la vuelta de unos años-, o incluso pasearse por la calle, algo al alcance de los ciudadanos de cualquier país.

Pero alguno de los pocos lectores de estas líneas estará pensando: ”Y la libertad de comprar armas, ¿eh? ¿Qué otro país la tiene, articulista de mierda? ¡Sucio calumniador de Estados Unidos y Occidente!”

A lo que yo respondo así; esta peligrosa excentricidad de permitir que cualquiera pueda agenciarse un arma de fuego es justamente una de las grandes coartadas del sistema. Por un lado, inspira esa más bien artificial sensación de libertad sin igual en el mundo entre la población estadounidense más conservadora e incluso entre algunos europeos especialmente crédulos; y por el otro, de manera premeditada o no, facilita la creación de una especie de cuerpo de vigilantes paralelo que, en caso de conflicto civil, en su gran mayoría se alinearía sin dudarlo con los sectores más reaccionarios del país. Por otra parte, este culto a las armas, por mucho que le pese a la NRA (National Rifle Association), tampoco es unánime; las encuestas demuestran que la mayoría de los estadounidenses querrían una ley que limitase la adquisición de armas de fuego, de la misma forma que también querrían un sistema de sanidad universal –“single payer”, como lo llaman allí, viviendas más asequibles, así como existe una mayoría considerable que aprueba el aborto, e incluso una amnistía para las deudas a los bancos de los estudiantes universitarios. Pero ya demostró un estudio de la universidad de Princeton que las preferencias de los norteamericanos no tienen apenas ninguna influencia en las leyes que luego promulgan sus políticos. Por eso, cuando se aprueba una ley que si refleja las preferencias de los votantes, como por ejemplo la pena de muerte, aún muy popular en Estados Unidos, dicha ley es celebrada como “un gran triunfo de la democracia americana”, al menos por parte de los sectores más derechistas.

En cuanto a Europa, en primer lugar…¿qué es Europa? ¿Esa Comisión Europea que lo decide prácticamente todo como si fuera una versión achatada del politburó del PCCh? ¿Ese Tratado de Maastricht que ha significado la consagración e incluso imposición del neoliberalismo en todo el continente? ¿Gobiernos como el francés, cuyo presidente gobierna una república presidencialista en la que es profundamente impopular pero en la que se mantiene al mando debido a la misma intensidad de la división social de los propios franceses? ¿Un gobierno al que la campana del confinamiento quizá salvo del KO frente a los chalecos amarillos? ¿Esa Europa que es incapaz de desarrollar una vacuna propia contra el Covid –al revés que China, Rusia o Cuba- y se gasta miles de millones de euros en las vacunas que le vienen del otro lado del Atlántico? ¿Esa Europa que arremete contra Venezuela o Cuba pero que se calla ante las matanzas israelíes de palestinos o el genocidio que Arabia Saudita lleva cometiendo desde hace años en Yemen? ¿La misma Europa que es incapaz de articular una organización defensiva propia y sigue embarcada en una OTAN que la lleva a aventuras tan dudosas tanto en lo ético como en lo práctico como es la defensa acérrima del régimen del evasor de divisas y posible criminal de guerra Zelenski?

La auténtica pregunta sería si la democracia –incluyendo la llamada democracia burguesa- puede coexistir con el neoliberalismo. Un neoliberalismo que implica la corrupción de los políticos a través de las puertas giratorias y la financiación de las campañas electorales, sin mencionar otros tipos de sobornos, una apropiación del estado por parte de los poderes financieros y una creciente marginación de amplios sectores sociales. ¿Qué clase de democracia permite que los salarios de los altos ejecutivos de las grandes empresas lleguen a ser 320 veces más altos –por lo menos- que el sueldo de un empleado medio de la misma empresa, cuando en los años 60 del pasado siglo la diferencia solía ser “solo” de 20 a 1? Ante esto, el término “tecnofeudalismo” quizá se quede corto ante la realidad.

Frente a estas evidencias, la defensa del sistema consiste en una perpetua huida hacia adelante que se basa en la crítica continua de las fechorías supuestas o reales de aquellos países que todavía no han regalado sus propios recursos naturales a las grandes potencias capitalistas o que se resisten a ser absorbidos por la vorágine del globalismo capitalista y del sistema del dólar, entre ellos los grandes sospechosos habituales; China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, etc…Sin tener en cuenta que, si bien la represión en esos países existe, quizá su concepto de democracia difiera por completo del occidental, y se base en una concepción no anglosajona de los derechos humanos, (es decir, casi en exclusiva el derecho a la propiedad privada y derecho a la libre expresión –o al pataleo, según se mire), sino en una concepción social de tales derechos humanos, en los que la libertad de expresión tenga muy poco valor si sólo sirve para justificar a través de los grandes medios de manipulación masiva una estructura social totalmente insolidaria y en la que un supuesto respeto de la “diversidad” sexual, religiosa y/o racial son una coartada para enmascarar la realidad de una sociedad sumergida en un darwinismo salvaje. Un darwinismo que sirve a su vez para justificar la desigualdad social más brutal en países que sólo han abandonado de boquilla sus prejuicios racistas, homófobos y machistas. En definitiva, democracias que se han convertido en unas simples sociedades anónimas que sólo sirven para extender y consolidar el poder de las clases dirigentes.

V E L E T R I

sábado, 6 de agosto de 2022

EL DUELO Y LA PÉRDIDA

Introducción (x Bosc Liminal)

Cuando una persona pierde a alguien cercano es natural pasar por un duelo. Este proceso lleva tiempo e involucra diferentes emociones y actitudes.

Cada persona experimenta el duelo de una forma diferente. Generalmente, una persona siente el duelo en olas o ciclos. Esto significa que hay períodos de sentimientos dolorosos e intensos que aparecen y desaparecen. Las personas pueden sentir que están progresando en el duelo cuando sienten menos dolor a medida que pasa el tiempo. Pero después pueden volver a atravesar el duelo. Tales cambios pueden ocurrir en fechas importantes, como fiestas o cumpleaños. A lo largo del tiempo, algunas personas experimentan estos ciclos con menor frecuencia mientras se adaptan a la pérdida.

El duelo suele atravesar diferentes fases: negación, enfado, negociación, miedo o depresión y aceptación. Y aunque el duelo de cada persona es único, la experiencia está moldeada por la sociedad y la cultura. Cada cultura tiene sus propias creencias y rituales sobre la muerte y el pesar. Esto afecta a cómo las personas experimentan y expresan ese duelo.

Los hechos

Corría el 2020 cuando mi madre empezó a meterse en la cama y dejó de andar; ciertamente no le di importancia, quizá una mala temporada; pero seguía igual y a mí me preocupaba. La intente llevar al médico, pero nada, no lo conseguía; lo más curioso es que nadie me creía y seguí luchando contra viento y marea, e incluso llegue a discutir con mi hermana, que tampoco me creía: "tu hermano me quiere llevar al médico y no tengo nada", decía mi madre.

El caso es que estaba en la cama, la destapé y vi sus tobillos hinchados. Llamé al médico de urgencias --que era del corazón-- le dijo que, sí o sí, tenía que ingresar en el Hospital de Cruces (Baracaldo). 

Ingresó, le solucionaron la retención, pero tendría que pasar por el cardiólogo para una posible operación; ella se negó, también le diagnosticaron demencia con cuerpos de Lewy. No era su única enfermedad; en el Hospital de Cruces ya ni comía ni hablaba. La demencia por cuerpos de Lewy es más grave que el Alzheimer (los cuerpos de Lewy son depósitos anormales de una proteína neuronal llamada alfa-sinucleína). Parecía que mejoraba, ya que la iban a pasar a medicación oral. Esa misma tarde volvió a decaer, con temblores, ni el Valium le hacía efecto, al final medicación paliativa...

T X O

martes, 26 de julio de 2022

ASUNTO DE INTERÉS

Parece ser que si uno tiene intereses, es persona sospechosa. Sospechosa de ser mala persona. Lo que coloquialmente se llama un "interesado". El interesado usa a los demás para su propio provecho, ¿quién puede dudar de esta afirmación, camino de convertirse en indiscutible convención postmoderna? Bueno, yo lo dudo. O mejor dicho: lo niego.

Pero establezcamos consensos antes de entrar en refriegas. El interesado mira por lo suyo, creo que en este punto no hay ninguna duda. Y a continuación cabe admirarse de esta cosa casi ¿increíble?, de uno que mira para sí, antes que hacerlo por los demás.

Detengámonos en este punto: si uno mira por y para sí mismo, entonces los demás, ¿en qué situación quedan? A priori, no se sabe. Hemos dicho que el interesado mira por lo suyo... antes que por lo de los demás, no que no le importen los asuntos ajenos. De lo que se trata en esta etapa del desarrollo dialéctico del tema, es dejar establecido argumentalmente que estar interesado por uno mismo, no determina nada respecto al resto de intereses existentes: te pueden importar un pimiento, sí, o ser lo más apreciado en tu vida en segundo lugar. Y no sé quién puede negar que el ser humano posee capacidad psicológica, física, emocional y material para mirar por un segundo interés después del suyo, o incluso puede que por un tercero, y hasta un cuarto. Todo ello sin renunciar al primero, que solo goza del privilegio de ser anterior en el tiempo a los demás. No es tanto privilegio, bien mirado.

Ah, ojo: si eres un interesado, eres un egoísta. Sí. Pero un egoísta, no un desalmado que va por la vida pisando cráneos. Como decía antes, el interés propio no es una prohibición al interés por lo ajeno. "Por el interés te quiero, Andrés", se dice. Sí, pero nunca se dice que no existe una obligada relación causa-efecto entre utilizar a Andrés y causarle un perjuicio, ni a sabiendas, ni por desconocimiento. Andrés no solo no tiene porqué salir dañado, sino que hay posibilidad que salga beneficiado si se es capaz de encontrar vías para aunar los dos intereses ¿Cómo? Preguntando primero, negociando después, acordando finalmente. Está también en la capacidad humana.
Y aquí viene, o debería venir, el segundo consenso: no hay contradicción entre el interés egoísta y el interés altruista, ¿por qué entonces esa convención posmoderna a la que me refería según la cual, o tienes uno, o tienes el otro, pero no los dos a la vez? Es un gran misterio cultural, un paradigma que se nos echó encima como una niebla. Porque eso es lo que hizo: nublar un entendimiento elemental para la razón.

Y matemático. La de veces que hay que escuchar y leer: son los "Intereses partidistas". Y se supone que hay que poner cara de asco. Quizá porque lo higiénico es ser una parte sin intereses de parte. Ojo al dato: parte sin interés de parte; parte con supuesto interés general... sin constituir el sujeto general ni poder físicamente llegar a serlo, nunca. Algo está escacharrado en este nebuloso paradigma.

En definitiva: no hay lucha filosófica -ni por la vía de la Lógica, ni por la Ética, ni por la Política-, y no tiene por qué haberla, entre el "interés del Ego" y el "interés del Alter". Pero soy consciente que esta rebelión contra algo tan erróneo como intuitivamente paradigmático tiene todas las de perder. La batalla del lenguaje está ganada por la idea excluyente de que hay que elegir. Y sí, ya sé, luego están los célebres dilemas morales del mal el que menos, sacrificar lo menos valioso para salvar lo más valioso, etc. Pero es que no es esto de lo que he tratado específicamente en este artículo, que es un mero asunto de interés...
M i c k d o s

sábado, 23 de julio de 2022

DIVINOS Y DELIRANTES

La reciente decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de revertir el veredicto tomado en el caso Roe vs. Wade hace casi 50 años y privar de esta forma a millones de mujeres del derecho al aborto , al dejar la decisión sobre el mismo al libre arbitrio de los estados, no ha pillado a nadie de sorpresa dada la composición del tribunal, en el que se encuentran seis opusdeístas encumbrados al púlpito en un país de mayoría protestante. A lo largo de las últimas décadas, el Partido Republicano no ha desaprovechado ni una sola oportunidad de colocar a alguno de sus juristas predilectos y ultramontanos en el alto tribunal, mientras que los demócratas han actuado con su proverbial tibieza –cuando no entreguismo- de siempre, evitando los conflictos con los republicanos sobre este tema incluso cuando parecía inevitable ensarzarse en ellos. Por supuesto, los jueces que han tomado esta decisión saben perfectamente que no sólo los estados que han legalizado el aborto seguirán permitiéndolo, sino que las mujeres que residan en estados antiabortistas emigrarán hasta encontrar un sitio donde puedan practicar la operación que buscan, ya sea Canadá, México o cualquier otro estado norteamericano. Pero aquí se trataba no sólo de demostrar quien posee verdaderamente el poder, sino también de tomar una revancha de todo lo ocurrido en las permisivas décadas de los años sesenta y setenta del pasado siglo. La muchedumbre misógina, racista y reaccionaria no iba a conformarse con menos, aún a riesgo de que las poblaciones negra y latina, al ver dificultado el acceso al aborto, puedan crecer todavía más de lo previsto en las próximas décadas.

Sin embargo, hay un aspecto que a mí es el que me parece más interesante, y que está escapando a muchos análisis. Y es la posibilidad de que, desde un punto estrictamente legal, el SCOTUS (Supreme Court of the United States) tenga pura y simplemente razón.

En efecto, en ninguno de sus artículos o párrafos menciona la constitución de los Estados Unidos el derecho a abortar. ¿Y cómo iba a hacerlo en un texto redactado hace 246 años por un grupo de patriarcas esclavistas y comerciantes de la Nueva Inglaterra?

Una de las ideas que hay que desechar es que la revuelta que tuvo lugar en la América del Norte tuviera un carácter revolucionario, a diferencia de lo que si ocurrió con la revolución de Cromwell en Inglaterra en 1640 y, sobre todo, con la Revolución Francesa, la cual, como han mostrado todos los historiadores que la han tratado seriamente, no fue una sola revolución, sino como mínimo tres que se desarrollaron de manera paralela; la de los jacobinos, la de la Montaña, y la revolución protocomunista que encarnaron hombres como Graco Babeuf.

La llamada Revolución Americana, por el contrario, fue una revolución de grandes terratenientes esclavistas del sur e industriales de los estados del este contra el dominio colonial inglés, que frenaba o impedía empresas como la expansión más allá de los Montes Apalaches o los conocidos impuestos y aranceles decretados por la corona británica. El hecho de que en Inglaterra se alzaran cada vez más voces pidiendo justamente la abolición de la esclavitud fue justamente un motivo adicional de alarma para los terratenientes esclavistas sureños. Lo que se vendía como revolución democrática era en realidad un régimen político de propietarios en el que sólo los hombres blancos con una cierta fortuna tenían derecho al voto y a participar en la vida política. En realidad, en esto no era muy diferente de los pocos países europeos que ya entonces tenían un régimen político con un embrión de democracia burguesa. El derecho a voto para todos tardaría más de siglo y medio en conseguirse y eso de manera gradual –hasta los años sesenta del siglo XX los negros sureños no tendrían un derecho a voto real- , y no sólo eso; cuando uno lee los textos de los artífices de la independencia norteamericana, lo que encuentra es una cierta pobreza intelectual si los compara con las obras de los enciclopedistas franceses o con todo el debate político que conllevó la Revolución Francesa. En un artículo reciente, el periodista Thierry Meyssan hacía notar la diferencia entre la concepción anglosajona de los derechos del hombre, que apenas reconocen sino el derecho a la propiedad y la libre expresión, y los derechos del hombre proclamados por los pensadores franceses, que implicaban una participación política constante de la ciudadanía. Los autores de la constitución americana –Washington, Adams, Madison, entre otros- tenían muy claro que los asuntos de gobierno tenían que estar en unas pocas manos. Algo parecido ocurre con el sistema electoral estadounidense, en el cual lo realmente determinante no es el voto popular, sino el voto de los delegados por el colegio electoral de cada estado.

Por lo tanto, nada de lo ocurrido en ese Tribunal Supremo puede venir como una sorpresa. Pero el tribunal en cuestión no se ha limitado a cercenar el derecho al aborto de las mujeres norteamericanas. También ha privado casi de competencias a la EPA Environmental Protection Agency) al determinar que también en este asunto son los estados los que deben tener las competencias a la hora de determinar cuántos gases y sustancias tóxicas pueden desprender las empresas en sus procesos de producción. Se trata de volver a un tema preferido de los republicanos en las últimas décadas; minar las competencias del gobierno de Washington a fin de mantener con mayor facilidad los numerosos reductos de supremacismo, radicalismo religioso y desprecio total al medio ambiente en beneficio de las grandes compañías. Todo eso bajo el rancío lema de los “state rights”, invocados en su día por el mismísimo Ronald Reagan. Por supuesto, que el mantener esta política ecocida implica también un negacionismo no sólo religioso sino también referido a las cuestiones del medio ambiente.

Pero esta extrema derecha norteamericana no se limita a orquestar todas estas campañas dentro de su propio territorio, sino que sabe exportarlas al resto del mundo, a menudo bajo la batuta de Steve Bannon, el más famoso de los consejeros del anterior presidente Trump, y líder autoreconocido de la llamada Internacional de la Alt-Right, la derecha alternativa con sus verdades alternativas y casi sus universos paralelos. Una de sus teorías favoritas es la célebre “Replacement Theory”, según la cual unas élites mundiales, probablemente dirigidas por George Soros, estarían llevando a cabo un plan para sustituir a la raza blanca por la raza árabe o africana en Europa, y por las diversas minorías étnicas en los Estados Unidos, donde la mayoría WASP, que según los cálculos dejará de ser tal alrededor del año 2044, se convertiría en minoritaria en su propio país.

También la práctica del llamado “lawfare” se ha extendido de los Estados Unidos a muchos países del mundo. El caso de Brasil y la persecución política a los líderes progresistas Lula y Dilma Rousseff fue paradigmática en este sentido dentro de la famosa operación Lava Jato, un muestra de manual de cómo una operación policial y judicial puede convertirse en realidad en una purga política. Pero operaciones muy parecidas se han dado en países como Polonia y ¡oh, herejía!, en la Ucrania del supuesto héroe de la democracia Zelenski. En España tenemos nuestra propia casta judicial, poco menos que inamovible e inasequible al desaliento, y , mucho más todavía, a la renovación.

En la Edad Media y en los siglos que precedieron a la Revolución Francesa, se tenía por verdad establecida que los reyes lo eran por derecho divino. Más tarde, la aparición de la Ilustración y de la democracia burguesa dio fin a esta idea, aunque no necesariamente a la monarquía que se ha perpetuado en diversos países europeos bajo la apariencia de la monarquía constitucional. Pero en las modernas democracias limitadas, en las que la voluntad de la ciudadanía cada vez cuenta menos y la de los poderes en la sombra cada vez resulta más evidente y asfixiante, los jueces de instituciones como un tribunal supremo , especialmente si su mandato es de por vida, han adquirido un cierto halo de divinidad. El que muchas de sus decisiones sean consideradas como delirantes por los ciudadanos es un riesgo que el sistema ha decidido asumir alegremente. 

V E L E T R I

lunes, 18 de julio de 2022

Diferencias entre personas y personajes, o por qué no me gusta ningún Corral...

Lo único que alcancé a entender de la sesuda presentación de la Liminalidad es que se trata de un UMBRAL, y que la adolescencia es una de esas situaciones difusas y confusas a la que se puede aplicar ese término. Intelectualmente, uno es un maestro-escuela que no llega a licenciado; vitalmente, me siento adolescente en permanente búsqueda y cuestionamiento, por más que el espejo me devuelva la imagen de un señor calvo y con barriga.

Si puedo aportar algo, es lo que he escuchado a personas más sabias que yo y lo poco que recuerdo de autores que considero lúcidos. En ambos casos, de forma oral o escrita, uno se enriquece con personas que han explorado un aspecto de la condición humana.

De chaval me fascinaron las nociones de etimología: descubrir que "persona" era la máscara con la que los actores griegos transmitían su papel cómico, trágico o ambiguo como la vida misma. Sin embargo, el mejor regalo para mí ha sido el privilegio de conocer y dialogar con Personas sin careta, que se expresaban con la solidez y humildad de una vida coherente. Pero me ha servido para detectar a los Personajes pagados de sí mismos, impostados, el Vanidoso del Principito que vive por y para el aplauso superficial: el Postureo actual.

Siempre creí que a los amigos se les puede contar con los dedos de una mano, porque nunca dudé que "amigo es quien recibe tu llamada a las 2 de la mañana, y a las 3 está en tu casa". Creo en esa lealtad incondicional para ayudar pero también para hacerte ver que estás metiendo la pata y ayudarte a salir del apuro: un amigo ve tus defectos, pero los suaviza en beneficio de todos.

Al llegar al Blog encontré de todo: Personas y Personajes, individuos que hablaban desde las entrañas y otros que comentaban desde la distancia de lo impersonal con su ideología. Yo no soy un intelectual, y hablo desde mis entrañas, con las emociones del trato humano que permite crecer en la infancia y que necesitan los adolescentes para forjar su personalidad. No he renunciado a ese trato cálido durante mi juventud ni madurez, ha sido mi herramienta educativa en el aula y con las familias de mis alumnos. Y ha sido mi forma de seleccionar a las personas que podía estimar como "amigos" o sólo "compañeros", o dejarlos en "conocidos" y hasta desechar los "impresentables" que sentía tóxicos. Son mis propias "Reglas", muy parecidas en la vida real y en el espacio virtual de un Foro. Rotundamente distintas a las de muchos: a algunos les parecen ridículas o pueriles, y a otros incluso aberrantes porque nada tiene que ver con el anonimato que desean en Internet.

Durante 4 años, en el Blog Coral aprendí mucho, de la humanidad de los recuerdos y compromisos de muchos, y de los retos intelectuales de otros para proponer argumentos que contrarrestaran su visión "liberal" y desesperanzada sobre la bondad de las personas, sus objeciones al derecho a la igualdad de oportunidades y su ceguera ante la impunidad con la que los poderosos manipulan las reglas de juego para que siempre gane la Banca.

Ahora me encuentro en una encrucijada: baneado desde hace dos semanas se me propone participar en este otro Blog donde, extrañamente, no entra nadie que no sea del antiguo. ¿Dejar el Asilo frenopático y entrar en el Convento con la Madre superiora omnipresente, con cien comentarios diarios?. De nuevo la Etimología viene en mi auxilio: una Encrucijada no es una Bifurcación con dos opciones. Es un cruce de dos caminos donde se puede tirar a derecha, izquierda o seguir de frente. Toda la vida he sido respondón e imprevisible, aun renunciando a la comodidad, y uno ya está mayor para dejar de tener "genio y figura...hasta la sepultura".

Tiro por el camino de en medio, sin disponer del altavoz de ningún Blog ni disfrutar de los comentarios de personas a quienes estimo en alto grado. Me voy con mi Silencio, ligero de equipaje, agradecido de este periplo que ha durando tanto como la primera circunnavegación de El Cano: tres años y pico. Como Machado "me debéis lo que he escrito". Nuevos retos, nuevas Personas que encontrar...así es como merece la pena vivir.

Sentido común