lunes, 24 de marzo de 2025

LA POESÍA HA MUERTO

Hubo un tiempo en el que la palabra servía para algo más que llenar el aire de ruido. Un tiempo en el que la palabra era un refugio, un arte, un espacio donde la verdad y la belleza podían convivir. Se podía hablar con metáforas, construir discursos complejos, debatir con respeto y sostener la ironía sin que nadie fingiera no entenderla. La política era el arte de la persuasión, no un mercado de odio.

Las palabras podían conmover, hacer pensar, tender puentes entre ideas e incluso entre personas. Hubo un tiempo en el que el lenguaje tenía matices, en el que no todo era un aullido de guerra. Un tiempo en el que con la palabra se podía negociar. Pero ese tiempo pasó.

█ La poesía ha muerto

Y no ha sido una muerte natural, sino un asesinato con premeditación y alevosía. Sus verdugos han sido la mentira, la agresividad y el desprecio por la inteligencia, tres herramientas que algunos han convertido en su manual de comunicación. Han entendido que, en la era de la inmediatez, la comunicación ya no es un arte, sino un arma. Han creado una trituradora de significados en la que las palabras no importan por su valor, sino por su impacto. Hoy, las palabras ya no buscan iluminar, sino cegar. No se pretende argumentar, sino aplastar. Ya no sirven para comprender el mundo, sino para deformarlo. No se usan para tender puentes, sino para cavar trincheras.

█ Mentiras a gritos

Han comprendido algo esencial: la verdad es lenta, aburrida y, en muchos casos, difícil de digerir. La mentira, en cambio, es rápida, atractiva y rentable. Ya no importa que algo sea cierto, solo importa que funcione. Un bulo bien diseñado puede recorrer el mundo antes de que la verdad haya salido de la cama.

En otro tiempo, cuando un político era atrapado en una mentira, su carrera podía verse afectada. La vergüenza, el escándalo y el escrutinio público aún tenían cierto peso.

Ahora, la mentira no solo no se oculta, sino que se exhibe con orgullo. Y si alguien la desmonta, se responde con otra aún más estridente. Desmentir ya no sirve de nada: el objetivo no es convencer, sino saturar el espacio con tantas falsedades que la verdad quede sepultada.

█ La fábrica de bulos: cuando la verdad es irrelevante

El bulo ha reemplazado al argumento. ¿Que los inmigrantes no están colapsando la sanidad pública? No importa, se repite hasta que parezca cierto. ¿Que la economía no está al borde del abismo? Da igual, se agita el miedo. ¿Que las feministas no quieren destruir la familia? No pasa nada, se las acusa de odiar a los hombres. Algunos no necesitan hechos, solo relatos eficaces. Y cuanto más simples, mejor.

Los bulos han dejado de ser simples errores o exageraciones para convertirse en la piedra angular de la comunicación política. Su éxito radica en que han entendido que la verdad es irrelevante cuando logras provocar emociones. No necesitan demostrar nada, solo hacer que la gente sienta miedo o rabia. Un tuit con una afirmación incendiaria tiene más impacto que un informe de 200 páginas. La indignación se propaga más rápido que la evidencia. Y en este juego, la mentira es el recurso más barato y rentable.

█ El insulto como estrategia y herramienta política

Junto con la mentira, el insulto se ha convertido en la otra gran arma de comunicación. No hace falta debatir si se puede descalificar. No es necesario refutar cuando se puede humillar.

El insulto ya no es un error, es una seña de identidad. Funciona porque simplifica la realidad. No hay que explicar por qué algo está mal o es problemático, basta con etiquetar a alguien como “enemigo”. Quienes se presentan como defensores de la patria no tienen reparos en llamar “traidores” a sus propios compatriotas. Todo aquel que no se pliegue a su discurso es un corrupto, un manipulador o un idiota.

Y no es casualidad. La política del insulto tiene una función clara: deshumanizar al adversario para que cualquier ataque contra él esté justificado. Es más fácil despreciar y, si llega el caso, perseguir a quienes han sido reducidos a simples etiquetas. Algunos han convertido la palabra en una granada de mano: su objetivo no es argumentar, sino destrozar.

Han comprendido que la política, en la era digital, se parece más a un combate de lucha libre que a un parlamento. Y en este espectáculo, la violencia verbal es un activo. Da igual si lo que dicen es absurdo o contradictorio. Lo importante es que suene potente, que genere ruido. En este juego, los argumentos son aburridos; los insultos, en cambio, son virales.

Se ha pasado del debate político al linchamiento público. La política ha sido reducida a un show de gritos y agresiones verbales en el que gana quien golpea más fuerte, no quien tiene la mejor idea.

█ La violencia del lenguaje

Las palabras importan. Construyen realidades. Cuando se normalizan el odio y la mentira, las consecuencias no tardan en manifestarse en el mundo físico. No es casualidad que en los países donde la ultraderecha ha ascendido, la violencia contra periodistas, activistas y minorías haya aumentado.

El insulto y la manipulación no son solo estrategias de comunicación, son estrategias de poder. No buscan únicamente ganar debates, buscan moldear la sociedad en su beneficio. Porque cuando el lenguaje se degrada, la política también se degrada. Y cuando la política se convierte en una guerra de trincheras verbales, el siguiente paso es que esas trincheras se trasladen a la calle.

No es casualidad que los ataques contra la prensa aumenten. No es casualidad que las instituciones democráticas sean deslegitimadas con bulos. No es casualidad que los discursos de odio proliferen y que muchos acaben sintiéndose legitimados para actuar en consecuencia. La violencia empieza con las palabras. Y si se deja crecer, acaba en los hechos.

█ El fin del matiz: o conmigo o contra mí

Algunos no solo han destruido la verdad y la decencia en el debate público, también han erradicado los matices. El lenguaje se ha vuelto binario: patriotas o traidores, héroes o enemigos, buenos o malos.

La complejidad ya no tiene cabida en el discurso político. Cualquier intento de análisis serio es tachado de “relativismo”, de “progresismo blando” o de “intelectualismo elitista”. En su mundo, si no repites su discurso palabra por palabra, eres parte del problema.

El lenguaje ha sido secuestrado y pervertido. Y en este nuevo mundo de gritos y falacias, la poesía con su delicadeza, su búsqueda de significado y su respeto por la complejidad es el primer cadáver en el suelo. 

█ Se acabó la poesía, pero no la lucha

Nos han arrebatado la poesía, pero no debemos permitir que nos arrebaten la palabra. Si ellos han convertido el lenguaje en un arma de destrucción, nosotros debemos recuperarlo como un arma de resistencia.

El antídoto contra la mentira es la verdad, aunque esta sea más difícil de propagar. El antídoto contra el insulto es la inteligencia, aunque sea más difícil de escuchar entre tanto ruido. Y el antídoto contra el odio es la firmeza, porque el silencio solo fortalece a los que gritan.

La poesía ha muerto, sí. Pero la historia nos enseña que la poesía siempre resucita. Se acabó la poesía. Pero todavía hay quienes nos negamos a aceptarlo.

G e r t r u d i s

domingo, 23 de febrero de 2025

EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS [y la madre que lo parió]

Desde la aprobación de la Constitución de 1978, el modelo de autonomías en España ha sido un tema de intenso debate y análisis. La creación de un sistema que otorgara a las distintas comunidades autónomas un grado significativo de autogobierno fue, sin duda, uno de los logros más destacados de la Transición. Sin embargo, este proceso, que muchos han calificado como "café para todos", ha generado tanto ventajas como desventajas que merecen ser examinadas con un enfoque crítico.

El diseño del modelo autonómico fue impulsado por la necesidad de reconciliar las diversas identidades y aspiraciones territoriales en un país marcado siempre por tensiones históricas de todo tipo. La idea era ofrecer un marco que permitiera a las comunidades gestionar sus propios asuntos, desde la educación hasta la sanidad, respetando al mismo tiempo la unidad del Estado. Sin embargo, este enfoque ha llevado a una fragmentación del poder que, en ocasiones, ha dificultado la cohesión nacional.

Entre las ventajas del sistema autonómico se encuentra la capacidad de las comunidades para adaptar políticas a sus realidades locales. Esto ha permitido, por ejemplo, que regiones con características socioeconómicas particulares implementen soluciones más efectivas en áreas como la educación y la sanidad. Además, el autogobierno ha fomentado un sentido de pertenencia y participación ciudadana en muchas comunidades.

No obstante, las desventajas son igualmente significativas. La proliferación de gobiernos autonómicos ha generado un aumento en la burocracia y, en algunos casos, ha dado lugar a duplicidades en la gestión de servicios públicos. Asimismo, el modelo ha sido criticado por alimentar nacionalismos regionales que, en ocasiones, desafían la unidad del Estado. La percepción de que algunas comunidades reciben más recursos que otras ha alimentado tensiones y resentimientos, lo que ha llevado a un debate sobre la equidad del sistema.

El sesgo crítico hacia el diseño del modelo autonómico también puede apuntar a los intereses políticos de los artífices de la Transición. Muchos de ellos, al optar por un enfoque que buscaba satisfacer a todas las partes, dejaron de lado una discusión más profunda sobre la naturaleza del Estado español y su diversidad. Este "café para todos" ha resultado en un sistema que, si bien ha permitido la autogestión, también ha creado un escenario donde las diferencias regionales pueden convertirse en conflictos políticos.

En conclusión, el estado de las autonomías en España es un reflejo de un proceso complejo que ha traído consigo tanto logros como retos. Si bien el autogobierno ha permitido a las comunidades gestionar sus propios asuntos, también ha generado tensiones que requieren un análisis crítico y una revisión del modelo. La pregunta que queda es si el "café para todos" puede evolucionar hacia un sistema más cohesionado y equitativo, capaz de responder a las necesidades de un país en constante cambio.

El anterior acercamiento a la cuestión está hecho desde un punto de vista en el que se obvia hablar de los mayores enemigos del actual Estado de las Autonomías, desde que se diseñó e implementó hasta la época actual: Los actores políticos más extremos, tanto del nacionalismo español como del independentismo de las llamadas nacionalidades históricas. Hagámoslo ahora:

El Estado de las Autonomías, que fue diseñado para ofrecer un cierto grado de autogobierno a las diferentes comunidades sin que se pusiera en riesgo la unidad de España, ha resultado ser un modelo que no satisface completamente a ninguno de los dos extremos del espectro político: El nacionalismo español más recalcitrante y el independentismo más o menos extremo de alguno de los territorios históricamente diferenciados de la matriz cultural castellana del Estado español.

Por un lado, el nacionalismo español más fuerte tiende a ver el Estado de las Autonomías como un sistema que fragmenta la unidad nacional. Para ellos, la diversidad de competencias y la autonomía de las comunidades pueden percibirse como una amenaza a la cohesión del país. En este sentido, una recentralización al estilo jacobino, como la que existe en Francia (otro Estado que acoge diferentes pueblos, lenguas y culturas), podría ser más atractiva, ya que fortalecería el control del gobierno central y promovería una identidad nacional más unificada.

Por otro lado, el independentismo de las nacionalidades históricas, como Cataluña, Galicia o el País Vasco, siente que el Estado de las Autonomías no les otorga el nivel de autogobierno que desean. Para estos grupos, el federalismo o confederalismo podría ser una solución más adecuada, ya que permitiría una mayor autonomía y reconocimiento de sus identidades y derechos históricos, sin necesariamente romper con el Estado español.

Así que, en resumen, el Estado de las Autonomías se queda corto para satisfacer las demandas de ambos lados. La situación actual sugiere que, tarde o temprano, El Estado español tendrá que decidirse por una de las dos soluciones: o avanzar hacia un modelo más federal o confederal que reconozca las aspiraciones de las nacionalidades históricas, o bien optar por una recentralización que refuerce la unidad nacional y la homogeneidad. Es un dilema que requiere un diálogo profundo y constructivo que, a día de hoy, no se ha conseguido establecer entre todos los actores políticos implicados. Además, en la actualidad, el estado de las autonomías se enfrenta a nuevos desafíos. La crisis económica, la pandemia de COVID-19 y el resurgimiento y auge de movimientos independentistas han puesto a prueba la viabilidad del modelo. La necesidad de una mayor coordinación entre las comunidades y el gobierno central se hace evidente, así como la urgencia de revisar un sistema que, en su concepción original, buscaba la estabilidad y la paz social, pero que, a día de hoy, puede no responder ya a los objetivos iniciales.

O n i b a b a

martes, 28 de enero de 2025

La IA, ¿herramienta de opresión o de liberación?

La IA actual es una tecnología que combina datos (ya sean introducidos manualmente o recolectados automáticamente de la red), algoritmos (software) y sistemas físicos computacionales (hardware), lo que permite a las máquinas realizar tareas asociadas a la inteligencia humana, como p. ej. el reconocimiento de imágenes, la comprensión del lenguaje natural, la toma de decisiones...

Su característica distintiva es la capacidad de aprender y adaptarse a partir de datos y experiencias, esa es conocida como Machine Learning (aprendizaje autónomo sin programación previa).

Un aspecto clave —y madre del cordero— que distingue a los humanos de las máquinas es la metacognición: la capacidad de ser conscientes de nuestra propia consciencia. Actualmente, la IA carece de esta capacidad. Aún más, nosotros mismos no comprendemos del todo cómo se generan las emociones, los sentimientos y la consciencia en nuestro cerebro que funciona como un sistema adaptativo extraordinariamente complejo.

Si en algún momento se logra desarrollar una IA consciente, sería gracias a tecnologías aún más avanzadas, como la computación cuántica. Los sistemas actuales, aunque impresionantes, generan únicamente la ilusión de inteligencia mediante la alta velocidad de procesamiento y la manipulación masiva de datos.

El desarrollo de la IA plantea numerosas preguntas éticas, filosóficas y prácticas; entre ellas:

 ¿Será siempre diferente el cerebro humano de una IA?

 ¿Llegará la IA a tener consciencia en un futuro cercano?

 ¿Pueden las IA desarrollar metacognición?

 ¿Es peligrosa la IA y deberíamos regularla para evitar riesgos?

 ¿Alguna IA actual tiene capacidad de abstracción o la adquirirá?

 ¿Qué papel docente y de gestión ha de jugar en los centros de enseñanza?

 ¿Puede una IA crear arte?

 ¿Es positivo que la IA elimine muchos trabajos humanos ya en el corto plazo?

 ¿Podría surgir una conciencia artificial igual o superior a la humana?

 ¿Podrían las IA manipularnos en el futuro?

 ¿Puede una IA llegar a creer en seres divinos o, por el contrario, elaborar un nuevo materialismo?

 ¿Estamos llamando "IA" a procesos que en realidad son complejos automatismos programados?

 Si logramos copiar la información de un cerebro humano en un ordenador, ¿crearíamos dos "Yo"?

 En buena parte, es la IA una burbuja de marketing destinada a explotar?

 En definitiva, ¿es la IA una herramienta de liberación ...o de opresión?

El cerebro humano es un sistema biológico adaptativo increíblemente eficiente, capaz de combinar procesos racionales, emocionales, críticos y creativos. Algunos aspectos clave que distinguen el cerebro humano de las IA actuales incluyen consciencia y subjetividad, conexiones, flexibilidad, metacognición (pensar en nuestros propios pensamientos) y autoconciencia. Por otro lado, las máquinas superan al cerebro humano en velocidad de procesamiento y almacenamiento masivo de datos.

Uno de los debates más fascinantes y controvertidos es si la IA podrá desarrollar consciencia algún día y —perdonad el pleonasmo— pensamiento crítico. La consciencia, entendida como la capacidad de experimentar subjetivamente, está lejos de ser comprendida incluso en el ámbito humano. 

El impacto de la inteligencia artificial trasciende lo técnico, tocando cuestiones éticas, económicas y sociales. A medida que las máquinas se integran en más aspectos de nuestras vidas, surgen nuevos temores sobre su incidencia en la eliminación de puestos de trabajo, sobre si puede detentar sesgos raciales, sexistas, de clase (se estima que a día de hoy, las IA son tan imparciales o parciales como los datos con los que se entrenan; si esos datos contienen esos sesgos humanos, las máquinas los replicarán y amplificarán), o temores sobre la privacidad, control de la población o la seguridad.

Pero el debate más interesante es sobre si la IA tiene el potencial de convertirse en herramienta de liberación o de opresión para la población.

Un ejemplo es el uso de IA en la vigilancia masiva, como se observa en algunos países, donde los sistemas de reconocimiento facial y análisis de datos se emplean para controlar a la población. En este contexto, la IA deja de ser una herramienta de progreso y se convierte en un mecanismo de opresión.

Un pensamiento inquietante es la posibilidad de copiar toda la información de un cerebro humano en una máquina. Esto plantea preguntas filosóficas profundas:

  ¿Esa copia sería realmente "tú" o solo una simulación de tu personalidad y recuerdos?

 ¿Es posible que existan dos "Yo" independientes con la misma información inicial, pero con unas experiencias y respuestas divergentes a partir de su separación?

Estas cuestiones no solo afectan nuestra comprensión de la IA, sino también nuestra concepción de la identidad y la humanidad propias.

Concluyendo, la inteligencia artificial es una de las fuerzas más transformadoras de nuestra era, con el poder de amplificar tanto nuestras capacidades como nuestras vulnerabilidades. Más allá de los logros técnicos, la verdadera cuestión radica en cómo elegimos usarla: ¿será un catalizador para la justicia y el progreso o un agente de desigualdad y control?

El futuro de la IA no está predeterminado; está en nuestras manos decidir qué papel queremos que juegue en nuestra sociedad. Como dijo Alan Turing, "en lugar de preguntarnos si las máquinas pueden pensar, deberíamos preguntarnos si pueden hacer lo que hacemos los humanos".

La IA tiene un enorme potencial para transformar nuestras vidas y el futuro, pero también plantea diversos desafíos significativos. Si bien hemos avanzado mucho desde los días de Turing y la computadora Deep Blue, aún queda un muy largo camino por recorrer para entender cómo la IA puede imitar (o incluso superar quizá) la complejidad del cerebro humano. El reto no es solo tecnológico sino profundamente humano.

La clave está en orientar el desarrollo de la IA hacia el beneficio colectivo, garantizando que esta tecnología se utilice de manera ética y equitativa. ¿Será la IA una herramienta de progreso y empoderamiento del colectivo o un riesgo de control absoluto y distópico para nuestra sociedad? El futuro dependerá de cómo, quiénes y para qué se aborden estas cuestiones que interseccionan innovación, política, economía y ética y de si utilizamos sistemas programáticos de código abierto, transparente, gratuito y controlable como la IA china DeepSeek, p. ej., que en un tiempo récord ha hecho caer en picado la cotización en la Bolsa de las tecnológicas occidentales, o cerrado, propietario y con gran secretismo como mayoritariamente se está haciendo por estos lares.

R E S I L I E N T

lunes, 18 de noviembre de 2024

DIÁLOGOS, MONÓLOGOS Y FRONTONES

Hace poco oí en la radio a un locutor que ensalzaba las virtudes del diálogo en el Parlamento, que se supone que tiene ese nombre porque es el lugar idóneo para parlamentar: la sede parlamentaria. El susodicho locutor soltaba los tópicos de la dialéctica, la mayéutica (gran palabro, pardiez), los griegos como inventores del diálogo, etc. Y pensé que alguien debería decir a este pobre hombre que en España, hoy polarizada, somos más de soltar monólogos, ladrillazos, speechs, mítines y arengas mientras descalificamos, ridiculizamos y humillamos al contrario. Algo parecido a lo que hacemos en el Blog, aunque aquí somos más pedestres con los zascas: quizás los señores parlamentarios hacen lo mismo, pero con traje y corbata.

He escuchado a Juan José Millas hablar de “diálogo y tender puentes con el adversario” y leído una entrevista a Pérez Reverte en la que dice que “el problema de hoy en España es que nadie ve una virtud en el bando enemigo”. Ambos escritores, uno de derechas y otro de izquierdas, comparten el mismo diagnóstico chungo sobre el diálogo en España. Sea como sea, nos cuesta reconocer las virtudes del contrario ideológico y dialogar con él: los españoles no somos de mucho diálogo, parece.
Poniéndonos en plan “libro gordo de Petete”, la primera condición de un buen diálogo sería saber escuchar. Otros requisitos serían el respeto por el otro, capacidad crítica (y autocrítica), humildad (pensar que el otro puede tener razón), tolerancia (cualidad escasa), empatía (más escasa aún), sinceridad, imparcialidad y cordialidad. Siendo naifs, la finalidad de un buen diálogo sería la búsqueda de la verdad. Pero esto no es lo frecuente en un mundo en el que la mentira, los bulos, las fake news y la manipulación en la comunicación son moneda corriente.

El binomio diálogo-verdad ha sido sustituido por el binomio comunicación-mentira: lo que prima en la sociedad moderna es la comunicación de relatos y narrativas, no el diálogo. Quizás este cambio de paradigma se deba al triunfo de la ideología, considerada casi como religión, sobre otras valoraciones. Por eso Sylvain Timsit habla de sus “10 estrategias de manipulación mediática” para el control social por los medios de comunicación. Así que no se busca el diálogo y la verdad, sino comunicar relatos y narrativas: es el triunfo de la propaganda sofisticada y sibilina basada en el “neuromarketing, marketing emocional y storytelling”. Se trabaja en las emociones y se crean historias falsas que pasan directamente al tálamo y amígdala sin que procese el lóbulo frontal. O sea, mentiras, fakes y bulos en un mundo donde el límite entre la verdad y la mentira es cada vez más difuso y triunfa la posverdad.
La búsqueda de la verdad mediante el diálogo ha sido sustituida por la comunicación y el activismo de los relatos porque eso es la postmodernidad, la psicopolítica y el lavado de cerebro. Esa postmodernidad que nos trae la deconstrucción sistemática de los paradigmas tradicionales y el abandono de las verdades sólidas, con lo que llegamos a una realidad troceada en universos fragmentados y microrrelatos impregnados de individualismo, incertidumbre y subjetividad. En la sociedad postmoderna actual ya no son posibles los grandes relatos de la modernidad, como el comunismo, el liberalismo, el fascismo, el anarquismo etc., por lo que la verdad estaría conformada por pequeños microrrelatos o metanarrativas, con las consiguientes incredulidad y escepticismo sociales. Por eso en el mundo actual todo es incertidumbre, individualismo y subjetividad: es el pensamiento líquido y débil de Bauman y Vattimo , que hablan de superar el pensamiento fuerte y sólido de las grandes verdades filosóficas e históricas. Por eso Deleuze no veía al filósofo como buscador de la verdad sino como inventor de nuevos conceptos y nuevas palabras: un artesano creador (Foucault dice lo mismo cuando habla de crear una neolengua para nuevas verdades). Yo añado que se buscan nuevas palabras para nuevas mentiras bien narradas. Por eso Ricoeur decía que identidad social está constituida de forma narrativa y Foucault que no hay conocimiento objetivo, sino epistemes o sistemas de conocimiento creados por grupos de poder.

Si el hombre moderno pierde la capacidad de dialogar con espíritu crítico para acercarse a la verdad, será presa fácil de comunicadores creativos, narradores cuentistas y embaucadores imaginativos. Así que rebelémonos contra esos comunicadores mentirosos y expertos en neuromarketing, no nos traguemos sus narrativas de forma pasiva, pensemos, dialoguemos con el distinto y no seamos un frontón contra el que rebotan ideas novedosas. Es mejor jugar al tenis de las ideas que al frontón monolítico de nuestra zona de confort: quizás no lleguemos a la verdad absoluta, pero estaremos más cerca de ella, entenderemos al otro y nos sentiremos mejor. Y así, mediante ese diálogo crítico, seremos inmunes a las guerras cognitivas y psicológicas que quieren ganar nuestras mentes y nuestros corazones mediante los monólogos de la propaganda y la posverdad. ■

Y tú?
¿dialogas o sueltas tu monólogo?
¿escuchas al otro o comunicas tu relato?


Un Tipo Razonable

sábado, 19 de octubre de 2024

VIAJE AL CENTRO DE LISBOA EN OCHENTA HORAS

Desde mi más tierna e intuitiva* infancia, allá entre los 4 y 8 años, nunca emprendí, voluntaria u obligada aventura en la que, antes de partir a descubrir, no tuviera presente aquella sencilla conclusión, muy bien expresada por el poeta griego Constantino Cavafis en su clásico poema "Ítaca", a través de la cual se resume que tan importante es el camino como el destino.
 
(*) Intuición como "común teórica facultad para comprender ciertas cosas al instante, sin necesidad de realizar complejos razonamientos y de significado", lejos de toda relación con esoterismos.

Teniendo esto en cuenta, así como en la novela de Verne, dispusímonos a pronunciar nuestros nombres antes de dar el primer paso en el camino, dirección a la entrada secreta que delató el primer rayo de sol durante aquella fría mañana de noviembre.

— Pepeluí, que no es por ahí.
— Cierto, Di. Mu bien. Confundí el andén.

 Democracia pura en autobús lanza-dura
 En la Terminal 2, ya en el autobús lanzadera hacia la Terminal 1 del aeropuerto y subiendo por la puerta trasera, quedamos de pie a la espera de la siguiente pantalla a sortear. Antes de arrancar, un vigilante de la zona hizo lo mismo para recordar a los pasajeros la obligatoriedad de llevar puesta la mascarilla, aun cuando de los medios en las cadenas había desaparecido completamente toda noticia relevante sobre el apocalipsis zombi ocurrido años anteriores.

A nuestra derecha, en la parte posterior del habitáculo, un hombre acompañado con quienes pudieran ser sus dos jóvenes vástagos. Los tres de evidente descendencia africana, posiblemente de camino al encuentro con algún ser querido aún por aterrizar, habían olvidado dichoso atuendo, a riesgo de inminente divorcio con la señora ley. En clara intención por subsanar tan inmisericorde atentado contra la salud pública, el malvado villano Nebuslizador no optó por otra solución que no fuese echar mano del cuello largo de su jersey para taparse las partes tosendas en aras de vender cuello de jersey por nasobuco. 

— Allá fuera hay una tienda donde se pueden comprar, sugirió el implacable revisor. 

Pobre de ellos. Hasta aquel instante no supieron el injustificable error que cometieron. A saber del reguero de víctimas con las que sembraron el camino que selló para siempre su destino. 
Ante la imposibilidad de evitar el retraso que aquello les acarrearía sin siquiera tener la fortuna de divisar a algún vendedor ambulante que pasara cerca en aquel instante, no tuvieron más remedio que bajar por donde entraron. Con la misma expresión de desilusión que en tiempos renacuajiles lucía yo mismo descendiendo a los infiernos de la incomprensión y el desatino. Cabizbajo y absorbido por las vertiginosas y empinadas escaleras forradas de incandescente lava desde aquel endiablado bar, después de haber erogado hasta el último de mis veinte duros entre milloncetes, comecocos y gominolas, parpadeaba incesantemente en mi retina "Insert Coin, se acabó por hoy".

(Y bueno, corto el rollo porque se me va el santo a la batalla de Lepanto pasando del meollo)

La cuestión es que ahí no acaba el glorioso ejemplo de profesionalidad, valor e impagable gallardía que demuestran las fuerzas de seguridad de tercera categoría, segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora y día tras día, velando incansablemente por la integridad y la salud de todos nosotros, los ciudadanos libres; incluso durante sagrados momentos en los que nos hallamos reforestando el planeta o con la portañica abierta.

Sin ir más lejos, a nuestra izquierda se encontraba otro señor de mediana edad con un par de orondas maletas, solo que de tez, cabello y piel de distinta tonalidad, además de inocentes, puros, cristalinos, brillantes y divinos ojitos claros, al que en cuestión de segundos le empezó a cambiar algo la cara. Como si de una figurita del tiempo que pronosticase anticiclón y bonanza, pasó a anunciar fuertes lluvias torrenciales y marejada o tifón del copón. Los desesperados intentos tratando de encontrar en evidente angustia la tabla de salvación para no perecer vanamente en Diluvio Universal, engullido por una ola de justicia, fueron de mayor tensión para mis ojos que cualquiera de las tandas de penaltis en una Final de Mundial donde jugase el equipo al que hubiera apostado todos mis ahorros. Una mezcla de pavor o terror, buscando solución a tal desagravio y haciendo frustrado ademán por encontrar el ansiado cáliz de plata como si la vida le fuese en ello, más sin obtener resultado.

Inmediatamente después de que nuestro héroe regional se apease del transporte sin que hubiera prestado la más mínima atención al Elegido a ser el próximo en "subir" al patíbulo, las puertas se cerraron y nos pusimos en marcha hacia la siguiente gruta, sin que este hubiese conseguido su objetivo y ni ganas por seguir actuando. De todos modos hay que reconocerle haber hecho muy buen papel, ayudado por el Apuntaor. Cómo no.

 Una bomba no, pero sí ciento dos
Aunque por el año de mi quinta y la ubicación a la que llegué a eres al check-in, después de pasar bajo el arco sobre el que pude imaginar el rótulo de bienvenida "El Control os hará libres", tras haberme desprendido de todo lo que se lleva en los bolsillos: la chaqueta, el cinturón, incluso el calzado, pude llegar a imaginarme cual cordero camino al crematorio en vestíbulo de Auschwitz. Delirantemente denigrante. Bonita manera de comenzar un viaje para liberarse del estrés. Me preguntaba quién se iba a ahorrar ese día unas perrillas en espuma de afeitar al colgar el uniforme, porque no se puede transportar un recipiente de más de 300 ml, pero sí se permiten todos los que quieras de 100 ml.

Una vez embarcados y de vuelta a la realidad, llegó el momento más emocionante cuando el pájaro despega del suelo. Imagino que es lo más cercano a aquello que cuentan sobre bilocaciones durante el sueño. El vuelo, de apenas una hora, da para ir dos o tres veces a la tualete a quien sufra de flojera intestinal. Más o menos como cuando aprieta la vejiga, obligando a buscar el baño con urgencia.

El aterrizaje es otro de esos momentos en los que, inevitablemente, a cualquiera se le puede llegar a pasar por la cabeza la idea de si ese día estará debidamente presentable para saltar a la fama ocupando la primera plana de todos los periódicos, pero normalmente pasa como en la lotería.

Con los pies en tierra, en el Humberto Delgado y con un día despejado, nos dispusimos a coger el Metropolitano para vérnoslas cara a cara con la siguiente gruta o pantalla: el check-in del lugar donde íbamos a pernoctar durante tres noches. Locas, locas noches. Ya contaré, ya. Exclusivamente la última.

Convenientemente, en la parada de Metro del aeropuerto había un señor muy atento que ayudaba a los visitantes a comprar billetes en aquellas endiabladas máquinas. Otra aventura con los dichosos bonos Viagem para quien no tenga ni idea de aquel sistema o no haya estudiado en su puta vida el portugueiro.
 Patinetes cual champiñones
Apeados en la estación de Campo Pequeno, caminando hasta el lugar de "descanso", se nos hizo extraño ver unos cuantos patinetes eléctricos sobre las aceras, dispuestos la mayoría de cualquier manera. Así como aquellas aceras hechas de adoquines de color blanco, de 5x5, de entre los cuales, en algunas zonas, brotaba la hierba que le daba a las calles cierto aire rústico. En calles con cierta pendiente, se combinaban adoquines blancos con otros oscuros más adherentes, para no dar con el coxis en el suelo los días lluviosos. Aléjate de las calles con adoquines blancos los días de lluvia, por Dios o por lo que más quieras. ¡Ay qué dolor! Más peligroso que echarse a una plaza sin capote a la hora de la verdad.

El día en que en Portugal estalle una Revolución, eso sí, los proyectiles idóneos en las calles ya los tienen bien tallaos y dispuestos todos, para que los piños de la madera bien merienden ese día.

 Llegada al hotel y la Odisea para entrar en él
No andaba muy equivocado en cuanto a mi temor por la Odisea que íbamos a pasar para efectuar con éxito la entrada en la habitación. Ante nosotros, ya había una pareja de ancianos del norte europeo viéndoselas y deseándoselas con la pantallita táctil del portal intentando acertar con la clave correcta y necesaria. Y así fue.

A la compa la habían facturado con el nombre de "Na Na", y a mí me habían cambiado el primer apellido por el segundo. Por suerte, había un teléfono de la esperanza al que aferrarse para resolver el problema, y después de media hora devanándonos los sesos, dimos con la llave. ¡Uff!

Ese día, poco tiempo hubo más que para comerse un durum en el bar de al lado, comprar algo en el colmado y planificar la ruta del siguiente día.

 Placentero despertar por cortesía de la Terminal
No hay nada como despertarse con el cálido sonido de esos pájaros de Ryan Air que transportaban cientos de tarjetas visa a lusitanas tierras. La trayectoria de la pista, tanto de idas como de vueltas, justo pasaba a unos cientos de metros sobre nuestras cabezas en Bairro do Rego. Pobres quienes hayan de soportar, a intervalos de media hora metronométrica, la musiquita de los...ones, 24/7, 365 días al año. Qué recuerdos me trajo de cuando, en el barrio, los veíamos pasar tan cerca, tan cerca que casi se les podía arrancar las pegatinas de un manotazo. Aun así, la diosa fortuna nos quiso compensar con ventanas de doble cristal y cámara de aire, que para eso somos pseudoguiris, ¡ostia ya!

 Take a walk on the guay side
A unos 5 kilómetros de allá se encontraba el puerto y, como habíamos llegado para ver ciudad y nos pillaba cuesta abajo, pasamos del metropolitano y decidimos rodar por calles secundarias, tal vez más tranquilas e interesantes que lo típico en cualquier gran capital europea, megapija y harto fea, evitando arterias principales y así escapar del estruendo automovilístico urbanita.

La diferencia es bestial de una calle a otra contigua y paralela, ya que la gran mayoría eran circuitos de motocross asfaltados, si así se lo puede llamar. Aconsejable llevar patucos de puro trekking para quien no disponga de seguro médico que cubra lesiones de tobillo laxo. A excepción, los edificios antiguos abandonados eran notables; casi una obra de arte abstracta. En uno de ellos, desde el mismo balcón del segundo piso, brotaba una joven y crecida higuera a la que no pude evitar hacerle una instantánea. E hilos de cables en otros, cual despeinada madeja esperando a que los servicios competentes la ovillaran. Por un momento creí ver una pareja de cizallas que habían anidado ahí y daban de comer a sus pequeños alicatuelos.

Aun así, conseguimos descansar oídos y pies, para lo que nos quedaba, camino de bajada hacia el Tajo.

Ya llegando al último tramo de la última y principal rambla que desembocaba en la inmensa plaza central a la vera del puerto, un pavo con cara de estraperlista nos ofreció, susurrando entre interrogantes, si queríamos algo de coca. A mí me extrañó porque no era Pascua y le dije que no. En fin, tampoco recuerdo ahora si la coca se come en Pascua, pero como allá había tiendas de pastelitos para dar y vender… pues no sé, tú. ¿Qué iba a ser? Igual las había pasado por Extremadura.

Inesperada visita a lo desconocido (música de De Tuailin Soun, maestro, por favor).

El caso es que aquella mañana-tarde casi nos pasamos más rato del palo "divagando ando" por la parada en la que sacar billete que visitando na. Eso sí, hicimos una de piernas por la joía plaza que, ¡Ay, mi má!, con tanto de aquí pa’ allá. ¡Santa María, José y olé! Lo mismo que unos niñochicos en un parque con único billete pa’ gastar, a punto de cerrar y cientos de atracciones, pero solo una a disfrutar. El tiempo pasaba volando. En un principio, queríamos acercarnos hasta la desembocadura del Tajo a probar las cosas típicas, pero los tranvías viejunos tardaban demasiao en llegar, iban repletos cual lata de sardinas, mucha cola y no atraía.

Cual pollos sin cabeza, se nos ocurrió pensar (si me lee esto la partener, me cruje en cero coma, por lo de "nos") en coger y mirar a ver si el ferry nos podía acercar.

— Tal vez cruce pallá y luego tire pacá y, casi directos, nos apeamos o saltamos antes de llegar al mar. Así que sacamos reglas, escuadras y cartabones, estudiamos las mil y una líneas y, casi al pito pito, jolgorito, cogimos la que creíamos más oportuna.

Muy curioso el interior de la embarcación. Más que un barco, parecía un superchumbo, como el avión. Se podía organizar una conferencia allá pa’ entretener al personal que no tuviese con quién hablar, de lo que fuera menos de física cuántica, porque el trayecto no duraba más de media hora, o proyectar un par de cortos en pantalla extragrande, como la de Vacaciones en el Bar. Aunque, por las pintas del resto de pasajeros, también parecía, con mucha imaginación, la sala de espera de urgencias de un hospital. Todos de allá y currelas.

Se pone en marcha y ya, al instante, comprobamos ciertamente que teníamos razón y que la cagamos hasta el colodrillo por la nula observación. Como que no, que ese no iba pallá porque, lo primero ya dicho, de aquellos usuarios no tenía ¡ni uno! pinta guiri de los "ir a visitar" y, lo segundo, que el trayecto o vector no era paralelo a los márgenes del río, oséase, longitudinal, sino transversal, como de lao a lao cruzar y ahí os quedáis, porque ya no hay vuelta atrás. De esto sí que a mí nadie me iba a enseñar, que pa’ eso fui un crack en las clases de Descriptiva cuando pintaba rayas violando abscisas. Quede claro y llano. Bueno —pensamos—, por lo menos algo nuevo veremos si no naufragamos. La aventura es la aventura y esta, nos guste o no, nos la tragamos. ¿Sí o no?

 Pos eso, que al final llegamos a puerto. A uno que parecía muerto
— ¿Sabes a qué me recuerda? A mi barrio en domingo. Me sentía como en casa, pero en portugueiro. La mar de contento.
— ¿Y a qué hora y hacia dónde vuelve a zarpar esto? —preguntamos al de la cabina.
— A tal hora y pa’ Lisboa —responde.
— ¡La rrreconcha la lora!
— No importa. Busquemos algo pa’ comer o aquí empanaos se nos pasa el tiempo y ni comemos, ni cenamos y en los asientos de la drasana nocturnamos.

 Échale a andar y sí, había vida, allá a lo lejos. Divisamos unos cuantos bares o pastelerías, pero o alguno, por lo caro, no convencía, o ninguno de los que quedaban abiertos servía porque habían chapao la cocina.

— Bueno, no nos pongamos nerviosos, tú, aunque siempre nos pase lo mismo. ¿Qué le vamos a hacer? Es nuestra cruz. Lo que es yo, tampoco es que tenga mucha hambre después del café de las diez, pero algo habrá que comer si queremos volver a pie.
— Pues caminemos mirando en el Gúgul Maps a ver qué hay por aquí y hagamos ruta hasta la hora de la cena, que algo abrirá.

Y caminando, caminando, cruzando un puente sobre unas vías de tren, empezamos a ver una serie de murales y grafitis en las paredes de algunas naves industriales, por cierto, bastante originales. Uno de ellos era una patera graaande, grande, dibujada con aparejos de pesca y algunas tablas de barcas viejas. En puro relieve. En otra fachada de nave, un par de medusas gigantescas con cabos y cabos reciclaos representando tentáculos, picotazos o cnidoblastos.

También dimos con la terraza de un bar muy curiosa. Cada una de las mesas (6 o 7 en línea), con sus correspondientes sillas, estaba cubierta por una robusta carpa tipo iglú, hecha de tubos, de aluminio posiblemente, que se ensamblaban entre sí a modo de estructura, formando triángulos isósceles. A su vez, estaba cubierta con una membrana transparente de plástico para evitar los fuertes vientos y no perderse las hermosas vistas de la ría, en ese momento en marea baja. ¡Incluso había un molino por allá, de los antiguos, sin funcionar pero a plena vista!

— Oye, qué interesante. Nunca había visto esto en ninguna parte. Tengo sed.

Y continuamos la búsqueda. Total, que navegando, navegando por una calle a barlovento, cómo no, dimos con uno de esos kebabs que no cierran nunca jamás, ni pa’ ir a cagar, y aprovechamos pa’ pedir y ver no sé qué partido de la Urocopa o Mundial. Qué más da. Lo importante era jalar, solo jalar, ná más que jalar y luego, por supuesto, aliviar.
 De Belém a Chiado y el pastel trempado
A la mañana siguiente, nos levantamos biiien frescos y mejor lubricados. Como una rosca. Esta sí que la íbamos a conseguir, costase lo que costase, aunque tuviéramos que pillar un taxi. Así que nos dispusimos a coger el suburbano para volver a la plaza y nos fijamos en un pequeño detalle del que no nos habíamos percatado. Las agarraderas del techo en los vagones tenían una forma curiosa, muy extraña. Tal vez el encargado de su diseño tuviese lejana relación con algún verdugo de tiempos pasados porque realmente parecían sogas listas para enviar un sutil mensaje a trabajadores rebeldes, ya de por sí, históricamente maltratados.

Una vez en el puerto, desistimos una vez más de coger los antiguos tranvías, puesto que pasaban autobuses que hacían el mismo servicio pero con mayor espacio dentro y no tan saturados. Con verlos de cerca ya habíamos cumplido y no merecían tanto desvelo.

Por fin llegamos a Belém y paseamos el resto de la mañana por los alrededores del Padrão dos Descobrimentos y el Centro Cultural de Belém, hasta que empezaron a sonar las tripas. Por suerte, ese día encontramos un lugar donde al final pude probar el famoso bacalao que por allá es plato típico, muy sabroso y apreciado. Además, el buen atino del maestro cocinero quiso que como guarnición vegetal, en lugar de patatas fritas, el filete fuera acompañado verduras al vapor, entre las que se encontraba una de las que tenía entendido que a ciertos paladares hacía huir: el odiado por muchos y de supuesta mala reputación, Mr. Brócoli. A pesar de no haberlo probado en toda mi vida, logró cautivar mis sentidos ópticos de tal manera, por tan atractiva combinación de colores blanco y verde hipnotizantemente brillantes que, sin dudarlo, preferí probar. Y no fue para menos, porque me dejó alucinado y me supo a poco de lo rico que estaba. Nada que ver con la textura únicamente pálida, blanquecina y demasiado tierna, a mi parecer, que adquieren cuando se hierven.

Una vez despachados y con el estómago bien aprovisionado, decidimos acercarnos a la emblemática torre medieval defensiva de Belém, situada en la misma la orilla arenosa del Tajo. Esa tarde, la marea quiso dejarnos al descubierto la totalidad del Monumento hasta los cimientos. La mayor parte del puerto, excepto por ese lugar, estaba protegido por muros de contención de piedras talladas en peligrosa pendiente, para quien pudiera, ante la falta de atención o descuido, resbalar y caer hacia el "mar". No conozco su historia, aunque se deduce perfectamente, por su descripción, cuál era su función y para lo que fue construida. Desde la zona del Padrão partieron las primeras naos portuguesas en siglos pasados aventurándose a descubrir nuevas tierras al otro lao del Charco, para desgracia de exterminados.

Se puede acceder a la presentación de todas las fotografías e imágenes de las entradas pinchando en cualquiera de ellas o navegándolas con la rueda del ratón o las flechas del teclado. 
Para finalizar, cerrar la nueva ventana superpuesta haciendo clic en la o en cualquier zona sin imagen.
(En la versión para móviles se ampliarán individualmente haciendo clic en cada imagen o miniatura)

Aquella tarde, la luz de aquel cielo gris medio encapotado le daba un tono a la torre siniestramente encantador. Una verdadera joya de la arquitectura, con una tarima de madera por la que se podía llegar hasta lo que parecía su puerta principal. Muy cerca de la construcción, unos cañones en los jardines contiguos, ignoro la época, pero parecían más propios de principios del siglo XX, avizoraban otra obra de bronce, a tamaño natural, del famoso Hidroavión Lusitania - Monumento a Gago Coutinho y a Sacadura Cabral, el cual perteneció a un grupo de tres aparatos, del que fue el principal y con los que se consiguió la primera travesía del Atlántico Sur hasta Brasil, en un recorrido de "8.383 kilómetros en 79 días (62 horas y 26 minutos de vuelo efectivo)".

Poco más dio esa tarde por hacer, más que caminar hacia la parada del bus de regreso, atravesando el Jardim Vasco de Gama, hasta ir a tomar un café al lado del museo de Cordoaria Nacional.

A pie, de nuevo, ya en la mega plaza del puerto, con algo de llovizna traicionera (que cuente quien le haya echado mandarinas a caminar tan alegremente por aquellas pendientes con calzado de goma), y subiendo la ramblita de los pasteles para echarnos la última pateadita del día hacia el barrio de Chiado, parece ser que a aquel ventambulador del que ya hablé anteriormente, o lo habían finiquitado por baja productividad o es que entre ellos tenían un acuerdo de no intromisión por competencia desleal, porque se nos cruzó otro distinto. Ignoro si de la misma empresa, pero este en lugar de coca nos ofreció chocolate. Aún no entiendo por qué hablaban tan bajito. Me recordó a aquel título de una película del Robe Retfor en versión portuguesa ("El Hombre que susurraba a los Turistas"). Será que no dispondrían de carné de Manipulador de Alimentos, de permiso de trabajo, de contrato, o qué sé yo. En fin. Otro al que le dije que no.

Mientras aún quedaba hilo de luz diurna, aprovechamos para acercarnos a ver aquella famosa estatua del famoso escritor sentado, y seguidamente tiramos como las cabras, todo para arriba y a la aventura, entre tanto jaleo de tráfico peatonal, hasta que decidimos bajar por otra calle con otra pendiente de eslalom gigante que te cagas, pero casi nada transitada. Por algo sería. Imagínense. Sanos y salvos, pasada la prueba reina, entre varios giros de esquina, dimos casi de bruces con un llamativo rótulo con letras de neón, color fresón, cuya exposición de escaparate me dejó algo perplejo, porque en principio pensé que sería uno de esos lugares donde la gente va a ventilar las ingles de rancias sobrecargas a altas horas de la madrugada. Pero en cuanto nos fijamos bien, no tenía pinta de serlo. Y allí, expuesto, había un cipotón de kilo, chorreando lo típico por su ladera sur. Atípica pastelería donde se encargaban esa clase de formas bizcochales para regalo de glotones/as especiales. Si aún hubieran colocado alguna otra variedad, igual me lo pienso para regalármela. Pero no, aquella era la única obra maestra expuesta y tampoco entramos a ver nada más porque no había necesidad. El cansancio pesaba más que las ganas de descubrir más. Sin saberlo, aún nos faltaba la última pantalla.

Aquella última noche en el apartamento, puedo asegurar que fue de lo más bestial e inolvidable que jamás viví. Un sin dios de campeonato. Uff. Que si ahora tú, que si luego yo. Que si no, no, que me toca a mí y más tarde a ti. Probemos acá y luego aquí. Que si no por ahí. Y yo que sí. Uno y otro más, 3+1 sin cesar. De todas las maneras habidas y por haber lo hicimos durante ¡casi tres horas consecutivas!, sin apenas pausa ni demora. No más que una durante diez o quince minutos pausamos a devorar buen trozo de embutido, a recuperar aliento y fuerzas. Pese a todo, mereció la pena el esfuerzo, para la edad que tenemos, porque la explosión de satisfacción a través de la chimenea del volcán...(cof, cof, argff...aahjú, atchís..ahjú)

(Con permiso...un segundo. Me urge respirar)

...no se hizo derrogar. En cuanto ella cayó completamente rendida, llegó sin avisar debido a que al parecerme esfuerzo insuficiente, le apliqué mayor tesón y candela durante media hora más, quemando del todo las proteínas porporcionadas por el salchichón. Quise profundizar tanto o más para caer como lirón en almohadón. Y después de agotar las últimas energías llegó el momento de la apoteosis final: 

— Ya, yaaa, ya. Uh, ah, oh, aaah.

Con pleno chorreón de alegría y emoción, la mar de contento estaba. 
Y para que fuese testigo, no pude evitar desvelarla.

— ¡Por fin, Di, que sí! ¡LOGRÉ HACER EL CHECK-IN!!! ...de los billetes de vuelta en avión, claro está ■

 ¿Qué estabais pensando, pilluel@s? Ntch. 
 Como buen caballero que soy, esas otras cosillas me las reservo.